Raízen es una de las mayores productoras de azúcar y etanol de Brasil. En la campaña 2025/26 procesó 70,5 millones de toneladas de caña de azúcar, produjo 4,8 millones de toneladas de azúcar y 2.576 millones de litros de etanol. Actualmente cuenta con 24 unidades agroindustriales y su estructura productiva está vinculada con alrededor de 1,2 millón de hectáreas cultivadas.
Raízen nació en 2011 a partir de la asociación entre dos grupos que venían de mundos diferentes: Cosan, uno de los grandes productores brasileños de azúcar y etanol, y Shell, una de las mayores compañías petroleras del mundo.
La historia agroindustrial venía principalmente del lado de Cosan. Sus orígenes se remontan a 1936, cuando la familia Ometto comenzó a operar la usina Costa Pinto, en Piracicaba, en el estado de San Pablo.

El crecimiento de la firma se aceleró bajo el liderazgo de Rubens Ometto, integrante de la familia fundadora. Cosan fue sumando usinas y aumentando su capacidad para producir azúcar y etanol hasta convertirse en uno de los principales grupos del sector. En 2005 salió a Bolsa y comenzó además a diversificarse hacia otras actividades.
El gran cambio llegó seis años después. En 2011 Cosan y Shell decidieron reunir parte de sus negocios en una nueva compañía. La brasileña aportó su estructura de azúcar y etanol, que entonces incluía 23 unidades productivas, además de activos de distribución de combustibles. Shell incorporó sus operaciones brasileñas de distribución y comercialización de combustibles y otros activos vinculados con los biocombustibles.

Así nació Raízen. El nombre fue construido a partir de las palabras raíz y energía, y buscaba reflejar precisamente la combinación entre la producción agrícola y el negocio energético.
Actualmente cada una posee aproximadamente 44% del capital total y 50% de las acciones ordinarias con derecho a voto. El resto está principalmente en manos de inversores que ingresaron después de que Raízen comenzara a cotizar en la bolsa brasileña en 2021.
Su negocio agroindustrial comienza en la caña de azúcar. Raízen se abastece tanto de producción propia como de caña comprada a productores independientes. En total, su operación involucra alrededor de 1,2 millón de hectáreas cultivadas, aunque esa superficie no pertenece en su totalidad a la compañía.

La materia prima llega a una red que actualmente quedó conformada por 24 unidades agroindustriales. Allí comienza un proceso en el que prácticamente toda la caña puede ser aprovechada. El jugo sirve para fabricar azúcar o etanol, mientras que el bagazo y otros residuos pueden utilizarse para generar energía o producir biocombustibles de segunda generación.
Esa flexibilidad es una de las características del negocio sucroenergético brasileño. Las empresas pueden modificar parcialmente el destino de la caña de acuerdo con los precios y las condiciones de los mercados de azúcar y combustibles.
Durante la campaña 2025/26, Raízen destinó 53% de su mix industrial al azúcar y 47% al etanol. Con las 70,5 millones de toneladas de caña procesadas produjo 4,824 millones de toneladas de azúcar y 2.576 millones de metros cúbicos de etanol.

La productividad de la caña propia alcanzó 72,9 toneladas por hectárea, frente a 76,9 toneladas del ciclo anterior. La caída estuvo asociada en parte a condiciones climáticas adversas, que según la compañía redujeron en alrededor de 900.000 toneladas la disponibilidad de materia prima.
El azúcar sigue ocupando un lugar central dentro del negocio. En 2025/26 la producción cayó 5,5%, hasta 4,8 millones de toneladas, mientras que las ventas alcanzaron 5,2 millones. El precio promedio obtenido por el azúcar propio bajó 9,1%, hasta 2.320 reales por tonelada.
En etanol, la producción fue de 2.576 millones de litros, 17,9% menos que en la campaña anterior. El retroceso fue mayor que el registrado en azúcar porque la compañía destinó una proporción más grande de la caña hacia el endulzante durante buena parte del ejercicio.
Raízen tiene además un negocio que busca obtener más producción de la misma hectárea: el etanol de segunda generación, conocido como E2G. En lugar de utilizar solamente los azúcares contenidos en el jugo de la caña, esta tecnología aprovecha también el bagazo y la paja que quedan después del procesamiento.
La compañía sostiene que el sistema permite incrementar hasta 50% la producción de etanol sin necesidad de ampliar la superficie cultivada. Su primera planta comercial comenzó a operar en Costa Pinto y luego avanzó con nuevas unidades. En Bonfim construyó una planta con capacidad para producir 82 millones de litros anuales y una inversión de aproximadamente 1.200 millones de reales.
En la campaña 2025/26, la producción de E2G llegó a 120,2 millones de litros, más del doble que los 51,5 millones del ciclo anterior. El volumen todavía representa una porción pequeña frente al etanol convencional, pero es una de las principales apuestas tecnológicas de la empresa.

Raízen también genera electricidad a partir de biomasa. El bagazo que queda después de extraer el jugo de la caña se utiliza como combustible en las propias plantas y parte de la energía generada puede ser comercializada.
La expansión de Raízen no se limitó a construir capacidad productiva. Con el tiempo también incorporó activos y amplió su presencia en la distribución de combustibles. Uno de los movimientos más importantes ocurrió en 2018, cuando acordó comprar los activos de Shell en la Argentina, operación que incluyó la refinería de Dock Sud y una extensa red de estaciones de servicio.
La Argentina se convirtió así en el segundo gran mercado de distribución de combustibles de la empresa. Esa etapa, sin embargo, terminó en 2026. En medio de un proceso de venta de activos para reducir deuda, Raízen acordó transferir toda su operación argentina al grupo Mercuria por 1.420 millones de dólares. En sus últimos balances, la compañía ya presenta ese negocio como una operación discontinuada.




