Mis muertos tristes, la miniserie dirigida por Pablo Larraín y basada en el universo literario de Mariana Enriquez, requirió 57 jornadas de rodaje, un equipo de 176 personas y la construcción de un tanque de grabaciones submarinas de 8 metros de diámetro. La producción, disponible en Netflix, llevó a la pantalla un relato donde los muertos irrumpen en la vida cotidiana de un barrio atravesado por la violencia.
La historia sigue a Ema, una médica recién jubilada con la capacidad de ver a los muertos. Mientras intenta atravesar el duelo por su madre y revisar asuntos de su propia vida, recibe a su sobrina Julie. Al mismo tiempo, el asesinato de tres adolescentes en Piedrabuena altera el frágil límite entre los vivos y quienes ya no están.
El rodaje generó unas 570 horas de material audiovisual, según los datos de producción. Frente y detrás de cámara trabajaron 176 personas, durante casi dos meses de filmación.
Piedrabuena fue el escenario para cruzar lo real con lo onírico
Para conservar el clima de los relatos de Enriquez, el equipo buscó un entorno donde convivieran lo cotidiano, la desigualdad y una dimensión inquietante. La elección fue el barrio Piedrabuena, en la Ciudad de Buenos Aires, un conjunto habitacional construido entre 1957 y 1980.

El diseñador de producción Rodrigo Bazaes definió al lugar como “el escenario perfecto para este choque entre dos barrios, entre dos clases distintas y en una Argentina que ha ido mutando justamente en ese vínculo entre clases”.
La serie marca, además, el reencuentro de Mercedes Morán con Larraín. La actriz, que interpreta a Ema, había trabajado antes con el realizador chileno en Neruda (2016), donde encarnó a Delia del Carril. “Desde ese entonces estábamos los dos esperando poder repetir”, señaló Morán sobre la nueva colaboración.

Por su parte, Dolores Fonzi, quien interpreta a Carolina, es lectora de Mariana Enriquez y tiene entre sus libros favoritos Nuestra parte de noche.
Susana y Julie requirieron hasta seis horas diarias de maquillaje
La construcción física de los personajes fue uno de los desafíos técnicos de la producción. Luz Jiménez, encargada del papel de Susana, pasó hasta cuatro horas en maquillaje antes de algunas escenas.

El proceso fue aún más extenso para Carolina Alvarez, intérprete de Julie. Las jornadas de caracterización oscilaron entre cuatro y seis horas, de acuerdo con el grado de descomposición que exigía cada secuencia. El equipo debía sostener la continuidad visual del personaje durante las distintas etapas del rodaje.
El tanque submarino se construyó entre Buenos Aires y Santiago de Chile
Las escenas bajo el agua requirieron una estructura realizada en tres etapas y dos países. La base de la torre, diseñada por Bazaes, se construyó en Piedrabuena. Luego, el tanque se levantó en una explanada industrial de Colina, en Santiago de Chile.

La fase final consistió en desarrollar el interior en Estudios del Río, también en Santiago. Allí se creó el que la producción identifica como el tanque de grabaciones submarinas más grande de Sudamérica, con 8 metros de diámetro y 4,5 metros de profundidad.
Para llenarlo se necesitaron más de 14 camiones cisterna y un sistema de calefacción que permitiera trabajar con seguridad. Las tomas contaron con buzos especializados en apnea, capaces de permanecer bajo el agua a más de 3 metros de profundidad durante períodos prolongados.
Alvarez siguió un entrenamiento específico para realizar secuencias sumergida y sostener la respiración bajo una exigencia física sostenida. Para las escenas de Julie se registraron, además, tres dummies hiperrealistas y a la actriz; los materiales se integraron luego durante la posproducción.

Los modelos implicaron una operación entre tres países: el cuerpo de Alvarez se escaneó en Argentina, las piezas se fabricaron en España por el equipo de Tristán Versluis y el ensamblaje se completó en Chile, con permisos aduaneros especiales.
Larraín dirigió esas secuencias en tiempo real mediante un sistema de comunicación diseñado para operar bajo el agua. La música reunió a John Warhurst, Miguel Hormazábal y Filmo Estudios, los hermanos Mauricio y Francisco Durán, de Los Bunkers, y Juan Pablo Abalo, entre otros colaboradores.




