El descubrimiento de Leopardus tilcayo abrió la hipótesis de que este gato tigre podría habitar también en Jujuy y otras Yungas de la Argentina. (Fernando Faciole/National Geographic/Handout via REUTERS)

Un cachorro de aspecto inusual pasó más de un año en una casa rural de Bolivia. Comía huevos y pastas, perseguía gallinas y maullaba de una manera que no parecía propia de un gato doméstico. Cuando llegó a un santuario de fauna, una bióloga advirtió que había algo que no terminaba de encajar. Años más tarde, el análisis de su ADN reveló una especie de felino silvestre hasta entonces desconocida para la ciencia, a la que los investigadores llamaron Leopardus tilcayo.

El descubrimiento, publicado este jueves en la revista científica Current Biology, no solo incorporó una nueva rama al árbol evolutivo de los felinos sudamericanos. También abrió una pregunta que alcanza a la Argentina: si este pequeño gato tigre vive en las Yungas de Bolivia, ¿podría habitar también en Jujuy y otras áreas de las Yungas australes?

La respuesta todavía es materia de investigación. Pero el biólogo evolutivo belga Jonas Lescroart, uno de los principales investigadores del trabajo, explicó a Infobae que la presencia de gatos tigre en el noroeste argentino está comprobada y que esa población aún no fue sometida al análisis genético que permitiría establecer su identidad.

Vistas lateral y dorsal de un macho (arriba) y una hembra (abajo) de Leopardus tilcayo, la nueva especie de gato tigre identificada en los Yungas de Bolivia. Las flechas señalan características físicas utilizadas para describirla. (Lescroart et al. / Current Biology / Cell Press.)

“Sabemos que hay gatos tigre en las Yungas australes de Argentina y, por el momento, no hemos tomado muestras de esa región. ¿Son también tilcayos o algo diferente? Son preguntas abiertas”, afirmó el investigador de la Universidad de Amberes.

Un cachorro hallado cerca de un bosque puso en marcha la investigación

La historia comenzó en 2017, cuando un hombre encontró una cría cerca de un bosque de las Yungas de Bolivia. Pensó que era un gato doméstico y lo llevó a su casa. El animal creció en contacto con personas, pero sus conductas empezaron a despertar dudas: además de cazar aves de corral, emitía vocalizaciones distintas de las de un felino doméstico.

Vista ventral del holotipo de Leopardus tilcayo, la nueva especie de gato tigre descripta en Bolivia. El recuadro destaca un pezón del lado izquierdo; el ejemplar presentó un único par. (Lescroart et al. / Current Biology / Cell Press.)

Después de más de un año, el ejemplar fue entregado al Santuario de Vida Silvestre Senda Verde, donde lo examinó la bióloga boliviana Paola Nogales-Ascarrunz, fundadora del Programa de Investigación de Félidos Bolivia. El animal tenía una cara pequeña, orejas cortas y redondeadas, bigotes largos y grandes rosetas en el pelaje. A primera vista, parecía un gato tigre, un conjunto de especies de pequeño tamaño que habita distintas zonas de América del Sur.

El primer diagnóstico apuntaba a Leopardus tigrinus, conocido según la región como tigrino, oncilla o tigrillo. Sin embargo, fueron encontrando diferencias al comparar sus fotografías con registros de otros ejemplares. La forma y el tamaño de las manchas abrían una duda, aunque el aspecto externo no alcanzaba para resolverla.

La conservación de Leopardus tilcayo depende de conocer su distribución, su población y las amenazas que enfrenta en las Yungas bolivianas. (Fernando Faciole/National Geographic/Handout via REUTERS)

El gato tigre es un grupo difícil de clasificar porque sus especies pueden parecerse entre sí. Esa semejanza explica por qué, durante décadas, poblaciones separadas por miles de kilómetros fueron incluidas bajo los mismos nombres científicos. La secuenciación genética permitió revisar esas fronteras.

—¿Qué encontró el ADN para separar al tilcayo de otros gatos tigre?

—Para definir si se trata de una especie, buscamos dos cosas en los datos genómicos: que los individuos de la misma unidad se agrupen siempre, es decir, que sean más parecidos entre ellos que a los de otras especies, y que esa unidad haya estado genéticamente aislada durante un tiempo considerable. En el caso del tilcayo, los dos individuos de las Yungas bolivianas siempre formaron un grupo propio, con un aislamiento estimado de 1,4 millones de años.

El estudio genómico mostró que los ejemplares de Leopardus tilcayo formaron un grupo propio y atravesaron 1,4 millones de años de aislamiento genético. (EFE)

El equipo comparó genomas completos de 38 individuos del género Leopardus. El resultado mostró que los dos gatos tigre procedentes de las Yungas bolivianas se agrupaban entre sí y fuera de Leopardus tigrinus. La estimación indicó que ese linaje atravesó cerca de 1,4 millones de años de aislamiento genético.

Esa distancia evolutiva llevó a los especialistas a describir formalmente a Leopardus tilcayo. El nombre recupera la palabra con la que comunidades locales de las Yungas identifican a este animal. Hasta la publicación del estudio, esa denominación se interpretaba como una forma local de llamar a un gato tigre ya conocido.

“Los gatos tigre se parecen mucho entre sí. Por eso se suponía que los de las Yungas bolivianas eran la misma especie que los mejor estudiados de Brasil o Colombia”, señaló Lescroart a Infobae. “Mostramos, de manera inesperada, que ese gato no forma parte de L. tigrinus, sino que es una unidad distinta”, agregó.

