Los reactores SMR llevan años prometiendo una revolución nuclear que todavía no termina de arrancar

Más rápidos de construir, más económicos, más seguros… Los reactores modulares pequeños (SMR, por sus siglas en inglés) parecían, hace no tanto, haber llegado para resolver los principales retos de la energía nuclear convencional. Pero el tiempo ha pasado y no solo esos SMR no han terminado de cuajar, sino que, además, la energía nuclear ha estado en pleno retroceso.

Por lo menos hasta ahora, porque es verdad que algo está cambiando. La construcción nuclear vuelve a la agenda pública, como muestra, por ejemplo, el caso del gobierno de Georgia Meloni en Italia, que ha roto con la inercia europea de cerrar plantas nucleares. Sin embargo, incluso en este “renacer nuclear” que puede que se dé, parece que los SMR no terminan de despegar o no al ritmo que nos habían prometido. ¿Por qué?

¿Qué es exactamente un SMR? Según la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA), los reactores modulares pequeños son reactores nucleares con una capacidad de hasta 300 MW por unidad; es decir, un tercio de lo que genera un reactor convencional. Una de las principales ventajas que presentan es que, precisamente por su tamaño, son mucho más fáciles de transportar y ensamblar en plantas que, ya de por sí, pueden ser mucho más pequeñas que las centrales habituales. 

Además, según este organismo, estos reactores pueden ser más seguros, ya que su diseño, mucho más sencillo, se basa a menudo en sistemas pasivos y en las propias características del módulo, como la baja potencia. Esto da un mayor margen de seguridad que, en algún caso, llega a eliminar o reducir significativamente el riesgo de fugas peligrosas de radiactividad en caso de accidente.

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