Quejas vecinales a un lado, una economía portentosa por otro; atascos y contaminación ambiental registrada, 600.000 fans ilusionados que llevaban meses esperando ver a la diva. Cuarenta hectáreas, doce noches y un mismo estadio y un montón de historias distintas. Getafe Norte ya enumera accesos cortados, autobuses desviados y decibelios por encima del límite legal desde 2023. Madrid presume de hasta 340 millones de euros de impacto y 11.000 empleos directos. Los conciertos de Shakira están partiendo en dos la ciudad y, entre las mediciones acústicas, muchos ciudadanos que no quieren saber nada se preguntan por qué tienen que pagar ellos por este despliegue.
Un estadio en modo pop-up. Hagamos recuento de los hechos. El recinto se llama Iberdrola Music, ocupa 185.000 metros cuadrados entre Villaverde y Getafe, y se presentó como el mayor espacio de música y entretenimiento de Europa. Empezó a funcionar en 2023 para acoger el Mad Cool y desde entonces encadena macroeventos. Para Shakira se espera una asistencia de hasta 60.000 personas por noche, con un público mayoritariamente español (81%) y un 19% de extranjeros, franceses, alemanes, británicos e italianos en su mayoría, según la propia promotora.
Un barrio, dos relojes. Cada noche de concierto, la glorieta bajo la M-45 que une Villaverde Alto y Getafe se convierte en un cuello de botella. Jesús García, presidente de la Asociación de Vecinos de Getafe Norte, lo resume así: "Estaríamos bloqueados y prácticamente secuestrados" en el barrio. El dispositivo cierra el acceso desde Getafe a la M-45 Este y la conexión con la avenida Real de Pinto, y modifica la línea de autobús 448 para esquivar la zona norte. Se habla hasta de desvíos para llegar al polígono de Marconi, en Villaverde Alto. En eventos anteriores, algunos vecinos tardaron más de noventa minutos en volver a casa. García añade un matiz que suele perderse en la cuenta de la taquilla: una ambulancia tampoco entraría más rápido esas noches.
Vibraciones antes del primer acorde. Los ensayos ya generaban ruidos y vibraciones perceptibles en las viviendas cercanas, según la asociación vecinal. La plataforma Stop Festivales Villaverde, que agrupa a la Colonia Marconi y a colectivos de Getafe, va más allá: estudia una denuncia ante la Fiscalía contra el propietario del terreno y el Ayuntamiento de Madrid, y ha recogido firmas contra los macrofestivales cerca de viviendas. Getafe lleva documentando este problema desde 2023: en julio de 2024 se registraron dieciséis mediciones acústicas por encima del límite legal de 55-58 decibelios.
Drama en Macondo Park. Los propios fans tampoco eluden las quejas: un único acceso para todas las entradas salvo VIP, sin apenas señalización, provocó colas que varias asistentes describieron como caóticas. Tampoco hay revisión de bolsos, algo que algunas usuarias señalan como un fallo de seguridad más que como una ventaja. Dentro, las gradas apenas tienen desnivel entre escalones, así que quien mida menos de metro sesenta hará bien en llevar tacón. Y el remate llega al salir: hasta dos horas para volver a casa, sin cobertura móvil para localizar la estación más cercana, colas de 40 minutos para comida y otras 40 para bebida, y la recomendación, ya viral, de llegar cinco horas antes del concierto si se quiere ver Macondo Park completo.
Una cuestión política. El delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, pidió trasladar los conciertos porque el recinto "sigue sin tener las condiciones necesarias", y acusó a la Comunidad y al Ayuntamiento de Madrid de actuar con desidia. El delegado madrileño de Urbanismo, Borja Carabante, respondió acusándole de "intentar boicotear" la ciudad, y recordó que al otro lado de la M-45 Getafe también celebra sus propios eventos. La alcaldesa de Getafe, la socialista Sara Hernández, defiende el descanso de sus 32.000 vecinos y asegura haber recibido insultos y amenazas en redes por oponerse al dispositivo. Según su ayuntamiento, muchos residentes acumulan días de teletrabajo o se marchan de casa las noches de concierto para esquivar el ruido.



