Hay personas que tienen la capacidad de transformar cualquier espacio en un lugar más humano, y “Caramelito” es una de ellas. A fines de la década de 1990, Cecilia Carrizo se convirtió en la cara del fenómeno infantil más masivo de la televisión argentina.
Carrizo pasó de entregar fotos en sobres de papel madera en agencias de publicidad a llenar teatros con tres funciones diarias y vender cientos de miles de discos. Sin embargo, en el punto más alto de su carrera y cuando la industria le exigía multiplicar la apuesta, tomó una decisión poco frecuente en el medio: se fue para dedicarse a sus hijos.
Años después de ese primer impasse, un llamado de su hermano Martín —baterista y productor de su música, además de figura clave del rock nacional junto a artistas como Gustavo Cerati, el Indio Solari y A.N.I.M.A.L.— volvió a cambiar el rumbo de su vida. Con un diagnóstico de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) de por medio, durante seis años, Cecilia frenó proyectos y compromisos laborales y personales para abocarse por completo al cuidado de Martín hasta su fallecimiento en enero de 2022.
En esta entrega de La vida después, “Caramelito” repasa el origen imprevisto de su personaje, el valor de haber dicho “suficiente”, el amor incondicional por su gran compañero de vida, su hermano, y la serenidad con la que hoy abraza la nostalgia y el cariño intacto del público.

Luis Novaresio: De verdad tengo muchas ganas de charlar con vos. Primero me gustaría saber, para vos, ¿quién es Cecilia “Caramelito” Carrizo?
Cecilia Carrizo: Ay, ya te miro viajo a la emoción... es una mujer que vivió hasta acá con una vida hermosa, intensa, con una familia maravillosa, con dos hijos que son mi motor, un marido que amo y una familia de raíz que me hizo quien soy. (se quiebra)
LN: Y está muy bien, me encanta que llores de movida. Aparte voy a llorar al lado tuyo... Nos vamos turnando... ¿Te imaginaste ser la mujer que hoy sos?
CC: No, porque yo no voy imaginando lo que viene, de verdad. Voy ahí haciéndome camino al andar constantemente. Hoy me doy cuenta, por la edad que tengo y que las cosas que me fueron pasando, que nada imaginaba: solo hacía y hacía, y lo daba todo cada vez. Y así se fue avanzando.
LN: Decime que es cierto que querías ser Cris Morena en Mesa de Noticias.
CC: ¡Y si no es que quería ser, casi que lo era! Abría el ascensor y decía: “¡Segundo!”. Ah, me encantaba Mesa de Noticias. Cris me divertía mucho. La veía tan fresca, tan simpática, con su pelo largo...
LN: ¿Y había en la familia alguien que te pudiera acercar a ese mundo?
CC: No, nadie, nadie. Fui acercándome así por el misterio de la vida.
LN: ¿Tus viejos a qué se dedicaban?
CC: Mi mamá trabajó muchos años en la Cámara Electoral y mi papá fue... yo decía que era comerciante, porque era como lo que él trataba de hacer. Tuvo en una oportunidad un negocio de deportes, después lo cerró y abrió con mi tío un balneario, que se llamaba Abel y Pablo. Mi tío Pablo, mi papá Abel. Pablo puso la plata que juntó para poder ponerlo y mi papá pintaba las sillas, rastrillaba, hacía clericó y atendía el balneario. Mi papá era un soñador, un hermoso, un buscavidas, un creativo, un luchador.

LN: Cero tele, publicidad... ¿Cómo llegás a ser modelo publicitaria?
