José Ignacio Rucci, el secretario general de la CGT asesinado por Montoneros en 1973

En los últimos años, el universo peronista se vio convulsionado a raíz de los ataques a figuras históricas del movimiento, y al propio Juan Domingo Perón, lanzados desde La Cámpora.

Hasta hace muy poco tiempo, la agrupación de Máximo Kirchner prohibió que las bancadas justicialistas de la Cámara de Diputados de la Nación y de la provincia de Buenos Aires homenajearan a quien era secretario general de la CGT en 1973, José Ignacio Rucci. A 53 años de un crimen que conmovió profundamente al General Perón —“me cortaron las piernas”, llegó a decir en el funeral del dirigente asesinado—, no cesa la ofensiva de La Cámpora contra los mártires del sindicalismo peronista. Inclusive en las analogías a las que apelan para señalar una supuesta traición del actual gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, se revela la distancia ideológica con la doctrina peronista del espacio ya no tan juvenil kirchnerista.

La pretensión de comparar a Cristina Fernández de Kirchner con Juan Domingo Perón hace agua por todas partes. El General fue un líder de masas obreras y fundador de una doctrina cuyos principios siguen vigentes y resultan más pertinentes que nunca; el kirchnerismo habilitó un vaciamiento doctrinario que ni los mayores adversarios del peronismo habían logrado. Pero incluso desde el punto de vista electoral esto es disparatado. En toda su trayectoria política, Perón jamás perdió una elección, y fue derrocado y proscripto por una dictadura sangrienta, mientras que Cristina Kirchner fue derrotada electoralmente de 2015 en adelante y, desde que le entregó la lapicera del armado electoral del PJ a La Cámpora, perdió seis de las últimas siete elecciones nacionales.

Ni la comparación entre Axel Kicillof y Augusto Timoteo Vandor tiene semntido. El actual gobernador no es un dirigente sindical ni ocupa el lugar que Vandor tuvo dentro del movimiento peronista. Sin embargo, ambos tienen en común un aspecto que debería ser fundamental en todo dirigente político: la honradez.

Hace años que La Cámpora, siguiendo el guion de veteranos ex integrantes de Montoneros, arremete contra la memoria de Rucci, justificando su asesinato y alegando que era un burócrata, un traidor y un matón.

La “burocracia” sindical

Para comprender la dimensión de la figura de Rucci, basta con recorrer su historia dentro del movimiento obrero. El dirigente sindical fue un personaje central de la Resistencia peronista y tuvo un papel decisivo en la creación de las 62 Organizaciones Peronistas durante la mal llamada Revolución Libertadora.

John William Cooke, quien fue delegado personal de Perón y referente del peronismo de izquierda, dejó numerosos testimonios sobre Rucci y sobre la importancia que tuvo durante aquella etapa de la resistencia. Rucci fue detenido en 1955, luego del golpe que derrocó a Perón, y fue alojado en la bodega de un barco junto a los sindicalistas Vandor, Andrés Framini y Armando Cabo, entre otros, y posteriormente se convirtió en uno de los principales dirigentes de la reorganización sindical peronista. Tuvo un papel central en el plan de lucha gremial contra los gobiernos de Frondizi y Arturo Illia para lograr el regreso de Perón a la Argentina.

John William Cooke, delegado de Perón, dejó numerosos testimonios sobre la importancia del apapel de Rucci en la resistencia

El “petiso” Rucci enfrentó dictaduras, sufrió la cárcel y la clandestinidad, y en el 73 su único capital monetario era una casa hipotecada en Haedo. Murió asesinado sin haber acumulado el patrimonio que hoy exhiben muchos de los dirigentes que se atreven a denostarlo.

Por eso, resulta extraño, siendo benevolentes, que cuando un espacio del peronismo parece independizarse del progresismo, desde La Cámpora salgan a atacar a los sectores que, dentro del PJ, dicen basta. Años de soberbia y de tolerar que partisanos del partido comunista copen las listas del justicialismo. No les basta con justificar los asesinatos de dirigentes sindicales, sino que siguen dedicados a mancillar su memoria mediante la difamación.

