¿De qué se trata la experiencia espiritual? ¿Cómo podemos acceder a ella? ¿Por qué sentimos cada vez con más fuerza un profundo anhelo de comunidad?

“Lo espiritual, lejos de ser un privilegio para algunos, es una experiencia que tiene que ver, antes que nada, con ser humano en plenitud y con una vida que busca ser más vida. Si no lo entendemos así, corremos el riesgo de pensar que la espiritualidad es un comportamiento estanco y apartado de lo cotidiano”, dice Edu Mangiarotti, un sacerdote reconocido y celebrado por acompañar a miles con su palabra y con su don.

Junto a él conversamos sobre las búsquedas, el anhelo de comunidad, las falsas promesas del despertar y los desafíos del camino.

“Quien se busca demasiado generalmente no se encuentra. No hay crecimiento sin un importante nivel de autotrascendencia. Nuestro desarrollo espiritual y muchas de nuestras fortalezas se manifiestan cuando compartimos el camino con otros”, asegura en esta conversación que ya se puede escuchar completa en YouTube, en el canal que acompaña esta publicación.

“El descubrimiento de la propia vocación necesita de un profundo autoconocimiento, pero es difícil pensar que podemos descubrirla en el vacío o en un espacio donde estamos solo nosotros orbitando sobre nosotros mismos. Es en el encuentro con los otros donde con más frecuencia se nos revela”, explica el sacerdote, quien acaba de publicar Una brújula en la ciudad. Una guía para una fe urbana (Ed. VR).

¿En uno está todo?

“Los mensajes mainstream referidos a la espiritualidad muchas veces se plantean de modo demasiado individualista, se acotan a una búsqueda del bienestar y pretenden convencernos de que ‘en uno está todo’. Sin embargo, cuanto más crecemos, más cuenta nos damos de que necesitamos de otros, de pares con quienes compartir y de algún tipo de referente que esté unos pasos más adelante que uno”, explica Eduardo Mangiarotti, quien comparte muchas de estas reflexiones también en La brújula, su podcast y su comunidad virtual, que lleva el mismo nombre, donde hay encuentros, acompañamiento y guía para las personas de todas las creencias que quieran ser parte.

Confundimos decisión con severidad

“Crecemos espiritualmente cuando empezamos a recuperar la paz y la alegría. Las verdaderas transformaciones llevan tiempo, suceden de a poco y requieren decisión. Muchas veces confundimos decisión con severidad. La severidad no nos ayuda, la decisión sí. Cada vez que nos volvemos a perder, nos tropezamos o nos caemos, necesitamos aprender a tratarnos con dulzura, a levantarnos con amor y a seguir, tal como lo decía san Francisco de Sales”, explica el teólogo.

Las verdaderas transformaciones llevan tiempo, suceden de a poco y requieren decisión.

Eduardo Mangiarotti está convencido de que, además de una necesidad profunda de espiritualidad, somos muchos más de lo que creemos quienes sentimos un anhelo de comunidad. “Necesitamos encontrarnos con otros”, asegura y, con picardía, también nos advierte: “Ojo con pensar que es una especie de lugar que nos va a dar todo lo que necesitamos. La comunidad nos va a desafiar, va a sacar lo peor de nosotros, nos va a confrontar con nuestra sombra, con los límites, pero, sin dudas, también va a hacer que emerja lo mejor de cada uno”, explica. Él bien lo sabe, ya que vive en comunidad desde sus 20 años.

La comunidad nos confronta con nuestra sombra. (Foto: Adobe Stock)
La comunidad nos confronta con nuestra sombra. (Foto: Adobe Stock)

Durante nuestra conversación, afirma con vehemencia y amorosidad: “La experiencia espiritual es para todos. No necesitamos condiciones especiales. Podemos empezar una práctica ahora mismo, donde estemos, con lo que tengamos, haciendo un ejercicio de atención y de apertura”.

También asegura que la espiritualidad es una práctica humana, cotidiana y encarnada. En su libro hay varios capítulos dedicados a desarrollar la importancia de los rituales y las diferentes formas de rezar. Con mucha cercanía, explica por qué los ritos son importantes y de qué forma podemos empezar a crear los propios.

“Para nosotros la misa es fundamental, es un momento central, es un espacio de renovación, de encuentro con los otros y con Dios, pero, si Dios solamente estuviera en esos 45 minutos, sería muy mezquino”, dice con gracia y agrega: “Dios te sale al encuentro y quiere transformarlo todo”.

Eduardo Mangiarotti está convencido de que “podemos vivir cada momento con la certeza de que tenemos un propósito. Eso ordena las cosas y nos trae fuerza. Cuando logramos sentir que cada cosa que hacemos es una misión, no en el sentido grandilocuente de la palabra, sino en la toma de conciencia de que estamos acá para algo, nos damos cuenta de que tenemos mucho que ofrecer. Todo se juega en las pequeñas acciones cotidianas. Nuestra vida, con sus exigencias, desafíos y experiencias inesperadas, no es enemiga de nuestro desarrollo espiritual. Es justamente la vida la que nos va ayudando”.

Que así sea.