De la Fórmula 1 a Malvinas. Esta semana, el presidente Javier Milei habló y se ocupó de todo.
El lunes, Milei puso octava y anunció que la Argentina está lista para recibir el año próximo a la Fórmula 1. La inversión la hace la Ciudad de Buenos Aires y podría generar ingresos por US$150 millones. Ben Sulayem, titular de la FIA, dijo que el proceso es más lento y que es “más realista en 2029 o 2030”. Pero no importa la fecha de la carrera: la aceptación del anuncio llegará en un año electoral. Un revival de 1998, cuando gobernaba Carlos Menem.
Karina Milei, también el lunes, recibió al titular de la Conferencia Episcopal Argentina, Marcelo Colombo. A pesar de la buena relación con el papa León XIV —Milei fue el primer mandatario latinoamericano en ser recibido en la Santa Sede—, el Presidente nunca aceptó la visita del Episcopado. Finalmente lo hizo Karina.
Es la necesidad de mantener una relación óptima con el sumo pontífice, que viene al país en noviembre, aun cuando el mensaje de la Iglesia en favor de la doctrina social no sea el que quisiera escuchar el Gobierno.
El miércoles fue el Día de la Industria, uno de los sectores más castigados por el modelo económico actual. En 1942, Joseph Schumpeter explicó que no hay progreso sin destrucción creativa, donde algunos sectores pierden o desaparecen y aparecen nuevos jugadores. Esa es la visión de Milei.
En el sector lo ven distinto: emplea a 2,5 millones de personas, es decir, el 20% de los trabajadores formales, y atraviesa un momento complejo. En junio creció 2%, pero en el primer semestre cayó en el mismo porcentaje. Las consultoras estiman que en julio habría caído otro 1,1% interanual. El crecimiento de los rubros de la industria manufacturera es muy heterogéneo; están sometidos a una apertura total de las importaciones y en los últimos tres años perdió 90.000 puestos de trabajo.
El vicepresidente de la UIA, Guillermo Moretti, fue el encargado de hacer explícito el pensamiento más íntimo que anida en la entidad: “Estamos manejados por un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno”, dijo en alusión al ministro de Economía, Luis Caputo.
El jefe de la UIA, Martín Rappallini, más diplomático pero firme, pidió un puente entre el viejo modelo económico y el nuevo que impulsa el Gobierno. El modelo de la gestión Milei es de libre competencia, sin protección para las empresas argentinas y fundamentalmente exportador.
El Gobierno, que descontó que le harían críticas, decidió vaciar el evento. No estuvo Milei, pero tampoco Caputo ni Diego Santilli. Y cuando Mario Lugones estaba en camino al encuentro, le ordenaron regresar.
Milei y Caputo, sin embargo, le contestaron a la UIA desde otro acto, organizado por una fundación libertaria. El ministro de Economía dijo que él no defiende el interés de algunos industriales, sino el de todos los argentinos.
Milei, por su parte, ratificó que no está dispuesto a correrse del rumbo económico ortodoxo. Sostuvo que hay que elegir entre ser Lumilagro, que se reconvirtió, o “Gomita” —por Madanes Quintanilla—, que cerró Fate.
Axel Kicillof, que no fue invitado por la UIA, se colocó otra vez en la vereda de enfrente de Milei: aseguró que la situación de la industria “no es contingente, sino que responde a un plan sistemático de desindustrialización”.
El miércoles también fue un día difícil para el Gobierno, pero en el Congreso. En el Senado, Patricia Bullrich buscaba sacar dictamen en comisión por el régimen del súper-RIGI, pero fueron los aliados del PRO, la UCR y Provincias Unidas los que faltaron o no aportaron sus firmas para emitir dictamen.
Los aliados piden que el proyecto garantice una mayor participación a los proveedores y productos argentinos. Buscan que una cláusula de “Compre Argentino” facilite el drenaje de dinero en favor de las firmas locales.
Por otro lado, la oposición insistió en sesionar el miércoles 9 para tratar el tema de los deudores morosos, un asunto muy urticante para el humor social y que irrita a Milei. El mandatario está convencido de que se trata de un problema ficticio, que la oposición utiliza para desgastarlo.
La estrategia opositora es abrir la sesión del miércoles con los 133 votos que hace dos semanas demostró que puede reunir y emplazar a las comisiones a emitir un dictamen para, luego de dos semanas, llevar el tema al recinto. Milei ya estaría escribiendo el veto.
Pero, por ahora, el Gobierno hizo la de manual: para hacer más lento el tratamiento, se anticipó y comenzó a tratar el tema en la Comisión de Finanzas, para que luego pase por otras dos comisiones y recién se emita dictamen en octubre.
El jueves, Vladimir Werning, vicepresidente del BCRA, admitió que el problema es real y culpó a las tasas altas que los bancos les cobran a las familias. “Son las tasas altas las que indujeron la mora” y volvieron “impagables” los créditos, afirmó.
¿Significa eso que el BCRA asistirá a esas personas? No. Werning sostuvo que son los bancos los que deberían aceptar que se excedieron y que, cuando negocien con cada deudor, deberían renunciar a cobrar una parte del Costo Financiero Total. En otras palabras, cada entidad debería reducir las tasas de interés y enviar a pérdidas lo que no pueda recuperar. “Tienen capacidad para hacerlo”, sostuvo.