CC: Siendo muy chica, a los 16 años, hice como un curso de modelo de dos meses, una cosa de maquillaje y demás, más que nada para buscar trabajo, para tener trabajo, que lo necesitábamos realmente. Y bueno, ahí empecé a hacer castings: me presenté a distintas agencias con una foto impresa con un sobre papel madera… no existía el “mandame la foto digital”, Photoshop no existía, nada de eso. Y bueno, ahí empecé a hacer publicidades desde muy chica: hacía todo lo que salía, así fuera extra, última allá en el fondo, “vamos, vamos”, un papel secundario... Después han tocado algunos protagónicos con el correr de los años. También estudié teatro con Serrano y bueno, siempre amé la música. A partir de los 12 años empecé a estudiar música y piano. Mi hermano ya rompía todos los parches por todos lados con baterías que se armaba con pedazos de madera que sacaba del colegio, pedazos de bancos que se llevaba del colegio... Y así era la música en casa. Si bien mis papás no tenían relación con lo artístico a nivel profesional, mi papá amaba la música y sonaba todo el tiempo música en casa de todo tipo. Amaba el pop de los ochenta, el pop internacional, el rock nacional... Esperábamos en aquel entonces a que llegaran acá los cassettes, los discos nuevos de Genesis, de Phil Collins... Y él traía los cassettes a casa y le decía a Martín, mi hermano: “Escuchalo; si te gusta, nos lo quedamos”, como que lo ponía de catador. Entonces desde muy chiquitos nos la pasábamos escuchando música. Lo artístico empezó ahí. Y después, cuando hice esos primeros pasos como modelo publicitaria, hice muchas campañas para Selú cuando recién empezaba. Después hice ese casting en el que quedé para el programa de Nico (Repetto). Ahí empecé a transitar un poquito más lo que tenía que ver con la actuación, con escribir mi propio personaje, como a tomar las riendas en lo artístico.
LN: “Decime cuál, cuál, cuál es tu nombre”... Ahí arranca “Caramelito” fulgurante, ¿no?
CC: Sí, eso fue una cosa increíble. Porque cuando propongo al personaje de “Caramelito” fue después de que me habían bochado varios otros. Entonces “Caramelito” fue una especie de Frankenstein de ideas, que terminó siendo... bueno, esta chica que iba a enseñar “buena onda”: a tomarse las cosas de la vida con buena onda. Ese era el verdadero mensaje… pero vestida de profesora de gimnasia.
LN: Era profe de gimnasia.
CC: Claro, era una especie de profe de gimnasia, porque te decía que mientras limpiabas los vidrios podías hacer hombros, y mientras cargabas las bolsas del súper ibas a hacer bíceps. Era buscar darle otra energía a lo que nos tocaba hacer.

LN: ¿Cuándo te diste cuenta, si es que pasó, que “Caramelito” le robaba el nombre a Cecilia?
CC: Mirá, tu pregunta me lleva a un lugar puntual que es Ezeiza, el baño de Ezeiza. Porque yo salía del baño y ahí, lavándose las manitos, había una nena con su mamá. Miró y dijo: “¡Ah, yo no sabía que “Caramelito” en Barra vivía acá!”. Ahí entendí que no es que solo me llamaba “Caramelito”: me llamaba “Caramelito en Barra”.
LN: Claro. Y vivía ahí.
CC: Vivía en el baño de Ezeiza (risas). Imaginate... Sí, empezó a ser “Cecilia “Caramelito” Carrizo” quedó como en el DNI.
LN: ¿Cuándo te diste cuenta de que eras famosa?
CC: Bueno, en el programa de Nico justamente nos dimos cuenta todos de que éramos famosos porque la tele en esos momentos era el medio masivo más grande que había. Estábamos todos los días en vivo, dos años seguidos, en momentos en los que todo en la tele era éxito —éxito me refiero a convocatoria y demás—. Y entonces, entrar a millones de hogares del país entero todos los días, tanto tiempo, hacía que salieras a la calle y la gente te reconociera. Y si eso es ser famoso, éramos recontra famosos. Estábamos “adentro de la casa de todos” todos los días. Se genera ese vínculo, esa intimidad.
LN: Después viene el recontra mega éxito de “Caramelito” como programa infantil pero, esa primera dosis de fama, ¿intoxicó o nada?
