El humorista cubano Eduardo Ceballos Pérez sostiene una cámara de video en una celda ilustrada con sombras de barrotes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Eduardo “Eddy” Ceballos Pérez, conocido en el ámbito digital por su canal Despingovery Channel, ha cumplido 100 días privado de libertad en Cuba. Su caso refleja con crudeza el clima de represión que sufren los creadores de contenido, activistas y periodistas independientes en la isla.

Arrestado el 1 de junio de 2026, el humorista de 38 años permanece en régimen de prisión preventiva en el centro penitenciario de máxima seguridad Combinado del Este, sin que las autoridades judiciales hayan fijado una fecha para la celebración de su juicio.

Ceballos alcanzó celebridad en las redes sociales gracias a un formato satírico distintivo. Con una narración inexpresiva y formal que parodiaba los documentales sobre la naturaleza de grandes cadenas internacionales, mostraba el colapso de las infraestructuras, la acumulación de detritos urbanos y las deficiencias cotidianas que afrontan las familias habaneras bajo el régimen comunista.

Sin embargo, el detonante de su aprehensión fue la publicación de un audiovisual grabado en una antigua instalación militar soviética en estado de abandono. En la grabación, el youtuber mostró restos desmantelados de armamento de la década de 1960, entre ellos lo que parecía ser un misil aire-tierra obsoleto. Pese a que el recinto no presentaba cercado perimetral ni señalización vigente, el régimen desplegó un operativo policial en las inmediaciones de su residencia para efectuar su arresto.

La Fiscalía Militar asumió la tramitación del expediente, imputándole cargos por la supuesta revelación de secretos de la Seguridad del Estado y violación de zona militar controlada. Anticipando el riesgo que conllevaba su labor, Ceballos había grabado previamente un mensaje de alerta destinado a difundirse en caso de ser privado de libertad. La frase “Si ven este video, he sido encarcelado” circuló de inmediato en plataformas internacionales de noticias.

Reclamaciones familiares y denuncias del debido proceso

Marieta Pérez Alfaro, madre de Ceballos, encabeza la campaña por la liberación de su hijo. A través de declaraciones ofrecidas a medios independientes como CiberCuba, la familia exige la desestimación de unos cargos penalmente desproporcionados, señalando el despropósito jurídico de catalogar la filmación de ruinas abandonadas como un acto de espionaje.

Las demandas de la familia y de su representación legal se estructuran en varios ejes fundamentales:

  • Inmediata fijación de juicio o cambio de medida: La defensa requiere la revocación de la prisión cautelar para que Ceballos pueda esperar el proceso penal en libertad, recurso que ha sido rechazado de forma reiterada por el Tribunal Militar.
  • Integridad física y condiciones dignas: La madre del humorista ha denunciado que su hijo fue víctima de agresiones físicas al inicio de su reclusión en el Combinado del Este. A esto se suman las severas carencias de agua potable, las deficiencias en la alimentación y las constantes trabas administrativas para concretar las visitas familiares.
  • Transparencia procesal: La familia manifiesta una incertidumbre absoluta ante la falta de acceso a las actuaciones judiciales y la falta de garantías procesales elementales.
Una mano sostiene un teléfono móvil que graba una edificación militar oxidada con la pantalla integrada a barrotes de celda. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Organizaciones de derechos humanos como Cubalex han advertido que el caso expone anomalías graves respecto al debido proceso, entre las cuales figuran un periodo inicial de incomunicación forzada y la falta de elementos probatorios públicos que sustenten la acusación de espionaje.

El caso de Eddy Ceballos se enmarca en una crisis sistemática de derechos humanos en el archipiélago. Según los registros actualizados de la organización Prisoners Defenders, la cifra de prisioneros políticos en Cuba supera los 1,000 casos documentados.

El encarcelamiento prolongado de figuras públicas como Ceballos funciona, según las organizaciones independientes, como un mecanismo intimidatorio orientado a inhibir la creación artística, el humor político y el periodismo independiente en el espacio digital cubano.