Una persona limpia la cinta de una persiana con una bayeta. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Hay una parte de las persianas que se utiliza todos los días y que, sin embargo, suele pasar desapercibida cuando toca limpiar la casa. Las correas acumulan polvo, grasa y restos de suciedad por el contacto continuo de las manos y, con el paso del tiempo, pueden acabar completamente ennegrecidas. Si el tejido todavía está en buenas condiciones, recuperar buena parte de su aspecto original es más sencillo de lo que parece y no hace falta desmontar la persiana.

Antes de empezar, conviene comprobar el estado de la correa. Si presenta hilos sueltos, zonas muy desgastadas, ha perdido grosor o la persiana tiene dificultades para recogerse, el problema puede no ser únicamente de suciedad. En estos casos, frotar con demasiada fuerza podría deteriorar todavía más un tejido que ya está debilitado.

Para limpiarla, lo primero es bajar completamente la persiana y mantener la cinta lo más tensa y estable posible. