La primavera cambia por completo el ritmo del jardín. Aparecen nuevos brotes, las plantas vuelven a crecer con fuerza y muchas especies empiezan a prepararse para su período de mayor floración.
Entre las mejores opciones para aprovechar esta época se encuentran varias plantas anuales y bianuales, capaces de completar su ciclo en una o dos temporadas y producir semillas que luego pueden volver a utilizarse.
La primera es la scabiosa (Scabiosa atropurpurea), una especie rústica que produce pequeñas flores redondeadas semejantes a pompones.
Puede encontrarse en tonos lilas, blancos, rosados y violetas y tiene una ventaja interesante: suele resembrarse con facilidad cuando encuentra condiciones adecuadas. También resulta muy atractiva como flor de corte para utilizar en pequeños ramos.

Otra opción es la nicotiana (Nicotiana alata), especialmente elegida por su perfume.
Sus flores tienen forma tubular y terminan en una especie de estrella. Pueden aparecer en blanco, rosa o rojo, y su aroma suele hacerse más perceptible al final de la tarde.
La tercera es una vieja conocida que volvió a ganar protagonismo: la zinnia (Zinnia elegans), también llamada flor de papel.
Sus flores intensas pueden ser fucsias, amarillas, blancas, rojas o presentar distintas combinaciones. Crece rápidamente, soporta bien los meses cálidos y resulta una buena alternativa para quienes recién empiezan a ocuparse del jardín.
Dos especies más para mantener el color durante varios meses
El cuarto lugar es para el conejito (Antirrhinum majus), reconocido por sus racimos verticales de flores.
Existe en una gama muy amplia de colores, que incluye blanco, rosa, amarillo, rojo y lila. Una de sus mayores virtudes es su floración prolongada, capaz de mantener los canteros vistosos durante bastante tiempo.
También puede cortarse para utilizar en floreros, especialmente cuando los tallos ya desarrollaron varias flores abiertas.

La quinta recomendación es el cosmos (Cosmos bipinnatus). Sus flores, generalmente rosadas, blancas o lilas y con el centro amarillo, aparecen sobre tallos finos rodeados por un follaje liviano y plumoso.
Ese aspecto delicado es parte de su atractivo, aunque también puede hacer que las plantas altas se inclinen cuando hay mucho viento. En lugares expuestos conviene utilizar tutores para evitar que los tallos se doblen o quiebren.
A pesar de sus diferencias, las cinco especies comparten necesidades bastante similares.
La más importante es la luz. Para conseguir una floración abundante necesitan varias horas de sol directo, por lo que deben colocarse en sectores luminosos del jardín, patio o balcón.
También requieren un sustrato suelto, fértil y con buen drenaje. La tierra permanentemente encharcada puede afectar las raíces, por lo que en macetas resulta indispensable contar con agujeros que permitan eliminar el exceso de agua.
Durante la época de crecimiento, el riego debe acompañar las temperaturas y la velocidad con la que se seca el suelo, evitando establecer una frecuencia rígida para todas las plantas.
Retirar las flores que ya se marchitaron permite prolongar la floración. Al hacerlo, muchas especies continúan generando nuevos botones en lugar de concentrar inmediatamente su energía en producir semillas.
Hacia el final del ciclo se puede hacer justamente lo contrario. Dejar algunas flores secarse completamente sobre la planta permite recolectar sus semillas antes de que el viento o los pájaros se las lleven. Una vez bien secas, pueden guardarse en un lugar fresco y protegido de la humedad hasta la próxima siembra.




