Sarah Yáñez-Richards
Nueva York, 27 sep (EFE).- El altruismo eficaz, la corriente filosófica y cuantitativa nacida en la academia británica que conquistó las élites de Silicon Valley y financió la vanguardia de la seguridad en inteligencia artificial (IA), ha chocado contra la Administración Trump, que tacha la doctrina de "farsa" catastrofista y sectaria que amenaza el liderazgo de Estados Unidos frente a China.
Surgido hace unas dos décadas e impulsado formalmente por académicos de la Universidad de Oxford como William MacAskill y las ideas del filósofo Peter Singer, el altruismo eficaz es una corriente intelectual y práctica que busca maximizar el impacto positivo en el mundo mediante la razón, la evidencia científica y la asignación cuantitativa de recursos.
Frente a la filantropía convencional, prioriza causas que considera de gran escala, abordables y desatendidas, como la prevención de pandemias, y se expande a través de ramificaciones como el "largoplacismo" (longtermism), que sitúa la supervivencia futura de la humanidad frente a riesgos existenciales como una prioridad moral apremiante.
El método cuantitativo y centrado en la optimización caló con fuerza en la cuna de la tecnología en EE. UU., Silicon Valley, donde analistas, ingenieros y magnates vieron reflejada su mentalidad técnica.
Entre sus mecenas e impulsores figuran cofundadores de gigantes como Dustin Moskovitz (Facebook), a través de Open Philanthropy (ahora Coefficient Giving), así como Jaan Tallinn, que participó en el desarrollo de Skype.
No obstante, la imagen del movimiento sufrió un duro golpe reputacional tras la quiebra de la plataforma de criptomonedas FTX y la condena judicial a 25 años de prisión de su fundador, Sam Bankman-Fried, quien fue uno de sus donantes más visibles.
Donantes del Effective Altruism (EA) financiaron el nacimiento de Anthropic, ya que muchos de sus cofundadores tienen vínculos con esta filosofía, y respaldaron sus investigaciones en centros como OpenAI.
Sin embargo, la perspectiva catastrofista del movimiento, que advierte sobre la posibilidad de perder el control de la IA y amenazar la supervivencia humana, ha generado fricciones.
Recientemente, el consejero delegado de Anthropic, Dario Amodei, y otras figuras de la industria pidieron pausar o regular el ritmo de despliegue para priorizar la seguridad.
Esta semana, Sam Altman (OpenAI) y Amodei comparecieron ante el Consejo de Seguridad de la ONU en una histórica sesión auspiciada por Francia, donde ambos líderes admitieron que ningún Estado ni empresa puede gestionar los riesgos en solitario y apoyaron salvaguardias internacionales.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y sus aliados ven las advertencias sobre el peligro existencial de la IA como un obstáculo para el crecimiento económico y bursátil de EE. UU.
Trump ha calificado el riesgo de la IA de "farsa" y denunció una supuesta conspiración contra los centros de datos que, según afirmó, solo favorece a China.
Cuentas oficiales del Departamento de Defensa llegaron a publicar consignas como "Americanismo, no altruismo eficaz".
De acuerdo con el medio Axios, esta semana se difundió un memorando en la Casa Blanca donde se ataca a esta corriente por ser "catastrofista" y tener una ideología "globalista y sectaria" que contraviene la agenda económica y nacionalista de Washington.
El rechazo no es exclusivo del círculo de Trump. Directores ejecutivos como Jensen Huang, de Nvidia, y Satya Nadella, de Microsoft, intentan construir un mensaje más positivo sobre los beneficios de la IA, con la esperanza de ganarse al público general frente a la creciente reacción populista en contra de esta tecnología.
Desde el sector militar y empresarial, lideres como Shyam Sankar, director de tecnología de Palantir y aliado de Trump, argumentó en contra del EA y lo comparó con el marxismo en X: "El obsesionismo por la seguridad de la IA se asemeja cada vez más a un marxismo-leninismo para la era algorítmica".
"La antigua vanguardia reivindicaba un conocimiento privilegiado sobre el curso inevitable de la Historia. La nueva vanguardia reivindica un conocimiento privilegiado sobre el curso probabilístico de la Humanidad. Ambas emplean un complejo marco intelectual para llegar a la misma conclusión política: un pequeño grupo de personas ilustradas debe restringir a los demás por su propio bien", escribió Sankar en X este mes. EFE


