Alexa, Marina y Vera hablaron por última vez ante el juez Santiago Camogli, que dictará sentencia el 20 de octubre. Lo que pidieron no es venganza. Es que la Justicia exista.

Cuatro años después, volvieron a sentarse frente al hombre que les cambió la vida. Esta vez para decir lo último.
En la Cámara Criminal de Villa Dolores, la audiencia previa al veredicto se cerró con las voces de quienes sobrevivieron al choque de Altas Cumbres: Alexa Miranda, Marina Szulewicz y Vera, hermana de Marina. El juez Santiago Camogli anunció que dictará la sentencia el 20 de octubre.
Lo que pasó en la ruta
Alexa y Marina iban en el asiento de atrás de un Sandero rojo. Manejaba Alejandra Bengoa, la mamá de Marina. Se dirigían a un recital en la ciudad de Córdoba, donde las esperaba Vera. Nunca llegaron. Un BMW, en el que circulaba el exlegislador y expresidente de la Legislatura Oscar González, los impactó. Alejandra murió. Las dos jóvenes quedaron gravemente heridas.
Eso es lo que está en juego: una vida perdida y otras dos que hubo que reconstruir desde cero.
Alexa: «un crimen vial con secuelas visibles e invisibles»
Alexa llegó desde Perú y estaba empezando a armar su vida en Traslasierra: el colegio, las amigas, la sensación de que todo era posible. Tenía 14 años. Le gustaba correr, bailar, moverse. Hoy atraviesa su adolescencia en una silla de ruedas y con una enfermera a su lado las 24 horas, algo que todavía le cuesta aceptar.
El choque, dijo, terminó con su sueño de ser bailarina. Aun así, cuenta que se reinventó y que espera volver a caminar. Por eso su reclamo es concreto: quiere poder pagar los tratamientos que necesita. No quiere pasar veinte años más en esa silla.
Y fue más lejos. Pidió que se investigue a quienes respaldaron a González, denunció que en el juicio se dijeron muchas mentiras y apuntó también contra la fiscal Analía Gallarato. Pidió al juez una condena por homicidio y lesiones gravísimas con dolo eventual. Para ella, esa sentencia es la última oportunidad de volver a creer.
Lo resumió con una frase que ya es titular: González «nos rompió con su irresponsabilidad narcisista».
Marina: tomar mate con su mamá
Marina no pidió nada extraordinario. Contó que lo que más quiere es volver a casa tranquila y tomar mate con su mamá. Eso ya no va a pasar. Lo que sí puede pasar es que González vaya preso. Ahí, dijo, llegaría la tranquilidad para ella y también para una comunidad que necesita saber que la Justicia funciona. Y confesó algo que se sentía en la sala: está cansada de escuchar lo que dicen los abogados de la defensa.
Vera: el poder, el auto blindado y la casa cómoda
Vera fue la más dura. Rechazó que la defensa llamara «barrabravas» a la gente que acompaña el juicio: familiares, vecinas, vecinos. Dijo que a González la gente le tiene miedo. Y describió cómo, a su entender, actuaba: se creía el mejor conductor, incumplía las normas de seguridad vial y sabía que un choque no le traería consecuencias, entre otras cosas por el auto blindado y por el poder que tenía.
¿Qué era lo peor que le podía pasar? Perder algo de plata o terminar en una prisión domiciliaria cómoda.
Su planteo fue más allá de lo personal: piden que vaya preso porque González es un peligro para la sociedad y porque todas y todos estamos más seguros si está en la cárcel. Si su mamá no hubiera existido, sostuvo, habría matado a otra persona.
Cuatro posiciones, una sentencia
El tablero está así:
- Defensa: pide la absolución. En la audiencia anterior se opuso a todas las pruebas y calificó de «ideologizado» el dolor de las familias.
- Fiscal Analía Gallarato: acusa por homicidio culposo y lesiones culposas y pidió una pena mínima de tres años y diez meses.
- Querella: pide cambiar la carátula a una acusación dolosa y 10 años de prisión efectiva.
- Camogli: dictará el veredicto el 20 de octubre.
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