
El pintor argentino Carlos Alonso murió a los 97 años, anunció su familia en redes sociales, tras una trayectoria marcada por el expresionismo, la memoria de la dictadura, el exilio y la desaparición de su hija Paloma.
Su producción abordó la pobreza, la violencia y las emergencias sociales y políticas del país. Trabajó especialmente con acrílico de secado rápido, un recurso que le permitió ampliar las gamas cromáticas, incorporar transparencias y combinar la pintura con dibujo, collage y papel pegado.
Nacido el 4 de febrero de 1929 en Tunuyán, Mendoza, volvió a Argentina en 1980 y se instaló en Unquillo, Córdoba, después de vivir en Roma con su esposa e hijo.
El artista recibió el Premio Konex de Platino en 1982 y 1992. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires presentó la exposición Carlos Alonso. Pintura y tradición, dedicada a revisar su obra y sus vínculos con la tradición pictórica.
Alonso inició su formación en 1944 en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo, donde estudió con Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez y Francisco Bernareggi. En 1950 se mudó a Tucumán para incorporarse al grupo de Spilimbergo en la universidad local.
Una exposición en Buenos Aires le permitió viajar a Europa en 1953. Allí entró en contacto con las obras de Diego Velázquez y Vincent van Gogh, referencias que influyeron en su estilo y su mirada artística.
En 1957 obtuvo el Primer Premio del concurso para ilustrar la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra. La primera parte de la novela había sido ilustrada por Salvador Dalí.
En 1968 viajó a Florencia para trabajar en las ilustraciones de La Divina Comedia, de Dante Alighieri. Al año siguiente comenzó la serie Lección de anatomía, inspirada en una obra de Rembrandt y dedicada, entre otros temas, a la ejecución del Che Guevara.
A mediados de la década de 1960, Alonso incorporó la simbiosis entre vaca y hombre y la violencia ejercida sobre el cuerpo. El tema había comenzado con tres collages de 1965, realizados mientras preparaba ilustraciones para El matadero, de Esteban Echeverría.
Retomó esa línea en 1972 con una exposición en la Galería Giulia de Roma. La serie llegó a su punto final en abril de 1976, cuando presentó El ganado y lo perdido en la Art Gallery International, un mes después del golpe de Estado en Argentina.
Ese año partió al exilio junto con su esposa e hijo. En 1977, su hija Paloma fue desaparecida, una pérdida que atravesó de manera decisiva su vida y su producción artística.
La obra de Alonso fue exhibida en salas internacionales y sostuvo un interés social persistente. Su pintura, dibujo y grabado reunieron las marcas de la experiencia política argentina, el dolor personal y una exploración técnica que atravesó varias generaciones.
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