Víctor Accastello lleva años explicando que un grano de maíz puede tener destinos bastante más interesantes que salir del país en la bodega de un barco. Desde ACA Bio, la enorme planta que transforma ese cereal en bioetanol en Villa María, Córdoba, este entusiasta del valor agregado insiste con una idea: procesar el maíz en origen, producir combustible y aprovechar los subproductos de ese proceso para alimentar ganado. Lo viene diciendo desde hace dos décadas, cuando la Argentina adoptó su primera legislación sobre combustibles renovables.

Por eso, frente al nuevo proyecto de Ley de Biocombustibles que obtuvo media sanción en el Senado, su reacción combina satisfacción por lo conseguido con ganas de ir bastante más lejos.

“Es una ley posible”, definió Accastello en una entrevista con Bichos de Campo. La frase resume su mirada sobre una reforma que propone elevar del 12% al 15% la mezcla obligatoria de bioetanol en las naftas y del 7,5% al 10% la de biodiésel en el gasoil. La iniciativa recibió media sanción y ahora espera su tratamiento en Diputados.

Para el sector del bioetanol, combustible que se produce a partir de maíz pero también desde la caña de azúcar, esos tres puntos adicionales representan el avance de una demanda que lleva una década dando vueltas. De hecho, esa suba es una vieja promesa electoral desde 2015. Accastello reconoció la demora con pocas palabras: “Muy lento todo”.

Pero también explicó que, según observa en el mercado, las petroleras ya incorporan voluntariamente más etanol que el exigido por el marco regulatorio. Aseguró que las naftas premium tienen un 15% y las súper un 13%. En su interpretación, esa decisión comercial muestra que el producto resulta competitivo en precio: las compañías utilizan más porque les conviene, aun sin estar obligadas.

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La aspiración de ACA Bio, de todos modos, supera ampliamente ese piso. Accastello quiere que la Argentina acerque su política de mezclas a la de sus vecinos. “Nosotros queremos que Argentina armonice con Mercosur”, planteó en concreto. Mencionó como referencias el 30% de Paraguay y el 32% de corte de Brasil.

El contraste permite entender por qué el empresario describe el paso argentino del 12% al 15% como “un saltito”. Víctor lo acepta como una mejora, pero considera que todavía falta una señal de largo plazo que permita proyectar otra escala industrial.

“Tal vez dentro de tres o cuatro años tengamos que hablar de un 25%, con ese horizonte de 30% para dentro de ocho o diez años, y ahí sí que nacerían muchas plantas industriales”, sostuvo el directivo de una de las primeas plantas de bioetanol que tuvo el país, perteneciente al movimiento cooperativo.

La diferencia entre llegar al 15% y apuntar al 30% no se limita a una discusión de porcentajes. Según Accastello, la capacidad instalada de las plantas argentinas de etanol permitiría cubrir aproximadamente el primero de esos objetivos. Una parte de la producción que hoy se exporta podría volcarse al mercado interno, aunque advirtió que también deben contemplarse las paradas de mantenimiento de las fábricas.

Es decir: el aumento del corte previsto en la nueva ley podría atenderse, en buena medida, con las instalaciones existentes. El desafío cambia si se pretende abastecer esa mayor demanda local y, al mismo tiempo, conservar los clientes conquistados en el exterior.

ACA Bio tiene un ejemplo concreto. Accastello contó que, durante el último año, la planta de Villa María exportó 100.000 metros cúbicos de etanol a Brasil y Europa. Ese volumen equivale a un tercio de su producción anual, que ubicó en 300.000 metros cúbicos.

“Si queremos seguir conservando ese mercado y hay aumento de corte en Argentina”, habría espacio para nuevas inversiones. Imaginó dos o tres plantas adicionales, de unos 150.000 metros cúbicos anuales cada una: la mitad de la escala de ACA Bio, pero un tamaño que consideró adecuado para el país.

¿Dónde podrían instalarse? En esa hipótesis, su mapa incluye el centro oeste de Santa Fe, el oeste bonaerense y el sur cordobés. El criterio combina disponibilidad de materia prima, el maíz, corta distancia a los puertos y cercanía a los establecimientos ganaderos que absorberían la burlanda.

Es que esa es una de las claves del negocio y excede el tema que trata la ley. La fábrica de etanol aprovecha el almidón del maíz para producir combustible, mientras que la burlanda, uno de sus coproductos, se utiliza en alimentación animal. Para Accastello, esa articulación permite que la industrialización del cereal también beneficie a tambos y productores de carne.

El razonamiento tiene una lógica territorial: transformar cerca del campo un grano al que le pesa el flete hasta el puerto y encontrar, en esa misma región, compradores para el alimento que sale de la planta. El combustible es una parte del negocio; la relación con la ganadería ayuda a completar la ecuación.

Accastello también destacó las oportunidades del mercado europeo. Según relató, la reducción de aranceles dentro de las cuotas previstas en el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea mejora las condiciones de ingreso del etanol. Afirmó que la empresa ya comenzó a realizar exportaciones bajo ese esquema durante 2026.

En biodiésel, en cambio, su expectativa industrial es diferente. Consideró que el aumento de la mezcla al 10% podría abastecerse muy fácilmente con la capacidad ociosa existente, por lo que no anticipa la construcción de nuevas fábricas como consecuencia inmediata de ese cambio.

También entiende que los porcentajes propuestos dejan a las refinerías petroleras en una situación “relativamente cómoda”. En su lectura, sumar biocombustibles permite complementar una capacidad de refinación que describe como plenamente utilizada. Pero reconoció que detrás de la discusión hay intereses distintos: el petróleo también se transforma en nafta y gasoil, y sus productores buscan colocar esos combustibles en el mercado interno.

Por eso, su apoyo al proyecto tiene el tono de quien acepta un acuerdo alcanzable y mantiene abierta la pelea por el siguiente paso. “Quizás dentro de tres o cuatro años estemos hablando de una ley que te marque un horizonte para armonizar con el Mercosur”, insistió Accastello, que no se resigna y quiere ir más rápido.