CC: Para mí fue muy lindo, porque yo sentía que era un cariño y una alegría que generaba mi trabajo. Yo lo siento hoy en día igual que en aquel momento: lo siento claramente como un trabajo, y haber elegido un trabajo que te da tantas satisfacciones, y que dentro de esas satisfacciones la más linda y la más valiosa sea el amor de la gente, el cariño, que te saluden con una sonrisa, el “te puedo abrazar”... Es hermoso.

LN: Asumo que habría colegas que rechazaban esto que decís: “Qué pesado, tengo que firmar, tengo que sacarme una foto...”. ¿Qué te pasaba con esa gente?
CC: Me daba pena que les pase eso, porque digo: es como querer ser médico y que te impresione la sangre. Hay algo que está siendo contradictorio en vos. Porque quién se para en un escenario o escribe una canción, es para alguien. Si no, quedate en tu casa y hacelo frente al espejo. Cuando ofreciste algo y el otro lo tomó, viene una devolución que tiene que ver con ese círculo que vos mismo quisiste generar. Entonces cortarlo es como raro, es contradictorio, me parece.
LN: ¿Tenías claro cuando iniciaste que ibas para el lado de los niños, que con los niños ibas a poder generar ese vínculo?
CC: No, porque hacía publicidades y después lo de Nico, que no era especialmente para niños sino para la familia en general... A mí me sorprendió que Hugo Piombi, que era el vicepresidente de Sony en ese momento, me dijera: “Vos tenés que hacer programas para niños”. A mí siempre me fascinó el universo infantil. Yo estaba en séptimo grado y en los recreos iba a acompañar a las maestras jardineras a cuidar a los nenes del jardín. Y cuando Piombi me dijo: “¿Te gustaría?”, yo sentí que se me juntaban los dos caminos en uno y le contesté: “Me fascinaría”.
LN: Y ahí arranca “Caramelito” con los niños. ¿Cuántos puntos tenían de rating?
CC: Lo único que sé es que el primer programa, que fue “Caramelito” en Barra, estaba antes de Telenoche. O sea, hoy lo pienso y digo: “¡Dios! ¿Cómo que caí ahí? ¿Qué fue este regalo absoluto?”. Y después, cientos de miles de discos vendidos con cada uno. Grabé cinco discos en total. El primero de los programas en realidad era para preadolescentes, no era para niñitos tan chiquititos. Era para más grandecitos. Pero después de ese primer programa yo pedí hacer para más chiquitos.
LN: Un poco lo dijiste con lo de la devolución de la gente, ¿no? Pero para vos la fama es...
CC: Para mí, amor.
LN: Y amor correspondido: es el que vos das y el que recibís.
CC: Absolutamente. Esa es la palabra: amor correspondido, que es el más hermoso.
LN: Hay un momento en el que vos, con la llegada de tu primer hijo, Lorenzo, “Lolo”, decís: “Voy a parar”.
CC: Sí.

LN: ¿Y te vas a privar de ese amor que describías?
CC: Y fue una decisión tan clara, tan desde las entrañas, desde lo hondo... Antes de que Lolo naciera, que fue el 8 de diciembre de 2005, era tal el deseo que tenía de tener nuestra familia, nuestros hijos... Cuando Lolo ya estaba dentro mío y cuando nació, sentí que volvía a nacer con él. Y lo que más quería era estar realmente ahí. Me pasó lo mismo cuando nació Benito, y siento que somos esa unidad que lo ocupa todo y que lo es todo.
LN: Me imagino las voces en ese primer momento: “¿Estás loca? Estás en la cúspide del éxito. Estás loca, te vas a ir y no te va a conocer nunca nadie más”.
CC: Y sí, es verdad, me lo dijeron. Y hoy por hoy me lo dicen también: “¿Ves que podrías haber logrado mucho más?”. Sí, claro. A ver, en los cálculos matemáticos de los demás están muy bien esas ecuaciones porque dan… dan. Pero mis ecuaciones son otras, y agradezco mucho haber tenido esa claridad. Porque tener a dos hijos grandes, como ya son, y haber disfrutado tanto y haber estado todo lo que necesité, todo lo que quise y todo lo que creo que ellos necesitaron de mí, me hace sentir muy en paz y muy feliz. Porque el tiempo no vuelve atrás.
