Quienes han tenido contacto con Muse cada vez tienen más clara su opinión: la gran promesa de la IA agéntica la está cumpliendo Meta

Hace dos semanas Eli Tan creó una cuenta en Muse y le dio acceso a su cuenta de correo y a sus tarjetas de crédito. "Monitoriza mis gastos en Google Sheets, por favor", le pidió a este agente de IA. Minutos después había creado una tabla con cientos de filas, encontró dos suscripciones duplicadas que canceló (él solito) y luego usó su cuenta de correo para pedir un reembolso de una prueba expirada de otra suscripción. 

Le devolvieron 44,99 dólares y él no tuvo que mover casi ni un dedo: lo hizo todo ese agente de IA en su móvil. Y claro, está entusiasmado y así lo contó en su reportaje en The New York Times. Lo más llamativo es que lo que él cuenta confirma otros testimonios que se vienen oyendo respecto a Muse y otros agentes de IA como GrokBot o Instinct. Esto promete.

De responder a hacer. Hasta ahora, si uno quería valorar la "inteligencia" de los modelos de IA, lo solía hacer por la calidad de sus respuestas al conversar con él. ChatGPT y sus competidores ya escriben muy bien y nos ayudan a resolver problemas, pero a menudo somos nosotros quienes debemos ejecutar comandos o confirmar todo tipo de pasos y peticiones. Con Muse la forma de uso cambia: tú le encargas una tarea al agente de IA en tu WhatsApp (por ej.), y él usa tus datos ya acceso a aplicaciones para completarla. Puede enviar correos, rellenar formularios, organizar viajes o regatear el precio de una compra si se lo propones (Eli Tan también probó eso). El resultado: una máquina que hace aún más cosas (y cosas complejas) por ti de forma autónoma.

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Muse se está convirtiendo en viral. El agente de IA se lanzó en EEUU el 8 de septiembre y en sus primeros 13 días disponibles ya supera los 2,5 millones de descarga según datos de Sensor Tower citados en Reuters. Esa es una buena demostración del interés que está generando la aplicación que acerca más que nunca la IA al gran público. 

Máquina, ahórrame tiempo y dinero. Esto no va de desarrolladores que pueden usar la IA para que programe por ellos, sino de que tu hermano, pareja o padres puedan usarla para completar gestiones que les ahorran tiempo y dinero. Y cada vez vemos más ejemplos de que lo hace, como el tuit del usuario de arriba: le retrasaron un vuelo, y le dijo a Muse que gestionara la reclamación: poco después tenía 250 dólares en un bono de su compañía aérea.

Solo hace falta saber usar WhatsApp. Otra de las ventajas de agentes como Muse (Instinct hace lo mismo) es la de que se pueden usar directamente a través de WhatsApp u otras apps de mensajería. Lo que tú ves es una conversación con tu agente de IA, y por ejemplo en Muse cuando accede a algún sitio web puedes ver en una pequeña ventana dentro de WhatsApp lo que está haciendo de forma autónoma el agente. Detrás de Muse lo que hay es una máquina virtual con navegador propio, pero tú no tienes que aprender a usarla: ya lo hace todo la IA. Si esto te suena a que es lo que hacía OpenClaw estás totalmente en lo cierto: los propios responsables de Muse han afirmado que ese proyecto fue inspiración absoluta para su app.

¿El momento iPhone de la IA? Lo que se ha logrado con Muse es aplicar lo que ya teníamos (los modelos de IA) a enfoques prácticos de forma accesible. Antes de este y otros agentes de IA ya existían modelos de IA capaces de navegar, utilizar herramientas y ejecutar tareas: recordemos Computer Use de Anthropic, por ejemplo, que ya apuntaba a esto hace dos años. Ahora todas esas opciones, que estaban algo inconexas, cobran un sentido que antes no tenían porque nos parecía todo algo engorroso. Esto nos recuerda a cuando el iPhone le dio sentido a los smartphones de forma masiva.

La solución a las tareas tediosas. Los chatbots nos pueden ahorrar tiempo de búsqueda e investigación, sin duda, pero un agente de IA eficiente puede ahorrarnos tiempo real, y mucho, en todo tipo de gestiones. Todas esas tareas pequeñas, dispersas y tediosas que nos consumen son el perfecto caldo de cultivo de agentes de IA como Muse. Esta app, como sus rivales, aprovechan el conocimiento que tienen de nosotros y el acceso que les damos a nuestras herramientas para hacer ese pequeño trabajo sucio por nosotros. 

El peligro de delegar. Meta afirma que Muse solicita autorización antes de realizar cualquier acción delicada, como por ejemplo enviar un correo o realizar una compra. Eso no la convierte en una aplicación 100% segura, y de hecho hace unos días se descubrió una vulnerabilidad seria que fue notificada y parcheada horas después. Delegar es muy cómodo, pero también conlleva riesgos. Este tipo de agentes pueden meter también la pata, pero incluso si no la meten puede que otras plataformas los bloqueen: Amazon acaba de hacerlo.

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