
Los gatos adaptan su forma de saludar a las personas con las que conviven, según un estudio publicado en la revista Ethology que analizó en Turquía las reacciones de 31 animales al regreso de integrantes de sus familias.
Durante los primeros 100 segundos después de que cada persona entraba a casa, los felinos fueron grabados con teléfonos o cámaras GoPro y mostraron diferencias en sus vocalizaciones según quién cruzaba la puerta.
La investigación fue dirigida por Yasemin Salgirli Demirbas, de la Universidad de Ankara, y se centró en conductas cotidianas que hasta ahora se conocían principalmente a través de observaciones de los propios cuidadores.
Cómo se analizaron los saludos felinos

Las familias participantes registraron el momento en que volvían a sus hogares. Debían comportarse de la forma más habitual posible para que las reacciones de los gatos reflejaran una situación cotidiana y no una interacción modificada por la presencia de los investigadores.
Participaron inicialmente 40 cuidadores, pero 9 casos fueron excluidos por problemas en las grabaciones o por intervenciones que impedían observar al felino. Los cuidadores debían ser adultos y convivir con el ejemplar desde hacía al menos 6 meses; los animales tenían que tener un mínimo de 8 meses.
El equipo revisó cientos de fragmentos de video y evaluó 22 criterios. Entre ellos figuraban la cantidad de maullidos, el roce de la cabeza contra las piernas, los bostezos, los estiramientos y otras respuestas que pueden aparecer en el momento del reencuentro.

Los resultados no se limitaron a los maullidos, sino que también incluyeron comportamientos sociales amistosos, como la cola levantada, la aproximación al humano y los roces. A la vez, los especialistas identificaron gestos que describieron como conductas de adaptación, entre ellos rascarse, bostezar o estirarse.
Estos comportamientos permiten interpretar el saludo como una interacción con más de una función. Por una parte, el animal busca restablecer el contacto con la persona que llegó y, por otra, puede liberar la tensión acumulada durante su ausencia. El estudio define ese conjunto de respuestas como “una forma compleja de comunicación”.
Los maullidos fueron más frecuentes ante los cuidadores masculinos
La diferencia de vocalizaciones se mantuvo más allá de variables como la edad, raza o sexo del gato, así como del tamaño del hogar. En las observaciones, los felinos produjeron maullidos, ronroneos y gorjeos con mayor frecuencia cuando el integrante que regresaba era un hombre.

El análisis registró un promedio de 4,3 vocalizaciones ante un hombre, frente a 1,8 ante una mujer, una diferencia que los autores vinculan con la manera en que cada grupo podría responder a las mascotas.
Según la interpretación de los autores, los hombres tendrían “tendencia” a hablar menos con los individuos y serían “generalmente” menos atentos a sus señales que las mujeres. Ante esa respuesta, los animales podrían intensificar los sonidos para lograr atención.
La hipótesis no supone que todos los ejemplares actúen de la misma manera ni que cada familia reproduzca ese patrón. El trabajo describe una tendencia identificada en la muestra estudiada y relaciona la conducta del gato con el tipo de intercambio que establece con cada persona de su entorno.
Los límites de la investigación

Vale destacar que los responsables del trabajo señalaron que el contexto cultural y el número de participantes limitan la posibilidad de extender los resultados a todos los hogares, aunque aclararon que “proporciona una base valiosa para futuras investigaciones, en las que muestras más grandes y la inclusión de variables adicionales [...] del comportamiento podrían revelar más sutilezas en los patrones de comportamiento felino”. El siguiente paso, según Demirbas y sus colegas, es ampliar el análisis a otros países y culturas.




