El domingo, Bethwel Kibet Chumba volvió a poner a Kenia en lo más alto de la Maratón de Buenos Aires. El atleta de 35 años completó los 42,195 kilómetros en 2 horas, 8 minutos y 22 segundos y se quedó con la 42ª edición de una carrera que reunió a más de 16.000 participantes de 64 países. No fue un caso aislado: la presencia de corredores de Kenia y Etiopía entre los primeros puestos es una constante en las grandes pruebas de larga distancia.
Detrás de esos resultados existe un sistema de entrenamiento que empieza mucho antes de que un atleta llegue a una maratón internacional. Juan Cruz Vega Pose, kinesiólogo y entrenador que trabajó con corredores de ambos países, conoce ese proceso desde adentro. Durante su experiencia en África acompañó a atletas profesionales en la preparación física, el entrenamiento de fuerza y la prevención de lesiones.
Su principal base de trabajo está en Iten, una localidad de Kenia situada a más de 2.000 metros sobre el nivel del mar y reconocida como uno de los grandes centros del atletismo de fondo. Allí, correr no es una actividad reservada a los profesionales: forma parte del paisaje y de la rutina de la población.
“Es un pueblo rural donde no hay mucho más que gente agricultora y corredores. A la mañana hay mucha gente corriendo de muy alto nivel”, contó Vega Pose en Infobae a la Tarde.

El entrenamiento empieza mucho antes de la maratón
Una de las particularidades del lugar es el contacto temprano con la actividad física. Los chicos corren para trasladarse, jugar o acompañar a otros corredores, por lo que el atletismo aparece en sus vidas mucho antes de que exista una preparación profesional.
“Desde chicos ya corren mucho en la calle como medio de transporte, como juego”, explicó Vega Pose. Durante sus entrenamientos, incluso, suele ocurrir que niños de seis o siete años se incorporen espontáneamente durante algunos kilómetros. “Capaz dos kilómetros están ahí, corriendo con chanclas”, recordó.
Ese entorno no determina quién llegará a la elite, pero genera una base distinta a la de otros países: los jóvenes crecen viendo entrenar diariamente a corredores profesionales y tienen acceso directo a una cultura deportiva consolidada.
Cuando aparece el talento, el proceso cambia. La cantidad de kilómetros, la intensidad y los descansos pasan a formar parte de una planificación específica y se incorporan herramientas de seguimiento físico.

Qué tiene que ver la altura
Iten está ubicado por encima de los 2.000 metros, una condición que resulta especialmente relevante para los corredores de fondo. Entrenar de manera habitual a esa altitud implica hacerlo con una menor disponibilidad de oxígeno y puede producir adaptaciones fisiológicas aprovechadas posteriormente cuando los atletas compiten a menor altura.
Vega Pose también destaca las condiciones climáticas de la zona, que permiten sostener una rutina de entrenamiento durante prácticamente todo el año. La combinación de altura, clima y caminos de tierra convierte al entorno en parte del propio programa de entrenamiento.
Pero la altitud no alcanza para explicar los resultados. Cuando un corredor llega a la elite, el trabajo cotidiano incorpora fuerza, controles fisiológicos y prevención de lesiones.
“Nos encargamos del entrenamiento de fuerza y de prevención de lesiones y colaboramos con otro entrenador keniano en el desarrollo del programa de running”, explicó Vega Pose, que trabajó junto al argentino Julián Alonso y entrenadores locales.
El seguimiento se realiza durante las sesiones. En los entrenamientos menos exigentes, los preparadores pueden correr junto a los atletas para observar su técnica y detectar molestias. “Vas corriendo con ellos, ves si están corriendo normal, si tienen alguna molestia”, describió.

En las jornadas más importantes aparecen además mediciones específicas. “En entrenamientos claves, vamos sacando métricas o tomamos lactato y vemos cómo está un poco el rendimiento”, detalló. El objetivo es ajustar las cargas y detectar problemas antes de que una lesión obligue al atleta a detenerse: “La idea es que no se lesionen. Se puede prevenir mucho”.
Correr como profesión
El alto rendimiento también está relacionado con una cuestión económica. En algunas regiones de Kenia, convertirse en corredor profesional representa una posibilidad concreta de mejorar las condiciones de vida de una familia.
Vega Pose lo explicó a partir de una comparación con la Argentina: “Así como acá quieren jugar al fútbol, allá una salida económica buena para ellos es correr”.
El camino hacia esa posibilidad pasa, entre otras cosas, por conseguir un contrato con una marca. Ese vínculo permite al atleta contar con ingresos más estables y no depender exclusivamente de los premios de cada carrera.
Según estimó el entrenador, un corredor de buen nivel puede alcanzar alrededor de USD 60.000 anuales, mientras que uno muy destacado puede acercarse a los USD 80.000, dependiendo de sus acuerdos, resultados y bonos. Para las familias de origen, esos ingresos pueden significar la posibilidad de acceder a una vivienda o ayudar económicamente a otros integrantes.

La alimentación también cambia a medida que aumenta el nivel del atleta. En las comunidades rurales, la carne puede ser un alimento costoso y las fuentes de proteína pueden ser principalmente huevos y legumbres. Los corredores que alcanzan posiciones más importantes dentro del circuito profesional cuentan con una planificación nutricional más precisa: “Aquellos que están más posicionados tienen un menú más monitoreado”, explicó.
Kenia y Etiopía, dos caminos hacia la elite
Vega Pose también trabajó en Etiopía, otro de los países que históricamente concentra a los mejores especialistas en larga distancia. El fenómeno comparte algunas características con el keniano, aunque existen diferencias en las estructuras de entrenamiento y hasta en la comunicación: mientras en Kenia el inglés facilita el trabajo con equipos extranjeros, en Etiopía el idioma suele requerir la presencia de un intermediario.
En ambos casos, la formación combina el contacto temprano con la carrera y una posterior profesionalización. El paso hacia la elite suma planificación, fuerza, controles fisiológicos, nutrición y prevención de lesiones.
La dimensión económica también ayuda a explicar por qué el atletismo ocupa un lugar tan importante en estas comunidades. Para los corredores que consiguen resultados internacionales, el rendimiento puede traducirse en premios, contratos con marcas y una fuente de ingresos capaz de mejorar no solo su propia situación, sino también la de sus familias.
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