Nicole y Amanda Campbell se parecen tanto que terminarían en cualquier lista de gemelas más parecidas. El pelo rubio, el tono de voz, la mirada. Pero ahí termina el parecido. Los dos cerebros funcionan diferente. La manera de ver el mundo es otra. Y hay algo más que les permite a los investigadores hacer preguntas que antes parecían imposibles: sus cuerpos respondieron de manera completamente diferente ante las enfermedades que las tocaron.
Nicole desarrolló enfermedad de Crohn en la adolescencia, una inflamación crónica que daña el tubo digestivo. Amanda fue diagnosticada con esclerosis múltiple a los 24, cuando el sistema inmunológico comenzó a atacar su sistema nervioso central. Dos condiciones vinculadas genéticamente. Dos cuerpos genéticamente idénticos. Dos historias de salud radicalmente distintas.

Esa paradoja fascinó a los científicos durante décadas. ¿Qué es lo que verdaderamente nos define: los genes que heredamos o el mundo en el que vivimos?
El laboratorio perfecto son dos vidas en paralelo
Un equipo de investigadores australianos está usando historias como la de Nicole y Amanda para responder esa pregunta. Bajo la dirección de Jason Tye-Din, del Snow Centre for Immune Health (Australia), planean estudiar 100 pares de gemelos sanos para monitorear cómo sus células inmunológicas responden en condiciones controladas de laboratorio.
“La comprensión del sistema inmunológico a nivel muy fundamental nos ayuda a entender por qué respondemos de manera diferente a las vacunas, a las infecciones o por qué algunos estamos en riesgo de desarrollar ciertas enfermedades”, señala Tye-Din.
Lo que hace único este enfoque es obvio pero potente: con gemelos idénticos, los científicos pueden aislar las variables ambientales. Los genes ya están controlados. Entonces el foco se vuelve sobre lo otro: la dieta, el estrés, las infecciones pasadas, el estilo de vida.
Lo que los estudios ya descubrieron
Florian Ingelfinger es inmunólogo en el German Cancer Consortium (Alemania). Su equipo publicó en Nature en 2022 un trabajo que examinó 61 pares de gemelos idénticos donde uno tenía esclerosis múltiple y el otro no. Cuando compararon sus células inmunológicas, encontraron diferencias sorprendentes.
Jason Tye-Din, investigador australiano, estudia cómo células inmunológicas de gemelos sanos responden en el laboratorio para entender el balance entre genes y ambiente.
“El hallazgo más fuerte fue en un tipo de célula que no esperábamos: una célula T auxiliar muy primitiva, tipo naive”, explica Ingelfinger. Esas células T son las que alertan al cuerpo ante infecciones. En los gemelos con MS, mostraban una “comunicación alterada” que las hacía más sensibles a la inflamación.
Pero lo que más interesó a Ingelfinger fue la conclusión: los genes crean una “susceptibilidad” a la enfermedad, pero algo en la vida cotidiana es lo que la activa.
“Todo lo que hacemos —deportes, nutrición, fumar, alcohol, infecciones previas— moldea cómo funciona nuestro sistema inmunológico. Pero los genes también tienen una influencia masiva”, subraya
En otro estudio publicado en Cell en 2015, Petter Brodin, profesor de inmunología pediátrica en la Karolinska Institute (Suecia), llegó a una conclusión aún más provocadora. Estudió 105 gemelos sanos y midió cómo sus células inmunológicas respondían a microbios y anticuerpos. El factor que más influía en la respuesta inmunológica de cada persona no eran los genes.
Era el historial de infecciones pasadas. Específicamente, el contacto previo con citomegalovirus, un virus común que la mayoría contrae sin síntomas.
“El sistema inmunológico está diseñado para moldearse por lo que realmente se expone a lo largo de la vida, no principalmente por lo que heredó”, resume Brodin.
Por qué esto cambia el juego
Que el ambiente tenga tanta influencia significa algo concreto: no somos prisioneros de nuestros genes. Los hábitos cuentan. La exposición cuenta. Las infecciones pasadas cuentan.
Esto tiene implicaciones directas:
- Cómo respondés a una vacuna
- Por qué contraés una infección y tu hermano no
- Tu riesgo de desarrollar enfermedades autoinmunes
- Cómo reaccionás a los tratamientos
Brodin también notó que la edad de los gemelos importaba. Observó pares de 8 a 82 años y vio que la herencia genética no es “fija”, sino que se erosiona con el tiempo. Cuanto más vivimos, menos importan los genes y más importa lo que hicimos con nuestro cuerpo.
“Es completamente lógico desde el punto de vista biológico”, señala Brodin. “El trabajo entero del sistema inmunológico es responder a un mundo externo de patógenos que cambia constantemente. Sería un diseño pobre si estuviera rígidamente programado genéticamente antes de cualquier exposición”.




