El exciclista español Perico Delgado (Europa Press)

La nutrición se ha convertido en una pieza central del deporte de alto rendimiento. En disciplinas de resistencia como el ciclismo, la alimentación previa, durante y después de la competición busca asegurar energía suficiente, acelerar la recuperación y reducir molestias digestivas, con planes adaptados a cada deportista y a las exigencias de cada jornada.

Perico Delgado ha recordado que, cuando competía en los años 80 y principios de los 90, desayunaba una tortilla de patata, un bistec, pasta o arroz, pan tostado, magdalenas y café con leche, una rutina que hoy resume con una frase rotunda porque el ciclismo profesional ha sustituido la intuición alimentaria por una planificación nutricional milimétrica.

En la entrevista concedida a Ciclismo al Día, el exciclista ha detallado un menú previo a la competición con una tortilla de patata de dos huevos, un bistec grande y un plato de macarrones o arroz blanco, al que añadía pan tostado, magdalenas y café con leche. La comparación retrata un cambio de época, pues Delgado ha resumido la distancia entre aquel ciclismo y el actual con una frase literal: “Esto lo haces ahora y te echan”.

Nutrición de otra época

A ojos de la nutrición deportiva contemporánea, ese desayuno se parece más a una comida completa que a una ingesta previa a una etapa. El contexto era otro: jornadas muy largas, un desgaste físico alto y conocimientos nutricionales muy alejados de los protocolos que dominan hoy el pelotón.

Delgado, ganador del Tour de Francia de 1988 y de la Vuelta a España en 1985 y 1989, siempre ha defendido que, como ciclista, “nunca pasó hambre”. La lógica de su generación era directa: comer mucho para aguantar mucho.

El exciclista español Perico Delgado (Pedro Delgado Web)

Hoy la alimentación sigue siendo decisiva, pero el método ha cambiado por completo. Las cantidades, la digestión, el momento de la ingesta, la tolerancia individual y las necesidades concretas de cada corredor se controlan con precisión.

Ese contraste también aparece en otra reflexión del segoviano. El exciclista ha admitido que el ciclismo actual está mejor preparado, aunque echa en falta parte de la espontaneidad de su época: “Mi ciclismo era más divertido”.

La composición de aquel desayuno explica bien esa forma de entender el esfuerzo. La tortilla y el bistec aportaban proteínas y grasa; los macarrones o el arroz, hidratos de carbono; y el pan tostado, las magdalenas y el café con leche completaban un menú pensado para afrontar etapas durísimas con los recursos y el conocimiento disponibles entonces.

La anécdota con Induráin que resume el cambio de era

Una de las escenas que mejor condensan esa transformación tiene como protagonista a Miguel Induráin. Delgado recordaba que, tras una etapa, él podía tomarse un bocadillo, una cerveza, pastas Reglero o mantecados, mientras Induráin tenía que conformarse con un zumo de naranja y “lo pasaba fatal”.

La anécdota enfrenta dos modelos de ciclismo. De un lado, una cultura más artesanal, apoyada en la intuición y con mayor margen para la improvisación; del otro, una preparación cada vez más metódica, basada en el control y en la especialización.

Induráin aparecía así como símbolo de una nueva etapa del deporte. Delgado, en cambio, quedaba vinculado a una generación anterior que todavía convivía con hábitos hoy difíciles de imaginar antes de subirse a la bicicleta.

Pedro Delgado se retiró en 1994 después de convertirse en uno de los grandes referentes del ciclismo español. Más tarde inició una segunda trayectoria en RTVE como comentarista junto a Carlos de Andrés.