La abogada querellante en las causas de Anahí Bulnes y Camila Merlo recibió amenazas de muerte por WhatsApp que mencionan explícitamente a las víctimas que representa. Pidió custodia personal para ella y su hijo, y advierte que el hostigamiento busca limitar el acceso de las víctimas de violencia de género a la Justicia.

Daniela Morales Leanza no es una abogada más. Es la letrada que acompañó a la familia de Anahí Bulnes hasta lograr la condena a prisión perpetua contra Santiago Campos Matos, y hoy representa a la familia de Camila Merlo en la causa que investiga a Mateo David Riveros Meza por su crimen. Ese trabajo —querellar en nombre de mujeres asesinadas y víctimas de abuso sexual— es, según ella misma denuncia, la razón por la que alguien decidió amenazarla de muerte.
Todo empezó el sábado por la mañana. Los mensajes llegaron por WhatsApp a su teléfono personal y mencionaban directamente a Anahí y a Camila, con la advertencia de que «se van a encargar» de que la abogada las acompañe, en referencia a una muerte por encargo. Después llegaron otros textos con referencias explícitas a su muerte, entre ellos uno que decía: «Voy a disfrutar de ver cómo te matan». Morales Leanza radicó la denuncia en la Unidad Judicial 16; intervino primero la fiscalía a cargo de Iván Rodríguez y, desde el lunes, el expediente quedó en manos del fiscal Matías Busquets.
Custodia para salir a trabajar, no solo para quedarse en casa
El Ministerio de Seguridad le asignó una consigna policial en su vivienda. Pero eso, dice Morales Leanza, no alcanza: pidió además custodia personal para ella y para su hijo cuando están fuera de la casa, un pedido que el fiscal todavía está evaluando.
«Hasta ahora las medidas que me ofrecieron —y eso quiero agradecerlo al Ministerio de Seguridad y al de Justicia— son consigna policial en mi domicilio. Solicité custodia personal, sobre todo para mi hijo, y todavía no tengo respuesta, porque claramente la consigna es en el domicilio: salgo, vuelvo, y no me acompañan», explicó.
La distinción no es menor. Una consigna fija protege la casa; no protege a quien la habita cuando sale a litigar, a trabajar, a vivir. «Yo salgo a trabajar y mi hijo también tiene su vida», había señalado la letrada.
En este contexto, Morales Leanza, agradece el acompañamiento del Colegio de Abogados, del Ministerio Público Fiscal y de funcionarios del Gobierno de Córdoba tras conocerse la denuncia.
«Bienvenido al fuero»: la amenaza naturalizada que esta vez fue distinta
En el fuero penal, dice Morales Leanza, hay una frase que circula casi como rito de iniciación: «bienvenido al fuero». Amenazas veladas, hostigamientos indirectos, señales de que alguien no está conforme con la causa que se lleva adelante. Ella misma reconoce haberlas recibido antes, sin denunciarlas nunca.
Esta vez fue distinto. «He recibido en otras oportunidades amenazas, pero nunca de este tenor. Cuando he llevado otras causas, indirectamente amedrentamientos, nunca hice denuncias antes», contó. «No descarto ninguna hipótesis, no la vinculo a alguna causa en particular. Lo que sí, esta persona que me hace todas estas amenazas hace mención de las causas de Anahí y de Camila, insultándolas, y dice que lo mío es cuestión de un encargo, que alguien le había pagado para que me mate. Muy grave, muy terrible: descripción literal de cómo me van a matar».
¿Naturalizar el miedo como parte del oficio es sostenible cuando el miedo empieza a tener nombre y apellido de las víctimas que una defiende?
Un ataque a la perspectiva de género, no a una persona
Para Morales Leanza, el eje de la amenaza no es ella: es lo que representa. «Básicamente las amenazas van dirigidas directamente contra mi profesión como querellante en causas de violencia de género, femicidios y abuso sexual. Lo veo como un ataque misógino, o siguiendo este relato, contra la perspectiva de género. El odio que manifiesta hacia mi persona es básicamente por mi defensa a estas víctimas».
Y ahí traza la línea que le importa señalar: «No es una amenaza a nivel personal, sino que repercute directamente en las víctimas, en su acceso a la Justicia. Amenaza el ejercicio de mi profesión y perjudica a las víctimas para que puedan acceder a la Justicia». Lo dijo con otras palabras también en diálogo con La Nueva Mañana: amedrentar a cualquier abogado es limitar el acceso de las víctimas a una asesoría legal, y ahí está la gravedad institucional del hecho.
«Ninguna amenaza puede amedrentar el ejercicio libre de una profesión»
Morales Leanza también habla hacia adentro de su propio gremio. «Los abogados penalistas por ahí naturalizamos las amenazas, son comunes en nuestra profesión, pero nunca conocí un caso como el mío en el fuero. Si algún colega vive algo similar, tiene que denunciar. Ninguna amenaza puede amedrentar el ejercicio libre de cualquier tipo de profesión».
Sabe que su nombre queda expuesto cada vez que una causa de género llega a los medios. Pero para ella esa exposición tiene un sentido preciso: correr el cuerpo para que no lo tenga que poner la víctima. «Por ahí nos dicen que no hay que exponerse, pero nuestro trabajo nos lleva a esto, porque son casos que movilizan a la sociedad y se comunican —respecto a los femicidios, la violencia de género o los abusos—. Mi exposición es para evitar que la víctima se exponga, que sufra una revictimización: manifiesto lo que ellas tienen que manifestar en los medios. Mi exposición va de la mano del cuidado de la víctima».
La entrada «No es una amenaza personal, es un ataque a la perspectiva de género»: Daniela Morales Leanza denunció mensajes de muerte por su trabajo se publicó primero en El Resaltador.