La lealtad a Perón

Perón solía decir: “El malo tiene remedio y puede volverse bueno, pero jamás vi a un bruto volverse inteligente”. Esa frase resuena frente a la liviandad con la que algunos sectores del neocamporismo adulteran la historia del peronismo. Para esta corriente, el ex secretario general de la CGT encarnaba a la “derecha peronista” y a la burocracia sindical ortodoxa.

Resulta llamativo el nivel de desconocimiento histórico de estos pretendidos dirigentes, que insisten con la idea de que Rucci fue un colaboracionista de las distintas dictaduras y que avalaba el Perón sin Perón luego de la caída del General, desconociendo el verdadero origen de esa fórmula. Este concepto no fue impulsado ni creado por el sindicalismo, como señaló Máximo Kirchner en una entrevista, sino que surgió en 1957 de la mano de Juan Atilio Bramuglia, ex canciller de Perón durante su primer mandato.

Bramuglia fundó la sigla Unión Popular, en abierta contradicción con la directiva de Perón de votar en blanco en las elecciones constituyentes de aquel año, dando lugar a la primera expresión del llamado neoperonismo.

Este fenómeno se profundizó en 1963, cuando Perón volvió a ordenar el voto en blanco para las elecciones presidenciales, de gobernadores y legisladores. Sin embargo, varios dirigentes avanzaron por fuera de esa línea, creando partidos provinciales de raíz neoperonista, como el Movimiento Popular Neuquino de los hermanos Sapag o el Bloquismo de Leopoldo Bravo en San Juan. En ambas elecciones, el sindicalismo peronista con Framini, Alonso, Rucci y Vandor militaron para que los trabajadores votaran en blanco como era el deseo del líder justicialista exiliado.

“¿Traidor a qué Rucci?”

Hace 53 años, más precisamente el 31 de agosto de 1973, miles de trabajadores se congregaron frente a la CGT para vivar a Juan Domingo Perón y respaldar su candidatura presidencial de cara a las elecciones de septiembre de ese año. Para los sectores más humildes de la Argentina, aquella jornada representaba la felicidad de reencontrarse con su líder después de 18 años de exilio y proscripción.

José Ignacio Rucci fue asesinado a los 49 años, en septiembre de 1973. Tenía dos hijos, Claudia y Aníbal

Sin embargo, aquel día festivo quedó empañado por los cánticos de sectores de la llamada Tendencia Revolucionaria, que coreaban: “Rucci traidor, saludos a Vandor”. Más tarde, pasaron de los cánticos a las balas, cumpliendo su amenaza.

Pero la verdad histórica empieza a abrirse camino. Recientemente, el exmilitante de La Cámpora Juan Cabandié cuestionó públicamente las falsedades que le fueron inculcadas: “¿Traidor a qué Rucci? Me crié escuchando eso. Y con el tiempo, leyendo a Juan Manuel Abal Medina y su libro Conocer a Perón, empecé a comprender algunas cosas. ¿Traidor Rucci? ¿A quién o a qué? ¿Por la masacre de Ezeiza? Rucci estaba en el avión. La masacre la organizaron López Rega y Osinde. Rucci detestaba a López Rega. ¿Traidor a los trabajadores? Lo reivindicaban y lo reivindican hoy. ¿A Perón? Era su hijo. ¿Y quién lo acusa de traidor? ¿Y qué relación tenían con Perón quienes lo acusaban? A tres días de ganar con el 62 por ciento de los votos, matan a quien Perón consideraba su hijo. ¿De qué vale una vanguardia sin pueblo o iluminados sin trabajadores?”

Tosco y Fidel

En contraposición a Rucci, el actual camporismo reivindica a quien fuera líder de Luz y Fuerza en Córdoba, Agustín Tosco, y lo eleva a emblema del sindicalismo argentino mientras intenta presentar a Rucci como un traidor a la clase obrera. Tosco se sacaba fotos con Arturo Illia mientras el presidente radical impedía el regreso a la Argentina del General Perón a fines de 1964 y, durante los 17 años de lucha de la resistencia peronista, avaló la persecución y la proscripción del peronismo.