LN: ¿Síndrome de abstinencia tuviste?
CC: Abstinencia no, nostalgia sí. Abstinencia para nada. Porque a mí me pasa algo: de hecho tengo acá tatuada la palabra “Gracias”, que es una de mis canciones, una de las que más quiero... Y siento que justo tiene que ver con la pregunta anterior que me hacés, de si me decían “podrías haber logrado más” o “podrías haber hecho más”. Cuando yo frené y no se siguieron generando más de estas propuestas, yo sentía que lo que había recibido era suficiente. Esa palabra: “suficiente”. A mí me resulta un montón, porque estamos siempre tan insatisfechos con todo o estamos siempre con la ambición que nos quita el disfrute y la valoración de lo que tenemos... Fue tanto lo que me dieron… Siento que si dijera: “Me hubiera gustado más”, estoy menospreciando todo lo que me dieron.

LN: Hoy volviste y estás generando cosas... ¿En algún momento tuviste miedo a la vuelta?
CC: Sí, eso sí. Miedo sí. Por más que yo siempre fui muy segura de lo que me gusta, de lo que quiero hacer y cómo hacerlo, ser segura no quiere decir que uno no tenga miedo. Tengo miedo todo el tiempo, pero soy valiente también y me la banco. Entonces voy con miedo, pero voy: me pongo los aros, la camisa que hace juego y vengo temprano. (ríe)
LN: Muy puntual y muy profesional. Ahora, quiero saber, ¿qué te dio y qué te quitó la fama?
CC: Me dio todo esto que estuvimos charlando: un amor infinito que además, por cuestiones de mi vida, de mi vida familiar, de lo que le pasó a Martín, mi hermano, y todo lo que vivimos juntos, realmente tomé la dimensión de lo infinito que fue y es. Y quitarme... La verdad es que, solo por ser prolija y tratar de responderte la pregunta bien completa: me quitó el ser una persona normal. Porque mis amigas me dicen “no sos normal”. En este último tiempo yo pensaba: “¿Y si voy a hacer un trabajo como cualquier persona, un trabajo normal, y dejo de seguir intentando, armando, escribiendo, proponiendo, y me voy a hacer un trabajo de una persona normal?”. “¡Es que no sos normal!”, me dicen. Entonces creo que eso me quitó: la normalidad.
LN: No sos normal.
CC: No, no soy normal (risas).
LN: Está bueno que lo admitas, es un buen paso. ¿Vas a empezar a discutir?
Volviendo a tu hermano: Martín en 2015, 2016 aproximadamente, te llama y te dice: “Te necesito”, y esa frase vino acompañada de: “Tengo esclerosis lateral amiotrófica”. Contame ese momento.
CC: Y el “te necesito” fue... que solo quedaran esas dos palabras frente a mí. Las escuché, entraron en mí y a partir de ese momento fue todo para él. “Te necesito”. “Listo, acá estoy”. Ese “te necesito” fue cuando realmente me necesitaba, porque hasta el último momento trató de no mostrar esa necesidad y de no pedirla. Agradezco tanto que me la haya pedido a mí... Yo sentí que todo lo que estuviera a mi alcance, y lo que no, también, lo iba a hacer por él y para él. Lo sentí con una claridad absoluta. Porque estaba en una instancia en donde si le hubiese dicho: “Mirá, Martín, yo te amo, pero tengo dos hijos, tengo un marido, tengo tres trabajos” —tres trabajos tenía en ese momento—, “entonces te ayudaría, pero...”. Él, que también me amaba, me hubiese dicho: “Obvio, sí, por supuesto; lo que puedas, vos andá dándome lo que puedas”. Y yo dije: “No, no, no, todo es para vos”. De hecho, esa claridad que tuve dentro mío la manifesté también con mis hijos, con mi marido, con mi contexto, con mi situación económica, de trabajo y demás, y todos fuimos para el mismo lado. “Te necesito”. Listo.