Malvinas, causa sagrada
Pero en medio de las controversias por el modelo económico, el orden de la macro, la necesidad de que derrame en la economía del metro cuadrado y las quejas de la industria, sopló un viento fresco que trajo el reclamo de Malvinas al centro de la escena. Y Milei izó las velas para navegarlo.
En realidad, debería agradecerle a la Selección nacional que, luego de haber vencido en el Mundial a Inglaterra por 2 a 1, levantó una sábana con la inscripción de que las Malvinas son argentinas que recorrió todo el mundo. La fuerza del fútbol hizo más que mil declaraciones para difundir el reclamo argentino de soberanía en el archipiélago.
Donald Trump, un presidente que sabe de negociar duro, hizo el resto. En dos oportunidades mencionó frente a periodistas su disgusto con Gran Bretaña porque no le facilitó una base aérea en el conflicto con Irán y porque no aumenta la cuota de aportes para la OTAN.
¿Cuánto durará ese enojo? Imposible saberlo. Trump es impredecible. Nada de lo que diga sobre Malvinas es definitivo. Estados Unidos es neutral en ese conflicto, pero siempre defendió informalmente la posición británica.
Trump enfrenta elecciones en noviembre y, aun cuando saliese vencedor, no tiene reelección en 2028. Cabe también preguntarse si lo que dijo el mandatario trasunta un cambio en la política exterior de los Estados Unidos o tan solo una ocurrencia lanzada al aire en una conferencia de prensa. El Congreso norteamericano no se expidió.
Las Malvinas están en el Atlántico Sur, con proyección sobre la Antártida y el control sobre rutas marítimas. Están frente al territorio continental de América del Sur, donde hay tierras raras que interesan a esas potencias. Y la potencia alternativa, en el nuevo escenario, es China.
Sería apresurado pensar que los Estados Unidos han decidido respaldar la posición de la Argentina y traicionar la historia de alianza que mantienen con el Reino Unido.
Pero a Milei le alcanzó. Trató el tema en la reunión de gabinete y anunció una cadena nacional. La causa de Malvinas es sagrada y justifica usar ese recurso: lo dijo él mismo para responder anticipadamente a quienes salieran a criticarlo y es cierto que el tema está entre los más trascendentes. Pero, además, es un tema que levanta el nacionalismo, un vector de unificación siempre útil para cualquier gobierno.
Milei, utilizando una ley de 2011 —durante el gobierno de Cristina Kirchner— y que intentará modificar, anunció que sancionará a empresas locales y extranjeras que trabajen en la cuenca Malvinas. Además, la que opere en esa zona no podrá hacerlo en Vaca Muerta.
Es un mensaje para empresas como British Petroleum (BP), que puede estar interesada en ambas cuencas, pero también un límite para YPF, que no podrá acceder a Malvinas. Salvo que, antes de discutir la soberanía, Gran Bretaña y la Argentina se abran a discutir una explotación conjunta.
Un informe ultrasecreto detectó que muchas empresas que prestan servicios petroleros en Vaca Muerta, como proveedoras, están ofreciendo sus servicios a la británica Rockhopper y a la israelí Navitas. Servicios de calidad y la cercanía entre el continente y las islas significan un menor costo. Milei salió a interceptar ese negocio.
También se acelerará la construcción de una base naval en Tierra del Fuego, un enclave en el que Estados Unidos tiene interés geopolítico.
Milei habló en tono presidencial y cuidado y corrigió un error que había tenido en el comienzo de su mandato: sostuvo que la opinión de los isleños no importa porque no tienen derecho a la autodeterminación, ya que son parte de un pueblo implantado en las islas.
Además, aunque pasó casi debajo del radar, trajo de su reunión con el presidente de Chile, José Antonio Kast, el compromiso de que ese país no ayudará a los británicos en la explotación comercial de hidrocarburos.
El Presidente hizo un reclamo legítimo y pidió unidad nacional. La oposición dice que intenta tapar la situación económica. Todo es cierto. Pero son temas que se manejan en distintos planos.
Aun cuando falten muchos años para que Gran Bretaña se siente a negociar la entrega de las islas, Milei aprovechó sutiles cambios en la geopolítica para reinstalar el reclamo de soberanía sobre el archipiélago.
El dato que espera el Gobierno para festejar

El dato que más festejará el Gobierno se conocerá el jueves 10: el Indec dará a conocer el IPC y, según las consultoras privadas, el índice se ubicará entre 1,5% y 1,7%. Un descenso muy importante desde el 2,1% alcanzado en julio.
Las explicaciones son claras: sin el impacto estacional del turismo de julio y con una desaceleración de los precios de los alimentos y de los precios mayoristas, el IPC retoma el sendero fuertemente descendente.
Para mantener ese rumbo y evitar el impacto en la inflación, el Gobierno decidió aplicar un aumento de la luz de 1,75% y de 1,40% en el gas —ambos por debajo de la inflación—, continuando con la política de atemperar el recorte de los subsidios.
En rigor, los usuarios cubren el 60% del costo y el resto lo asume el Estado con subsidios. Por ese mismo motivo, el Gobierno postergó para octubre la aplicación del impuesto a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono.
Y, para evitar que suba el dólar e impacte en el índice, el BCRA también disminuyó el volumen diario de compra de dólares.



