Los medios españoles ofrecieron lecturas contrapuestas sobre Mis muertos tristes, la serie del director chileno Pablo Larraín basada en relatos de la escritora argentina Mariana Enriquez que tuvo su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. El diario El Mundo, uno de los periódicos generalistas de mayor difusión, le otorgó tres estrellas sobre cinco y calificó la obra como “tan atmosférica como caprichosa y errática”. La reseña considera un error la decisión de proyectar los cuatro episodios como un bloque único: “por adelantar el diagnóstico, es mala idea la de juntarla”, escribió, y añadió que Larraín construye una narrativa “completamente errática, algo caprichosa y plagada de bellos accidentes que, en puridad, se agotan en sí mismos sin conducir a lugar alguno”.

La Vanguardia, diario de referencia editado en Barcelona, resumió el clima ambivalente del festival con una fórmula directa: “pese a que la serie cautivó al mismísimo Stephen King, en tierras vascas Larraín ha dividido a la audiencia”. El diario adelantó además el tono crudo de la trama, que enfrenta a la protagonista con “mujeres acosadas por sus exmaridos, adolescentes asesinadas por narcotraficantes, toxicómanos muertos de sobredosis, delincuentes linchados por los vecinos y personas incomprendidas que se suicidan”.

En una línea crítica similar, El Periódico, diario generalista con sede en Barcelona, tituló su cobertura “Netflix y Pablo Larraín simplifican el fascinante imaginario de Mariana Enríquez”. El crítico del medio, Nando Salvà, sostuvo que la producción “abusa de los subrayados argumentales y prescinde de los matices, las sutilezas y las honduras típicas de la obra de Enríquez”, una valoración que contrastó con el enfoque más descriptivo de El País, que centró su cobertura en una entrevista con Larraín y Enríquez sin formular una valoración crítica explícita sobre el resultado final. La serie llegará a Netflix este jueves 24 de septiembre en formato de cuatro episodios.

De qué se trata ‘Mis muertos tristes’

La ficción tiene como protagonista a Ema, una médica recién jubilada interpretada por Mercedes Morán, capaz de ver y comunicarse con los muertos. Mientras procesa el fallecimiento de su madre, la llegada de su sobrina Julie, que comparte ese don, coincide con el asesinato de tres adolescentes en Piedrabuena, un barrio empobrecido del conurbano bonaerense. Ese hecho desencadena una serie de fenómenos sobrenaturales que se extienden por todo el vecindario y afectan la vida cotidiana de sus habitantes.

De izq. a der.: Mariana Enriquez, Alejandra Flechner, Carolina Sánchez Álvarez, Dolores Fonzi, Mercedes Morán y Pablo Larraín

El elenco se completa con Dolores Fonzi, en el papel de la hija fotógrafa de Ema, y Alejandra Flechner, como su hermana, que llega desde Estados Unidos junto a su marido y su hija. El guion, escrito por Larraín junto a Guillermo Calderón, Anastasia Ayazi y la propia Mariana Enríquez, toma como columna vertebral el cuento homónimo de la autora e incorpora elementos de otros relatos de su libro Un lugar soleado para gente sombría, entre ellos “Julie” y “Cuando hablábamos con los muertos”.

En diálogo publicado por El País, Enriquez explicó el origen del proyecto: “empezamos a trabajar en esta historia de mujeres que atraviesan muchas precariedades en una vida de barrio, con un montón de estrategias de supervivencia”. Larraín, por su parte, describió el cambio de perspectiva que propone la serie respecto a la tradición del género de fantasmas: “ahora es el muerto el que viene a pedir que no lo olviden. La memoria de ese fantasma también está en juego”, declaró al mismo diario.

Para su presentación en el certamen vasco, los cuatro episodios se ensamblaron en un único bloque de 187 minutos exhibido como largometraje. El director chileno de No y El Conde, autor además de películas en inglés levemente biográficas sobre Jackie Kennedy, Lady Di y María Callas, aseguró que no existe ninguna diferencia de contenido entre ambas versiones y precisó que la única modificación consistió en eliminar los créditos finales de cada capítulo.

Opiniones divergentes sobre ‘Mis muertos tristes’

La reseña de El Mundo fue una de las más elaboradas entre los diarios generalistas. El crítico definió la obra como “un drama entre gótico y neorrealista tan atmosférico como caprichoso y errático” y remarcó que Larraín estructura la serie “solo pendiente de crear un ambiente, de provocar una ansiedad, de introducir al espectador en un estado de ánimo entre la indignación, el miedo y la simple ternura”. Pese a los reparos narrativos, el medio destacó la fotografía de Sergio Armstrong, a la que describió como “una pesadilla azul que no acaba”, y el trabajo de Mercedes Morán, cuya “displicencia” logra arrancar, según el texto, “más de una carcajada, carcajada triste, pero carcajada al fin”. La conclusión del crítico resumió el carácter contradictorio de la propuesta: “es serie, pero tan alejada de lo que comúnmente nos venden por serie, que bien podría llamarse simplemente fantasma”.

Mariana Enriquez, Pablo Larrain y Mercedes Morán durante la conferencia de prensa de presentación de 'Mis muertos tristes' en San Sebastián

El Periódico centró su crítica en la tensión entre el material literario original y las exigencias del formato para una plataforma de streaming. El texto reconoció que la serie “captura cómo el humor y el absurdo permean el horror consustancial a la vida cotidiana con precisión similar a la exhibida” por el cuento de Mariana Enriquez, pero advirtió que, “probablemente por la necesidad de adaptación a la audiencia tipo de Netflix”, la producción “abusa de los subrayados argumentales y prescinde de los matices, las sutilezas y las honduras típicas de la obra” de la escritora. El medio observó además que varias tramas quedan “extrañamente incompletas”, aunque planteó que ese defecto podría subsanarse si la ficción obtiene una segunda temporada.

El mismo diario recogió declaraciones de Enríquez sobre el proceso de adaptación: “me gustó la idea de tomar retazos de textos míos para crear algo nuevo”, afirmó la autora argentina radicada en Australia, quien agregó que “las versiones cinematográficas de libros me gustan cuando proponen variaciones sustanciales” porque “la literatura y el cine son medios tan distintos que buscar adaptaciones miméticas es absurdo”.

La cobertura de La Vanguardia, retomada por medios latinoamericanos, puso el acento en el contraste entre la ovación que recibió la función y las reseñas divididas que circularon después entre los especialistas presentes en San Sebastián. El diario catalán detalló el catálogo de violencias que atraviesa la trama, desde agresiones machistas hasta linchamientos vecinales, como parte de la construcción de ese universo social que retrata la ficción.

La discusión no se limitó al contenido de la obra. El Periódico cuestionó la decisión del festival de incluir una serie en la competencia oficial junto a largometrajes, con una comparación directa: ensamblar los episodios “no los convierte en un largometraje del mismo modo que una mula no se convierte en una cebra si le pintamos rayas en el torso”. Se trata de la primera vez que una producción televisiva compite en la Sección Oficial de un festival de cine de este perfil. Larraín explicó que fue el propio certamen el que le propuso participar en la competición. Los premios del Festival de San Sebastián se entregarán el sábado 26, dos días después del estreno de Mis muertos tristes en Netflix.

[Fotos: prensa SSIFF]