Leonardo DiCaprio compró en 2005 la isla Blackadore Caye, de 42 hectáreas en Belice, para impulsar un proyecto turístico con recuperación ecológica (REUTERS/Daniel Cole)

El actor y activista ambiental Leonardo DiCaprio compró en 2005 Blackadore Caye, una isla de 42 hectáreas frente a la costa de Belice, después de visitar el país para bucear en su sistema de arrecifes. Su objetivo era impulsar un desarrollo turístico que, además de recibir huéspedes, financiara la recuperación de ecosistemas afectados por la actividad humana.

En 2015, una década más tarde, el intérprete explicó a The New York Times que buscaba alejarse del modelo de resort convencional. La propuesta contemplaba restaurar zonas degradadas, reforestar manglares y proteger especies marinas, incluidos peces y manatíes, en un entorno donde la erosión costera y la extracción de vegetación habían alterado el equilibrio natural.

La iniciativa, denominada Blackadore Caye, a Restorative Island, preveía villas, residencias privadas, espacios para investigación y conservación, además de sistemas de energía renovable y tratamiento de agua.

Con el tiempo, el desarrollo acumuló postergaciones y recibió críticas de científicos y activistas locales, que advirtieron sobre los posibles efectos de una construcción de gran escala sobre los hábitats marinos cercanos.

El plan de Blackadore Caye buscó proteger peces y manatíes, reforestar manglares y restaurar ecosistemas alterados por la erosión y la extracción de vegetación (Render/ Créditos: http://www.restorativeislands.com)

Cuál es la isla que compró Leonardo DiCaprio

Blackadore Caye está a unos 45 minutos en barco del Aeropuerto Internacional Philip S. W. Goldson, en la ciudad de Belice, y a 15 minutos de San Pedro, la localidad más cercana.

Aunque el cayo no tiene población permanente, arrastra las consecuencias de décadas de actividad humana. El biólogo Juan Rovalo explicó a The New York Times que los pescadores solían detenerse allí durante sus viajes hacia los mercados de México. En esas visitas, cortaban manglares para usarlos como leña y procesar sus capturas.

La extracción de recursos también afectó a las palmeras, que fueron retiradas para ornamentar hoteles en San Pedro. La reducción de la vegetación nativa debilitó las dunas que protegían el terreno y dejó sectores de la costa más expuestos a la erosión provocada por el oleaje.

Ese deterioro contrasta con la importancia ambiental de su ubicación. Belice alberga la segunda barrera de coral más grande del mundo y una amplia variedad de especies marinas, lo que explica el interés ambiental que despertó el lugar.

Leonardo DiCaprio tardó cerca de diez años en encontrar socios para desarrollar Blackadore Caye bajo criterios ambientales y luego se asoció con Paul Scialla y Delos (Créditos: http://www.restorativeislands.com)

El plan anunciado para Blackadore Caye contemplaba construir las villas sobre una plataforma elevada, con arrecifes artificiales y refugios para peces bajo el agua. También preveía instalar un vivero de pastos marinos para apoyar un área de conservación de manatíes, replantar manglares nativos y reemplazar especies invasoras.

Según el diseño difundido inicialmente, cerca del 45% de la superficie quedaría destinado a conservación. La iniciativa además establecía restricciones para los visitantes, como la prohibición de ingresar botellas plásticas de agua y la realización de una orientación sobre las condiciones ecológicas del cayo.

Cuáles fueron los inconvenientes de DiCaprio para comprar la isla

La adquisición no representó el principal obstáculo para DiCaprio. El actor compró el terreno por 1,75 millones de dólares junto con Jeff Gram, propietario del complejo Cayo Espanto Island Resort. La dificultad posterior fue encontrar una empresa que aceptara desarrollar la iniciativa bajo los parámetros ambientales que buscaba.

De acuerdo con The New York Times, DiCaprio demoró cerca de 10 años en hallar un socio para llevar adelante su propuesta. Un acuerdo previo con la cadena Four Seasons Hotels no prosperó. Finalmente, se asoció con Paul Scialla, director ejecutivo de la desarrolladora neoyorquina Delos, para crear la firma Restorative Islands L.L.C., responsable de la construcción.

El diseño arquitectónico quedó a cargo de Jason F. McLennan y se apoyaba en los criterios de Living Building Challenge, un estándar ambiental que plantea autosuficiencia en agua y energía. Entre los elementos anunciados figuraban iluminación adaptada a los ciclos de sueño, sistemas avanzados de purificación de aire y agua y materiales considerados no tóxicos.

El resort de Blackadore Caye sufrió postergaciones desde 2018 y 2020, y reportes posteriores señalaron que no había obras en marcha pese a que el proyecto seguía activo (Créditos: http://www.restorativeislands.com)

La primera fecha de apertura apuntaba a 2018. Después, el desarrollo volvió a ser mencionado con una meta para 2020, pero ambas previsiones se aplazaron. The Sun informó que una fuente vinculada a los desarrolladores aseguró que no había obras en marcha ni una construcción programada en ese momento, aunque sostuvo que la iniciativa no estaba cancelada.

El mismo medio citó un informe de Top Hotel News que situaba la eventual finalización de la obra hacia el último trimestre de 2023, después de una pausa atribuida a las restricciones por la pandemia de COVID-19. Esa proyección incluía 116 unidades: 68 villas, 48 residencias privadas sin conexión a redes convencionales y un club privado.

Las objeciones partieron, sobre todo, de organizaciones ligadas a la conservación de pesquerías y del sector turístico local. Aaron Adams, director de ciencia y conservación de Bonefish & Tarpon Trust, declaró a The Sun que definir el plan como “restaurativo” constituía “greenwashing”, término usado para describir estrategias que presentan como sustentable una actividad cuestionada por su impacto ambiental.

Adams advirtió sobre la posibilidad de dragados para formar playas, mayor circulación de embarcaciones, contaminación y ruido. A su juicio, esas intervenciones podían alejar a los peces y afectar una pesquería que atrae a aficionados a la pesca con mosca, actividad que, según el medio británico, genera unos 55 millones de dólares anuales para Belice.

Científicos y organizaciones de Belice cuestionaron el proyecto de Leonardo DiCaprio por el posible impacto sobre hábitats marinos, pesquerías y la actividad turística local (Imagen Ilustrativa Infobae)

Rebecca Arceo, operadora turística y una de las voces de la protesta local, cuestionó que un complejo dirigido a visitantes de alto poder adquisitivo pudiera presentarse como una solución ambiental. Los opositores promovieron campañas para pedir que el cayo se convirtiera en una reserva marina permanente.

Los desarrolladores, en cambio, defendieron que la iniciativa restauraría manglares, ampliaría las zonas de conservación y funcionaría con energía renovable. El sitio web de Blackadore Caye sostiene que la propuesta busca mejorar la salud biológica de las especies terrestres y acuáticas del área.

Con las obras aplazadas y versiones contrapuestas sobre su avance, el futuro del resort quedó sujeto a la concreción de los permisos, la financiación y las condiciones ambientales que reclaman sus impulsores y cuestionan sus detractores.