Agustín Tosco, el ícono sindical de La Cámpora, votó por Illia en las elecciones presidenciales de 1963, pero para el diputado camporista de Buenos Aires Facundo Tinganelli el traidor es Rucci. Es el mismo diputado que ordenó al resto del bloque de Diputados bonaerenses rechazar un homenaje a José Ignacio Rucci en la cámara provincial, y quien inauguró una unidad básica en Ramos Mejía y, en lugar de nombrarla en honor a un dirigente peronista, la bautizó “Fidel Castro”.

Sin ir más lejos, en 2023, el ex secretario de Derechos Humanos Horacio Pietragalla omitió homenajear a Rucci a los 50 años de su asesinato. En cambio, sí tuvo memoria para homenajear a Tosco, que murió de muerte natural en 1975 combatiendo a un gobierno peronista.

No es la primera vez que desde La Cámpora se arremete contra el sindicalismo peronista. En base a las mismas calumnias que hoy siguen difundiendo, Montoneros asesinó hace 53 años al secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci. Pero, a diferencia de la llamada Tendencia Revolucionaria, hoy impera más la lógica de la billetera que la de las pistolas.

Agustín Tosco, el dirigente sindical marxista, reivindicado por el neocamporismo en contraposición a Rucci

Se apropian de cierta simbología peronista para reivindicar a dirigentes sindicales antiperonistas como Agustín Tosco, René Salamanca y Rubens Íscaro, y, cuando usurparon el PJ bonaerense, tiraron a la basura una foto de Lorenzo Miguel y Saúl Ubaldini. También retiraron la placa en homenaje a la prisión de Isabel Perón en la Quinta de San Vicente, lugar donde la ex presidenta sufrió todo tipo de vejámenes.

En realidad, se sienten continuadores de los mismos sectores que, hace 50 años, sabotearon el pacto social propuesto por Perón, cuestionaron su conducción dentro del movimiento justicialista y fueron a insultarlo a Plaza de Mayo. Trabajan, como en aquel entonces, para sembrar el odio y la división dentro del justicialismo.

La lealtad de Rucci

José Ignacio Rucci era padre de dos hijos: Aníbal, el mayor, y Claudia, que tenía apenas 9 años cuando su padre fue asesinado de 25 disparos, el 25 de septiembre de 1973, a la salida de un humilde PH ubicado en las calles Avellaneda y Nazca, en el barrio porteño de Flores, apenas dos días después del triunfo electoral de Perón.

Rucci vivía en una casa hipotecada en Haedo. Había conocido a su esposa, Coca, en la fábrica Serra, donde ella se desempeñaba como delegada de la sección de armado y empaquetado y él era delegado de los trabajadores. Fue allí donde comenzó la historia de una pareja que, años más tarde, atravesaría una de las grandes tragedias de la historia del sindicalismo argentino. Rucci murió asesinado a los 49 años sin haber acumulado el patrimonio que hoy exhiben muchos de sus críticos. Su esposa, Coca, se jubiló después de trabajar durante años en el policlínico metalúrgico.

Dentro del movimiento, su inquebrantable defensa de la verticalidad de Perón lo llevó a enfrentarse con los sectores de la Tendencia Revolucionaria y de la izquierda peronista, que lo acusaban de intentar frenar el avance de las luchas populares.

Juan Domingo Perón acompañó los restos de su fiel colaborador a su última morada y su rostro evidenciaba lo profundo del golpe que significó para él la pérdida de quien gozaba de su afecto y total confianza.

Juan Domigno Perón descubirendo un busto de José I. Rucci

Cuestionar la figura de Rucci implica desconocer una parte fundamental de la historia del movimiento obrero y de la Resistencia Peronista.

Es fundamental que el peronismo impida que se siga difamando a los mártires del movimiento obrero justicialista. Debe cesar este contrabando ideológico practicado con descaro. No se puede ser “peronista, pero no de Perón”, como han llegado a afirmar algunos. En realidad, por más que se digan peronistas, sabemos que no lo son ni lo serán. Por eso la canción que más les gusta cantar no es precisamente la Marcha sino “La Internacional”.