El estudio reorganizó el grupo de los pequeños felinos manchados

La investigación concluyó que, en Sudamérica, existen al menos cinco especies de gatos tigre: Leopardus tigrinus, Leopardus guttulus, Leopardus emiliae, Leopardus pardinoides y Leopardus tilcayo. Además, los científicos describieron una nueva subespecie de Perú, Leopardus tigrinus antisuyo.

Vista lateral de la cabeza del holotipo de Leopardus tilcayo. La flecha señala las franjas genales, un patrón de pelaje ubicado en las mejillas del felino. (Lescroart et al. / Current Biology / Cell Press.)

El cambio es relevante para la conservación. Durante años, una distribución extensa podía dar la impresión de que un mismo felino estaba presente desde América Central hasta el sur de Brasil. Sin embargo, si esas poblaciones pertenecen a especies distintas, cada una debe ser evaluada de acuerdo con su propio territorio, número de ejemplares y amenazas.

En el caso del tilcayo, todavía se desconocen datos básicos: cuántos individuos quedan en libertad, qué superficie ocupa su población, cuáles son sus presas, cómo se reproduce y qué tipo de hábitat utiliza. Los registros disponibles se concentran en la ecorregión boliviana de las Yungas, sobre la ladera oriental de los Andes.

El ejemplar que vivió con la familia no podrá volver a la vida silvestre debido a la impronta humana que adquirió durante su crianza y a problemas vinculados con su alimentación inicial. Aun así, su historia permitió iniciar un trabajo que ahora busca más registros de animales en libertad mediante cámaras trampa y muestras biológicas.

Los museos cubrieron el vacío genético de las Guayanas

Una parte decisiva de la investigación se desarrolló lejos del monte boliviano. Para entender dónde terminaba Leopardus tigrinus y dónde comenzaban otros linajes, los científicos necesitaban datos de las Guayanas, la región donde la especie original fue descripta en 1775.

Primer plano frontal de un macho (izquierda) y una hembra (derecha) de Leopardus tilcayo. Las imágenes permiten observar las franjas en la frente y las variaciones de color en la rinaria —la zona sin pelo de la nariz—, que puede ser negra o rosada. (Lescroart et al. / Current Biology / Cell Press.)

El problema era que el equipo no logró conseguir muestras frescas de gatos tigre de esa zona, como sangre o tejidos obtenidos de animales vivos. Las cámaras de campo confirmaban que esos felinos estaban allí, pero no ofrecían el ADN necesario para la comparación.

¿Cómo ayudaron los ejemplares preservados en museos?

—Como no logramos obtener muestras recientes de gatos tigre en las Guayanas, recurrimos a pequeños fragmentos de hueso y piel de animales recolectados en la década de 1960 en el este de Venezuela, Guyana y Surinam. Las piezas estaban conservadas en museos de Estados Unidos y los Países Bajos. A partir de esos materiales obtuvimos secuencias genómicas de calidad.

La disciplina que permite recuperar y analizar ADN de especímenes de colecciones científicas se conoce como museómica. En este caso, sirvió para llenar una ausencia decisiva en el muestreo geográfico.

“Necesitábamos incluir ADN de gatos tigre de las Guayanas porque allí se descubrió la primera especie del grupo”, explicó Lescroart. “Como no teníamos muestras recientes, acudimos a ejemplares de museo. Eso nos permitió completar el panorama”.

El análisis de esos fragmentos permitió comparar las poblaciones de las Guayanas con las de Colombia, Venezuela, Costa Rica, Brasil, Perú y Bolivia. Así se pudo establecer qué animales correspondían a la especie originalmente descripta y cuáles habían seguido trayectorias evolutivas diferentes.

La posibilidad de hallar tilcayos en Jujuy sigue abierta

La cercanía geográfica entre las Yungas bolivianas y las Yungas australes plantea una hipótesis concreta para la Argentina. Ese corredor de selvas de montaña atraviesa el sur de Bolivia y continúa en el noroeste argentino, especialmente en Jujuy, Salta, Tucumán y Catamarca.

Vistas ventral (izquierda) y dorsal (derecha) de la cola de Leopardus tilcayo. La flecha amarilla señala la punta clara, una de las características del patrón de pelaje descripto para la especie. (Lescroart et al. / Current Biology / Cell Press.)

Sin embargo, Lescroart subrayó que no hay confirmación de que los gatos tigre argentinos sean tilcayos. La morfología, es decir, la comparación de rasgos físicos, puede orientar una búsqueda. También pueden aportar datos los estudios ecológicos, como la altura en la que viven los animales, el tipo de vegetación que usan o las presas que consumen. Pero ninguna de esas herramientas reemplaza a la genética.

—¿Qué haría falta para confirmar la presencia del tilcayo en la Argentina?

—Muestras genéticas de los gatos tigre que viven en las Yungas australes. El trabajo morfológico y ecológico puede dar pistas, pero la prueba más concluyente vendría de una identificación genética.

La tarea implica conseguir muestras de animales vivos, pelos, heces u otros rastros biológicos que permitan extraer ADN y compararlo con el perfil genómico de Leopardus tilcayo. También serán necesarios registros de cámaras trampa y relevamientos de campo que ayuden a delimitar las áreas donde podría aparecer.

Para los investigadores, estimar la cantidad de individuos silvestres es una prioridad. Esa respuesta depende de conocer su distribución, su densidad —cuántos animales hay por kilómetro cuadrado— y los ambientes que ocupa. Sin esos datos, será difícil definir el nivel de riesgo de la población y las medidas de protección que requiere.

En las Yungas bolivianas, la deforestación, las quemas para actividades productivas, la minería de oro y los conflictos por ataques a aves de corral forman parte de las presiones que enfrenta el ambiente. En la Argentina, identificar con precisión a los gatos tigre de las Yungas permitiría saber si el mapa de conservación debe incorporar una especie que pasó inadvertida durante siglos.