
El madrileño Museo del Prado, la mayor pinacoteca de España, tiene un problema. El pasado 7 de agosto tuvo que adjudicar con carácter de emergencia un contrato negociado sin publicidad para rehabilitar la escalera de Goya y varios espacios “subyacentes” del edificio Villanueva. Esta escalera es uno de los principales accesos del museo. La institución ha tenido que desembolsar 214.403 euros tras detectar “una situación alarmante” que puede suponer “un grave riesgo para las personas y para la conservación del monumento y de los bienes culturales que alberga”. Y todo porque el arquitecto Rafael Moneo, que hizo obras en el año 2009 en el museo, aunque detectó el problema, lo solucionó temporalmente con unas chapas metálicas para evitar los efectos de unas goteras.
El Museo detectó que el problema era grave cuando apareció repentinamente una “importante filtración en el falso techo del núcleo de aseos situado en el lado este de la escalera de acceso a la puerta de Goya Alta”, uno de los accesos al edificio Villanueva, que alberga muchas de las colecciones y es Bien de Interés Cultural. Tras detectar estas goteras, los técnicos tuvieron que desmontar las luminarias empotradas en el falso techo y realizar una inspección ocular a través de los huecos resultantes. Lo que se encontró fue una chapa metálica ondulada con un alto grado de corrosión, lo que estaba provocando que el agua se filtrara a través de esta chapa.
El siguiente paso fue hacer catas sencillas en el falso techo para “conocer el alcance y extensión de la corrosión”, explican desde el Museo. Lo que se observó fue una “afección generalizada” en la cara inferior de la chapa, que se encuentra apoyada en el forjado de la escalera. Los técnicos buscaron entonces documentación sobre la composición de este forjado. No encontraron nada, pero sí unas obras que se ejecutaron en 2009 bajo la dirección del arquitecto Rafael Moneo. Unas obras muy importantes que ampliaron la pinacoteca.

Moneo plasmó por escrito en un informe que “a causa de unas infiltraciones de agua de lluvia que proceden de la escalera de acceso a la puerta de Goya Alta, que solo se pueden evitar levantando, impermeabilizando y recolocando los peldaños de la escalera, se ha tomado la decisión de colocar una bandeja de chapa metálica en los baños con una pendiente del 1% que conduce el agua a un canalón y al saneamiento”. La presencia de humedad en los muros también llevó al equipo de Moneo a “colocar una lámina impermeable de PVC entre la pared y el chapado de piedra. Esta misma solución se ha considerado la más idónea para proteger de las infiltraciones de lluvia los dos baños, por ese motivo es necesario tender en las bóvedas un mortero reparador y el acabado de yeso”.
Fallo estructural
Han pasado los años y esa solución temporal no ha servido. Una vez inspeccionado el techo, “se observó una situación alarmante en relación con la estructura portante del conjunto constructivo que conforma esta parte de la edificación, oculto a la vista”, reza la memoria justificativa del contrato. “Se puede afirmar que hay una alta probabilidad de fallo estructural de la perfilería de acero, lo cual ocasionaría la caída de todo el conjunto de las sucesivas capas existentes sobre los núcleos de aseos, lo que supone un grave riesgo para las personas y para la conservación del monumento y de los bienes culturales que alberga”. Las obras eran necesarias “para paliar esta situación de riesgo en los núcleos de aseos”.
El Museo también necesita conocer si el riesgo se extiende al resto de espacios situados bajo la escalera: taquillas y vestíbulo de acceso. Por eso es “técnicamente necesario acometer con inmediatez unas obras consistentes en la demolición completa de los falsos techos de los núcleos de aseos y de las bandejas de chapa metálica ondulada y su estructura de soporte, y la realización de catas profundas, tanto en el interior como en el exterior, para determinar la composición constructiva y estructura portante de las diferentes partes de la escalera, adoptando las medidas necesarias de apeo, apuntalamiento y protección para garantizar la estabilidad estructural de la escalera”. En lo que va de año 2,2 millones de personas han visitado el Museo, cifra que se cerró en 3,5 millones en 2025.
Los trabajos durarán ahora seis meses. Las obras comprenden las intervenciones mínimas indispensables “para paliar la situación de riesgo estructural existente debido al deficiente estado de los elementos que componen la estructura sustentante de la escalera, particularmente en relación a los perfiles sustentantes de acero de las mesetas laterales y los tramos de escalera adyacentes”, señala el pliego del contrato. Una frase que no tranquiliza mucho a los visitantes. Hay que “apear la estructura de esta zona para evitar su posible colapso”, así como realizar nuevas catas de inspección para conocer, “dado su uso público”, la composición y estado de servicio de la estructura de todo el volumen de la escalera.




