A los 50 años, Mariela tomó la decisión de dejar su vida en Córdoba y mudarse a Italia para estar cerca de sus tres hijos, que ya se habían instalado en Europa. El cambio implicó atravesar un largo proceso administrativo, aprender un nuevo idioma y adaptarse a trabajos muy distintos a los que ejercía en la Argentina.
Antes de emigrar, Mariela tenía una trayectoria de una década como docente de primaria, experiencia en el nivel secundario y tareas de formación en un profesorado de inglés. En el último tiempo, trabajaba como asesora pedagógica en el Ministerio de Educación de Córdoba, en el departamento Totoral.
Seis meses de trámites y el desafío de empezar sola
El primer contacto con Europa fue en 2022, cuando viajó con el padre de sus hijos a San Lúcido, una localidad de Calabria de unos 6.000 habitantes, para visitar a Lucas, Juani y Agustina. Ese viaje despertó en Mariela el deseo de reconstruir la historia migratoria familiar y la decisión de mudarse definitivamente.
Tras regresar a la Argentina para organizar la mudanza, volvió a San Lúcido el 14 de noviembre para iniciar el trámite de ciudadanía italiana. Lo hizo por su cuenta, sin gestores, y se apoyó en contactos de sus hijos y grupos de WhatsApp de argentinos en el pueblo, donde calculó que había unos 500 compatriotas.
El trámite se extendió durante seis meses. Mientras esperaba la resolución, vivió sola y se sostuvo con los ahorros que había llevado. Pagaba 300 euros de alquiler y unos 70 euros mensuales por luz y gas. La espera coincidió con el invierno y con una redefinición de su vida cotidiana: “Uno tiene una manera de hablar, de expresarse, de relacionarse. Al venir acá dejas de ser todo eso”, contó. La red de argentinos e italianos fue clave para atravesar ese período.
Adaptarse al norte: idioma, trabajo y diferencias de costos
Con la ciudadanía en mano, Mariela se mudó a Rávena, en el norte de Italia, donde notó una dinámica social distinta y la necesidad de dominar el italiano para conseguir empleo e integrarse. Tomó clases de idioma en un centro cultural y, gracias a la recomendación de conocidos, consiguió trabajo como asistente en un consultorio odontológico. Su experiencia previa de tres años en la carrera de odontología en Rosario le abrió esa puerta.
El trabajo la puso en contacto con pacientes y aceleró su aprendizaje del idioma. “Mínimo, 30 personas por día”, relató sobre la atención en el consultorio. También debió adaptarse a los diferentes acentos y dialectos de la región.
En cuanto a los sueldos, Mariela explicó que los más bajos rondan los 1.200 euros y pueden llegar a 1.600 euros según el sector y la antigüedad. El alquiler de una vivienda en el norte puede costar entre 600 y 700 euros, aunque hay opciones más caras según la zona. Al comparar con el sur, notó que el costo de vida en Rávena era mucho más alto: “Lo que yo gastaba en Rávena, 100 euros, acá gasté 30 euros”, dijo sobre sus compras de supermercado.
Más tarde, Mariela regresó a Calabria, a la zona de Paola, donde consiguió empleo a los tres días de llegar y encontró un costo de vida más bajo, aunque los salarios también eran menores.
Consejos para argentinos que quieren emigrar a Italia
Para quienes planean instalarse en Italia, Mariela recomendó tener flexibilidad y aceptar que la inserción laboral puede empezar en sectores distintos a la formación profesional de origen. Mientras avanza la homologación de títulos, consideró posible trabajar en turismo, gastronomía, limpieza o tareas de temporada.
También sugirió buscar empleos con vitto e alloggio (alojamiento y comida incluidos) y optar por habitaciones compartidas si todavía no se cuenta con los requisitos que suelen pedir las inmobiliarias, como un contrato laboral estable. “Hay que saber adaptarse a los trabajos que ofrece el lugar”, resumió Mariela sobre su experiencia de empezar de cero en otro país.



