Lula da Silva y Flávio Bolsonaro definen en segunda vuelta el destino de Brasil
Las elecciones generales en Brasil definirán una nueva época en el país y la región. Los más de 158 millones de votantes habilitados para acudir a las urnas este domingo optarán (la polarización extrema entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro suma más del 9o% de los votos) por darle un cuarto mandato

Las elecciones generales en Brasil definirán una nueva época en el país y la región. Los más de 158 millones de votantes habilitados para acudir a las urnas este domingo optarán (la polarización extrema entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro suma más del 9o% de los votos) por darle un cuarto mandato al líder del Partido de los Trabajadores, idea con la que hay cierto grado de insatisfacción, o por el retorno al Planalto -sede que destruyó la masa bolsonarista el 8 de enero de 2023- del apellido Bolsonaro. Un dilema cruzado por la apatía electoral y por el fenómeno regional para el cual sobran explicaciones: la licuación de la política como herramienta para que suceda algo.
(Cerraron las mesas de votación para la primera vuelta de las presidenciales 2026 en Brasil)
De manera paralela, el resultado dejará una nuevo estado de relaciones entre los países de la región, y una nueva relación entre la región y China y entre Latinoamérica y los Estados Unidos. Es Donald Trump y su Escudo de las Américas, el auspicio de la nueva ola hacia la derecha: Kast en Chile, De la Espriella en Colombia, Fujimori en Perú, Paz en Bolivia, y el tutelaje trumpista sobre el régimen híbrido en Venezuela. En su última visita a Brasil, para acompañar un acto de Bolsonaro, Javier Milei dejó para Lula la triple calificación de "ladrón, presidiario y totalitario".
Lula se erige como último dique del progresismo latinoamericano, altamente cuestionado por las clases urbanas de Brasil, con su idealismo social puesto en tensión ante las urgencias sociales. ¿Por qué dar crédito a la política, cuando la vida se dirime a velocidad? En esa hendija, crece el bolsonarismo, menos activo hoy que en 2022, pero vivo y con derecho a disputar el sentido de la seguridad y del gasto público al Gobierno federal.
En una entrevista que pasó a la historia, Lula apeló directamente al indeciso en el streaming Flow, el pasado jueves. Una máquina retórica imbatible, dominador único de la comunicación política, a los 80 años Lula resalta como un candidato que fulmina: “no tiene pasado, no tiene presente, y no tiene futuro”, dijo sobre Bolsonaro, al que tildó de perro faldero (vira-lata) de Trump.
"¿Por qué no entras vos a la política? El político honesto que vos querés, está dentro de ti, cara. Entre en la política, participe en algún partido político, participe en su barrio... porque la persona que vos querés que yo sea, tal vez esa persona seas vos", dijo mirando a cámara, con una frescura a la hora de comunicar muy poco vista en el ecosistema actual. Carisma, se decía. Así y todo, nadie asegura un triunfo del PT.
La elección de octubre de 2022 fue la más ajustada desde el retorno de la democracia: Lula obtuvo el 50,9 por ciento de los votos frente al 49,1 por ciento de Jair Bolsonaro
Lo más probable es una resolución en segunda vuelta, el próximo 25 de octubre. Sin embargo, los candidatos fueron a fondo durante las últimas jornadas, en pos de captar el voto indeciso (más de un tercio de los electores), con la fantasía triunfal de superar el 50% de los válidos para ganar en el primer llamado. Algo posible, ¿muy poco probable?
Bolsonaro apeló este domingo, luego de emitir su voto, al cansancio por la inseguridad, la corrupción, la conformación del Tribunal Supremo y el gasto público. El voto evangélico, clave en el triunfo presidencial de su padre Jair, puede ser también determinante en esta elección: con la prohibición de las apuestas digitales (plataformas “bets”), que padece un porcentaje relativo de la juventud, Lula intentó raspar ese voto evangélico, celoso de la familia y las formas.
Bolsonaro votó apenas habilitadas las máquinas de votación, en Río de Janeiro. Allí, dijo a los periodistas que se propone "liberar al país”. ”Brasil necesita cambio para acabar con la era de atraso", agregó. El cambio y la necesidad de renovación, son siempre un activo central en campaña política.
El voto electrónico es ya una tradición en Brasil, con tres décadas de uso continuado, cuestionado solo y por primera vez por Bolsonaro padre, actualmente con tobillera electrónica por responsabilidades juzgadas en torno al desastre institucional del 8 de enero de 2023 en Brasilia.
Lula aspira a un cuarto mandato no consecutivo, algo inédito en las democracias de masas. Aunque con buena imagen relativa, el nivel de rechazo al PT y a la situación social compleja del país, cristalizaron ese fenómeno ahora muy común en la región: el antiprogresismo, hecho carne en las clases medias y también en las clases bajas. De alguna manera, lo que definirá esta elección será el peso final que tenga el antiprogresismo, además de la evaluación que se haga de los últimos cuatros años de gestión.
Otro síntoma. La campaña se caracterizó por la baja movilización. Es la primera, desde la reinstauración democrática, sin debates entre las figuras principales: Lula desistió y, en cambio, dio una entrevista de todos los tiempos, una pieza comunicacional única, en la que le habló directamente al indeciso.
Se eligen este domingo, además, gobernadores, la renovación de la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado. Para ganar en primera vuelta, el candidato debe obtener el 50% más uno de los votos válidos.



