
Los directores del documental 'Cuelgamuros: entre lo difícil y lo imposible', Belén Alonso y Manuel Diéguez, han defendido que el equipo contó con todos los permisos necesarios para rodar en el interior de las criptas del antiguo Valle de los Caídos y admiten su sorpresa por la queja de los monjes de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, que aseguraron el pasado 11 de septiembre que "en ningún momento" autorizaron el acceso a equipos audiovisuales.
"Nosotros no necesitamos el permiso de los benedictinos, que no controlan el laboratorio ni las criptas. Es de Patrimonio Nacional. Como se ve en el documental, no hemos encontrado con cámaras ocultas. Hemos estado allí 15 días con todos los permisos que nos ha dado Patrimonio Nacional", ha defendido Belén Alonso en una entrevista con Europa Press, minutos antes del estreno del documental en el Festival de San Sebastián.
La comunidad benedictina de la Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos afirmó hace unos días que "en ningún momento" había autorizado el acceso de equipos audiovisuales a la Basílica "con la finalidad de filmar el interior de las criptas", ni había prestado su consentimiento para la grabación y posterior exhibición pública de las imágenes obtenidas allí, salvo las correspondientes a la Santa Misa y la Escolanía. Los monjes reclamaron que se preservara "la dignidad de todos los fallecidos" y se evitara la exhibición pública de sus restos.
Al respecto, los directores afirman que los benedictinos han intentado "frenar" el estreno del documental y admiten su sorpresa ante este hecho, al mismo tiempo que desvelan que los propios monjes "no pueden entrar en el laboratorio". "Nos han sorprendido sus palabras porque en ningún momento nos dijeron nada. Era obvio lo que estábamos haciendo", argumenta Belén Alonso, que recuerda que les pidió participar en la producción que iban a hacer sobre el trabajo forense.
"Parece ser que hay familias nerviosas de la parte crítica que no quieren esto, porque creen que se pueden sentir ofendidos. Que estén tranquilos porque de verdad no sale ningún plano que puedas asociar a algún familiar. Todo lo que sale es de 214 personas que sus familiares quieren sacar de allí para poder llevarles flores a un cementerio más cercano", manifiesta Belén Alonso, que recalca que "se ha hecho con el máximo respeto".
Pese a la polémica con los monjes, los realizadores aseguran que el trato recibido por los benedictinos durante el rodaje fue "exquisito" y que la comunidad les facilitó el acceso a diferentes espacios del conjunto monumental, incluso a zonas que no están abiertas al público. "Nos han ayudado en todo ahí dentro, nos han movido, nos han incluso dado acceso a zonas que no están abiertas al público en general. Estamos muy contentos por su trato", ha explicado Diéguez, quien ha añadido que también les permitieron grabar un Domingo de Ramos, la Escolanía y otros espacios vinculados a la comunidad.
En todo caso, precisan que no tuvieron acceso total a las criptas, sino únicamente a determinadas zonas en las que trabajan los equipos forenses. "No hemos podido acceder a todos lados", han precisado, antes de señalar que eran los propios especialistas quienes marcaban qué podía ser grabado y qué no.
En este sentido, han defendido que el documental evita cualquier tratamiento morboso de los restos humanos y que las imágenes se han realizado desde el "máximo respeto". "Los forenses fueron los primeros que nos dejaron muy claro que nada que no fuese requerido por las familias podía salir al laboratorio. Desde que entras allí, los forenses te contagian su respeto", han revelado.
"UNA SENSACIÓN DE SHOCK"
El documental muestra por primera vez imágenes del interior de las criptas y del trabajo forense que se realiza en ellas. Sus responsables sostienen que desde unas fotografías en blanco y negro tomadas en 1959 ningún medio de comunicación había podido acceder al interior para documentar su estado.
La primera entrada en las criptas, según explican, estuvo marcada por el contraste entre el espacio visitable del recinto y el lugar en el que se encuentran los restos. "Las sensaciones son de silencio absoluto y una sensación también un poco de opresión", relata Diéguez, en referencia a la atmósfera de las criptas, sus recovecos y el goteo de agua procedente de la montaña. "La primera es un poco también de shock, que te quedas un poco en una distopía entre lo que has visto al principio", añade.
Los directores reivindican que el documental no busca explotar el morbo de entrar en un espacio con miles de restos humanos, sino mostrar el trabajo forense y, sobre todo, las historias que se esconden detrás de esos restos. "Hay huesos, obviamente, porque estamos narrando todo el proceso forense, pero hay vida", explican, en referencia tanto a los profesionales que trabajan en las criptas como a las propias víctimas.
Según detallan, el equipo estuvo "empotrado" con los forenses, que fueron quienes marcaron en todo momento por dónde podían moverse. "Solo hemos documentado lo que se pueda documentar", apuntan los directores.
DEL HUESO A LA HISTORIA
Uno de los aspectos que más ha sorprendido al equipo durante la investigación ha sido la posibilidad de reconstruir parte de la vida de las personas enterradas a partir de los objetos encontrados junto a sus restos.
Los forenses llegaron a identificar números, papeles y diferentes objetos que, pese al paso de las décadas, se conservan en algunos casos en un estado que permite estudiarlos. "A todos nosotros como equipo nos ha sorprendido. Con una serie de ópticas especiales hemos conseguido poder documentar esos objetos, y analizar las historias detrás de ellos", explica Belén Alonso, que relata que se han descubiertos restos de agricultores o religiosos.
El documental aborda la vida que existe detrás de las cifras. Los directores recuerdan que en Cuelgamuros hay alrededor de 33.800 personas, muchas de ellas combatientes, y que una parte importante tenía entre 19 y 31 años. Asimismo, recoge distintas posiciones en torno a las exhumaciones y al futuro del recinto, incluida la de quienes se oponen a estos trabajos.
Los directores defienden que, como producción de RTVE, han intentado "abrir el foco" y mostrar las diferentes posturas para que sea el espectador quien extraiga sus propias conclusiones. La única voz que, según explican, no aparece en el documental es la de los benedictinos, que declinaron pronunciarse sobre la cuestión. "Dicen que digan lo que digan alguien se lo va a sacar de contexto y alguien les criticaría, pero sí querían que sacaramos el lugar para que se viese que es un espacio para las misas y el culto", ha señalado Alonso.
MAYORÍA DE PETICIONES DEL BANDO FRANQUISTA
Los directores consideran que uno de los objetivos de la película es precisamente alejarse de las imágenes preconcebidas sobre Cuelgamuros y mostrar la complejidad de las historias que hay detrás del recinto. "Este documental está para romper el cliché que se hace la gente de lo que es Cuelgamuros", defienden.
En este sentido, llaman la atención sobre el hecho de que, según los datos que manejan, entre las peticiones de exhumación existe una mayoría correspondiente a personas del bando franquista, y no únicamente a republicanos.
La película incorpora la figura del presidente de la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos, Pablo Linares, que se opone a estos trabajos, y que acusa de "profanar" el lugar a quienes intervienen en él. Alonso y Diéguez evitan posicionarse sobre estas acusaciones y defienden que sea el espectador quien saque sus propias conclusiones. "Nosotros no estamos aquí para opinar ni para qué pensamos nosotros. No creemos que sea lo que importa", explican.



