El actor ofrece una interpretación inquietante en el papel de Chris Hansen, el presentador de 'To Catch a Predator', en una película que no se molesta en profundizar demasiado.

Robert Pattinson acecha en la inquietante y risueña Primetime como un Nosferatu de la televisión abierta. Su personaje, Chris Hansen --basado en el periodista del mismo nombre--, es monstruoso y enclenque, peligroso y patético. El verdadero Hansen es conocido sobre todo por ser el presentador de To Catch a Predator, una sección recurrente del programa de actualidad de la NBC Dateline que se asemejaba a una suerte de catfishing. Mediante el uso de señuelos adultos que se hacían pasar por adolescentes menores de edad, el programa rastreaba internet en busca de hombres que quisieran mantener relaciones sexuales con ellos. Cuando un hombre acudía a encontrarse con un señuelo, Hansen irrumpía para enfrentarse a él ante las cámaras, seguido poco después por la policía.

Poco después de su estreno en 2004, To Catch a Predator se convirtió en un éxito y en tema de conversación en la cultura popular, sin importar que estuviera imitando el abuso de menores en horario de máxima audiencia. Conan O'Brien parodió el programa en los Emmy, y Tina Fey lo utilizó para sacar partido cómico en la comedia de la NBC 30 Rock. Que Hansen apareciera en otro programa de la NBC era lo habitual en el contexto de la sinergia mediática. Daba a entender que era un buen soldado corporativo y que tenía la suficiente confianza como para sumarse a la broma. O tal vez carecía de autoconciencia. Los detractores calificaron To Catch a Predator de ser un programa de mal gusto y una caza de brujas; algunos argumentaron que infringía la ley.

Fueran cuales fueran las razones de Hansen para aparecer como invitado en 30 Rock, su participación dejó claro que entendía su papel como artista. Esto no es ninguna novedad. La difusa línea que separa las noticias de la televisión estadounidense del entretenimiento ha sido durante mucho tiempo motivo de preocupación, incluso en los medios de comunicación convencionales. Es una línea que ya parecía irrevocablemente difuminada en 1958, cuando el periodista Edward R. Murrow pronunció un famoso discurso en el que advertía de que las noticias de la televisión (y la radio) se habían convertido en "una combinación incompatible de mundo del espectáculo, publicidad y noticias". Esa crítica suena curiosamente anticuada, sobre todo teniendo en cuenta que todas las facetas de la vida cotidiana --la observación de aves, la cocina, la política, la labor policial, reventarse los granos-- se han convertido en entretenimiento. Ahora todo es parte del mundo del espectáculo.

Esto queda patente en Primetime --escrita por Ajon Singh y dirigida por Lance Oppenheim--, que comienza con acercamientos de Chris Hansen, interpretado por Pattinson, ensayando ante un espejo, preparándose para su primer plano mientras se ve envuelto en sombras inquietantes. Es el año 2006, y Chris y el equipo de To Catch a Predator --Merritt Wever interpreta a su productora, Andie Bender-- son una máquina bien aceitada. Con el apoyo de un oscuro grupo de vigilancia conocido como Perverted Justice, persiguen a sus objetivos en nombre del bien común. Un recién llegado está a punto de hacer su entrada involuntaria en una casa donde el equipo de To Catch a Predator acecha con las cámaras, vibrando de expectación. Entra para encontrarse con el señuelo, Del (interpretada por la cantante Phoebe Bridgers). Es hora del espectáculo.

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Si la escena inicial, en la que Chris se prepara ante un espejo, evoca Toro salvaje, para cuando el presentador baja las escaleras para enfrentarse a la última víctima, ya se encuentra en pleno modo Norma Desmond. Al igual que la ilusa Norma, Chris parece ajeno a cómo se ve, tanto ante la cámara como fuera de ella. El Hansen de la vida real tiene el atractivo anodino y la ligereza de muchas personalidades de la televisión, como un muñeco Ken reportero. Por el contrario, no hay nada convencional en el aspecto de Pattinson, quien a lo largo de los años ha aprendido a desplegar su apariencia de modelo de pasarela con un gran efecto expresivo, utilizándola para atraer y repeler. Aquí, el actor muestra una fachada banal que él y los cineastas desmantelan poco a poco hasta que solo queda una ruina cadavérica.

La película sigue a Chris mientras este, con entusiasmo, insensatez y de forma trágica, se enfrenta al éxito de To Catch a Predator. De grandes índices de audiencia se derivan grandes responsabilidades, o algo por el estilo, concretamente para los directivos de la cadena. (Jeff Zucker, un antiguo ejecutivo de la NBC, aparece interpretándose a sí mismo.) Puede que Chris sea sincero en su deseo de atrapar a los malos, y hay un flashback detallado y superfluo sobre su anterior etapa como reportero sobre el tráfico de menores en el extranjero (lo que, en gran medida, solo demuestra que los realizadores contaban con un buen presupuesto). Con el tiempo, el tono de la película pasa de la diversión sombría a algo menos divertido cuando el programa contrata a un nuevo señuelo, un pecoso aspirante a actor llamado Dan (un Skyler Gisondo muy convincente) que, ingenuamente, malinterpreta en qué tipo de producción se ha metido.

Dan aporta cierta emoción a la historia, y la dulzura y sinceridad del personaje hacen que el oportunismo mutuamente beneficioso de Chris y Andie resalte de forma evidente. No hay mucho más, aunque resulta agradable ver a Alex Winter en una breve pero impactante interpretación como funcionario público que se convierte en blanco del programa. Winter contribuye a que la película alcance una profundidad en la que, sin embargo, no se mantiene. Es una lástima. Tiene buen aspecto y un buen ritmo, y los colores oscuros y saturados, junto con la crudeza visual, aportan una textura expresionista muy lograda. Sin embargo, resulta difícil saber con qué fin, o incluso que nos importe. Los realizadores se burlan de Chris y del espectáculo de To Catch a Predator, y luego rematan las risas con una crítica débil y poco convincente. Que su reprimenda sea tan vacía como la de Chris es, presumiblemente, la idea (o una de ellas), aunque no resulte especialmente interesante.

PrimetimeClasificada R por lenguaje soez y temas sugerentes, incluida la explotación sexual de menores adolescentes por parte de adultos. Duración: 1 hora y 50 minutos. En cines.

Manohla Dargis es la crítica principal de cine del Times.