LN: Sabés que te escucho y pienso esto: con dos hechos en las antípodas, uno de vida y uno de muerte. La vida es que llega tu hijo; la muerte es que llega Martín y te dice algo que lamentablemente era inevitable, que iba a adelantar su muerte. En esos dos momentos vos plantaste bandera. ¿Te preguntaste por qué te tocó a vos esto?
CC: No me pregunto por qué. La verdad es que lo agradezco. De verdad. No agradezco, por supuesto, que le haya tocado a mi hermano enfermarse; por supuesto que no. Sí agradezco haber plantado la bandera en el mismo instante para que él supiera cuánto lo amaba. Es ahí, no cinco minutos después o un rato más tarde. Es ahí.
LN: ¿Qué pensás que siente hoy Martín por vos?
CC: Siente que desde que nací, porque él fue la primera carita que vi más allá de mi mamá y mi papá, éramos uno… éramos uno. Fuimos uno desde que nací hasta que él se murió.
LN: Pensaba que siempre debe haber habido alguien que dijo: “No, Cecilia, no hipoteques tu vida, no hipoteques tu carrera”. ¿Qué decías ahí?
CC: “Es todo lo que él quiera, no es lo que vos querés”, contestaba yo. Me han dicho, incluso cuando viajamos a Estados Unidos, que él terminó un año allá... Digo él porque yo iba y venía: fuimos primero, viajamos, estuvimos dos meses, volvimos, estuvimos 40 días acá en mi casa, volvimos a Estados Unidos, estuvimos tres meses más... Él se quedó con la chica que lo cuidaba. Él necesitaba atención las 24 horas y esta chica se quedó acompañándolo y cuidándolo allá. Cantidad de cosas me decían: “¿Cómo hacés esto? Tenés que traerlo, tenés que...”. La única palabra que para mí tenía valor era la de él. El único deseo, el que llevaba el barco, el capitán del barco era él. ¿Yo? Marinero.
LN: “Sí, mi capitán”... Te concedo la máquina del tiempo: ¿Volverías a dejar tu carrera por tu maternidad?
CC: Sí. De una, de una.

LN: ¿Volverías a dejar tu carrera, tu vida, por tu hermano?
CC: Sí, sí, sí, sí. Absolutamente. Era lo que nos tenía que pasar juntos. Porque nos pasaron cosas demasiado hermosas juntos, que nos mirábamos y no lo podíamos creer, y también nos mirábamos y no lo podíamos creer cuando nos tocó lo otro. Y siempre era juntos, entonces tenía que ser así.
LN: ¿Y esta Cecilia qué le dice a la Cecilia de los 16 con el sobrecito de papel madera y la foto?
CC: “No te imaginás la que se te viene” (risas).
LN: ¿Eso le decís?
CC: Y sí. “Pero dale, vos bancala, vos andá. ¿Querés saber cómo es la vida? Bueno, dejá el sobrecito...”.
LN: ¿Y qué vas a ser cuando seas grande?
CC: ¿Qué estoy haciendo ahora, decís? (risas) Y cuando sea más grande voy a seguir disfrutando de mis hijos, que los amo; de mi marido, de mi familia, de mi mamá, que la amo mucho.
LN: ¿Dónde está tu carrera ahora?
CC: Bueno, yo estoy haciendo un magazine todos los días de 9 a 12 en Unifé con Matías Cirigliano, con Elba Rodríguez... Estoy en un canal súper feliz, es un canal digital hermoso. También se relanzaron mis discos en Sony y estoy feliz porque están por primera vez en las plataformas digitales. Mis canciones no estaban, no nos habíamos ocupado de hacerlo. Y bueno, este año se cumplen 30 años de ese primer contrato que firmé con Sony Music. Grabamos cinco discos con Martín y hoy esas canciones están en el universo. Hoy me mandan fotos mostrándome que están en el tren escuchando mis canciones, o yo voy a la mañana —porque me levanto 4:30 para llegar a las siete al canal— y voy en el auto escuchando mis canciones y siento que se expandieron hacia el universo, y eso me hace muy feliz.




