La familia Bouzada viene recorriendo un camino de integración que la llevó desde la producción agropecuaria hasta la industria porcina, y que ahora tiene un nuevo objetivo: sumar escala, ampliar su capacidad de procesamiento y avanzar hacia una faena propia.

Detrás de esa estrategia está San Fernando, una empresa familiar que hace unos 15 años comenzó con 250 madres, pasó a 500 y hoy cuenta con 1.500 en producción, con una nueva ampliación proyectada para llegar a 2.000. En ese proceso nació Pondesur, un frigorífico de ciclo 2 y 3 ubicado en el parque industrial de Seguí, Entre Ríos.

El proyecto surgió de una asociación entre la familia Bouzada y dos cooperativas entrerrianas: Coopar, de Aranguren, y la Cooperativa de Seguí. San Fernando tiene el 66% de las acciones y cada cooperativa, el 17%. “La visión era llegar con una marca propia a la góndola, no solamente quedarnos en la pata productiva de producir capones en pie, sino meterlo en la fase industrial”, explicó Sebastián Bouzada, presidente de Pondesur y director de San Fernando, a Bichos de Campo.

Pondesur comercializa carne y chacinados, tiene locales propios y concentra sus ventas principalmente en el canal mayorista. Actualmente desposta unos 650 capones por semana y emplea, entre la industria, los locales, el transporte y la estructura comercial, a más de 50 personas. Parte de los animales proviene de San Fernando y de Reynafé, otra empresa integrada al esquema productivo.

Ahora el frigorífico quedó chico. La empresa proyecta ampliar la capacidad de frío mediante nuevos túneles de congelado y depósitos. Pero el objetivo más ambicioso es construir una planta de faena propia. El costo de contratar ese servicio pasó de representar el 3% de los costos hace cuatro años a cerca del 7% actualmente. “Ahí antes no veíamos un riesgo y hoy lo empezamos a ver”, señaló Bouzada.

La intención es construir una planta nueva, aunque para que el proyecto sea viable necesitan sumar productores, empresas e industriales. “Una faena tiene que tener mínimamente 500 animales por día. Eso implica que son proyectos más complejos, porque tengo que salir a buscar otras empresas, otros productores, otros industriales que tengan la misma visión”, explicó.

La escala aparece como una condición central de la estrategia. En un radio de unos 100 kilómetros se concentran las granjas de San Fernando y Reynafé, los frigoríficos que prestan el servicio de faena y Pondesur. “Acá se armó un clúster”, resumió Bouzada. La cercanía también permite reducir costos logísticos y avanzar en una mayor integración de la cadena.

Mientras invierte en sus propias granjas, San Fernando también busca incorporar a productores que abandonaron la cría pero conservan instalaciones. En uno de esos casos reconvirtió una granja que tenía 100 madres en un sitio 3: el productor aporta las instalaciones y parte de la alimentación, mientras San Fernando entrega los lechones y conserva la propiedad de los animales hasta su terminación.

Pero el crecimiento del negocio, para el empresario, no puede depender exclusivamente del mercado interno. “La clave está en exportar y escalar”, plantea. El consumo argentino de cerdo ya ronda los 19 o 20 kilos por habitante y considera que puede llegar relativamente rápido a 25 kilos, pero advierte que la producción necesita una salida externa.

San Fernando, Pormag y otras diez empresas llegaron a formar un consorcio y enviaron algunos contenedores al exterior, aunque la experiencia se discontinuó porque dejó de ser rentable. Bouzada sostiene que hay que volver a intentarlo y toma como referencia a la avicultura, que coloca una parte de su producción afuera y utiliza ese mercado para equilibrar la oferta interna.

La exportación también aparece, según su visión, como una respuesta al ingreso de carne porcina importada, principalmente desde Brasil. “Lo único que tengo que hacer es exportar más de lo que ingresa y que esa balanza comercial sea positiva. No hay otra forma de pararlo”, afirmó.

Bouzada señaló que, mientras en Brasil el capón en pie ronda los 90 centavos de dólar por kilo, en Argentina llega a 1,50 dólares. A eso suma costos impositivos, laborales y financieros. Por eso reclama condiciones que permitan seguir invirtiendo: “Argentina, comparada con Brasil, en cualquier cosa es muy chiquita. Entonces el negocio de ir a cosas que impliquen generar o tener un volumen grande, para mí, es clave”.

La estrategia de San Fernando y Pondesur queda así planteada en tres frentes: crecer en producción, profundizar la integración industrial y conseguir escala para competir tanto en el mercado interno como en el exterior. Para Bouzada, el futuro del negocio porcino argentino pasa necesariamente por ese último salto: producir más, industrializar mejor y encontrar mercados fuera del país.