Juan José Lahuerta
Madrid, 13 sep (EFE).- La primera titularidad de Yan Diomande tenía algo de acontecimiento en el Real Madrid. El fichaje más caro del verano, 125 millones de euros más 15 en variables, había esperado cinco partidos para aparecer en un once de Jose Mourinho. Lo hizo frente al Rayo, jugó 72 minutos y dejó algunos detalles. Después entró Arda Güler y necesitó sólo un cuarto de hora para recordar por qué quitarle el sitio puede convertirse en un problema.
No fue una mala noche de Diomande. Tampoco una de esas que explican por sí solas un fichaje de semejante dimensión. Pasó de puntillas por el duelo. Mourinho le colocó en la derecha, con Vinícius en la izquierda, Mbappé por delante y Bellingham en la media punta. El marfileño buscó el uno contra uno, dejó algún centro peligroso y enseñó la potencia que acompaña a sus 19 años, aunque todavía jugó sin parecer una pieza integrada en el Real Madrid.
Mourinho deslizó después que parece ser consciente de que su club ha comprado más futuro que presente: "Va a ir mejorando. Tiene poco tiempo en alto nivel y tiene mucho que aprender del punto de vista táctico. Pero tiene un potencial increíble. En el uno contra uno, pase, tiro... Nos da muchas opciones. Puede jugar donde Vini, en la derecha, Arda puede jugar allí o donde Bellingham. En este momento quiero hacerle evolucionar"
Pero, de momento, el problema para Diomande no está en lo que le falta, sino en lo que ya tiene Güler, sin duda uno de los jugadores más destacados del Real Madrid en el arranque de la temporada. En sus tres titularidades anteriores al Rayo, ningún madridista generó más ocasiones que él, con 19. Sin embargo, la necesidad de Mourinho de empezar a darle recorrido a su gran fichaje lo llevó al banquillo. Hasta el Rayo, incluso Brahim Díaz estuvo por delante de Diomande en la cadena de cambios.
Güler tardó poco en recordarle a Mourinho quién era el mejor a estas alturas del curso. Entró al césped en el minuto 72 por Diomande, y fue muy aplaudido por un Bernabéu que empezaba a cansarse de la segunda parte del Real Madrid. Su efecto fue inmediato. Dos acciones a balón parado terminaron en remates peligrosos de Dumfries y Rüdiger y, ya en el añadido, encontró a Mbappé para el 4-1 con un pase perfecto para aprovechar el vértigo y la velocidad del francés.
Diomande y Güler compiten por un lugar, pero no ofrecen lo mismo. El primero abre el campo, encara y amenaza con su velocidad. El segundo acerca el balón a los mejores lugares. No necesita recorrer tantos metros para alterar un partido porque su ventaja está en la mirada y en el pase.
Ahí aparece el dilema de Mourinho. Vinícius, Mbappé y Bellingham parecen inamovibles, y la entrada de Diomande estrecha el espacio para Güler, que había ganado peso en el equipo desde la derecha, aunque con libertad para aparecer por dentro. El turco también puede jugar en la posición de Bellingham, según explicó el técnico, pero encontrar sitio para todos obligará a Mourinho a elegir y, probablemente, a cambiar de dibujo según los partidos.
El portugués no parece preocupado. Al contrario. "En nuestro banquillo sólo se ve calidad", afirmó cuando le preguntaron por Güler. Después fue todavía más claro: "Arda es muy bueno, tiene muchísima calidad y una influencia positiva en el juego del equipo. Cuando entró marcó diferencias", reconoció.
La primera titularidad de Diomande sirvió así para descubrir que su carrera por hacerse un sitio quizá sea más complicada de lo que indican los 140 millones que puede llegar a costar. El precio, con Güler delante e incluso con Brahim, que firmó un gran partido ante el Inter, no asegura minutos.
Mourinho quiso aprovechar al Rayo para empezar a construir a Diomande. Durante 72 minutos enseñó algunas razones para hacerlo. Después apareció Güler y, en mucho menos tiempo, recordó a su entrenador que, de momento, él merece un hueco en el once. Sólo necesitó algo más de un cuarto de hora para demostrarlo. EFE
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