Cuando Nishi decidió mudarse a Japón tenía trabajo, amigos y una vida armada en Argentina. Había nacido y crecido en el país, trabajaba como sushiman en un restaurante de Palermo e incluso tenía un ascenso prácticamente asegurado. Pero cuando su padre le propuso probar suerte en Japón, aceptó inmediatamente.

“Me fui en mi mejor momento”, recuerda. Tenía 22 años y contaba con una ventaja importante: posee doble nacionalidad argentina y japonesa, por lo que podía instalarse sin depender de una visa de trabajo.

El problema era otro. “No sabía una palabra en japonés”, contó. Aunque había vivido desde los seis años con sus abuelos japoneses, apenas conocía algunos números, saludos y expresiones que había escuchado durante su infancia.

Apenas llegó empezó a estudiar por su cuenta. No asistió a una academia: aprendió mirando videos, escuchando conversaciones en trenes y calles y, principalmente, hablando con compañeros de trabajo.

Su primer empleo fue junto a su padre en una fábrica de autopartes para camiones. Foto captura.
Su primer empleo fue junto a su padre en una fábrica de autopartes para camiones. Foto captura.

Su primer empleo fue junto a su padre en una fábrica de autopartes para camiones.

Como era una tarea principalmente manual, podía seguir instrucciones observando los movimientos de los demás. Su padre y algunos argentinos que ya trabajaban allí también lo ayudaban cuando necesitaba traducir algo.

Por trabajar de lunes a viernes, cuenta que recibía aproximadamente US$1.500 por mes.

¿Alcanzaba para vivir? “Sí, vivís. No sobrado, pero vivís”, explicó. Según su experiencia, una persona soltera puede cubrir sus necesidades con ese ingreso “si no sos muy gastador”.

Cuánto cuesta vivir solo en Japón, según su experiencia

Para dimensionar los gastos, Nishi puso como ejemplo su situación actual. Cuenta que paga aproximadamente US$400 mensuales por un monoambiente, unos US$200 en comida y alrededor de US$100 entre luz, agua y gas.

Eso dejaría cierto margen para otros gastos e incluso para ahorrar, siempre dependiendo del estilo de vida y de la ciudad en la que se viva.

Su recorrido laboral, de todas maneras, no fue lineal. Después de una reducción de personal perdió aquel primer empleo junto con su padre. Luego ingresó a una fábrica de alimentos gracias a una tía y más tarde pasó por otra planta de autopartes, construcción y otros trabajos.

Nishi admite que durante sus primeros años aceptó empleos que hoy no volvería a hacer: “Uno acepta cualquier cosa con tal de tener trabajo y ganar plata al no saber qué opciones tenés”, explicó.

Para él, aprender japonés fue lo que terminó ampliando las posibilidades. Actualmente considera que alguien que llega con poco dominio del idioma puede encontrar alternativas en fábricas, hoteles, gastronomía o determinados trabajos de atención, pero sostiene que cuanto mejor sea el nivel de japonés, mayor será la variedad de puestos disponibles.

Nishi describe a Japón como una sociedad mucho más reservada que Argentina y asegura que durante el primer año y medio prácticamente no tuvo amigos. Recién en su segundo año logró construir una amistad con un japonés.

Nishi describe a Japón como una sociedad mucho más reservada que Argentina y que no es fácil hacer amigos.
Nishi describe a Japón como una sociedad mucho más reservada que Argentina y que no es fácil hacer amigos.

Ese aislamiento fue uno de los momentos más duros de su experiencia migratoria. Con el tiempo aprendió a convivir con la soledad y encontró distintas formas de sostener el vínculo con Argentina, desde hablar con sus amigos hasta cocinar, hacer deporte y mantenerse en contacto con su familia.

Hoy tiene 33 años y lleva alrededor de 11 viviendo en Japón. Además de su trabajo habitual, hace delivery de comida en bicicleta por Tokio y genera contenido para Twitch, TikTok y YouTube, donde suele mostrar escenas de su vida cotidiana en el país.

Después de tantos años, asegura que no se arrepiente. El primer año pensaba frecuentemente en volver, pero ahora considera que emigrar fue “la mejor decisión” que pudo haber tomado.

También advierte que Japón no es para todo el mundo ya que la distancia con la familia, la barrera idiomática y la dificultad para crear vínculos pueden hacer que algunas personas quieran regresar rápidamente.

Por eso, su principal consejo para alguien que esté pensando en seguir el mismo camino es llegar con al menos una base del idioma y estar preparado para una adaptación que puede llevar tiempo.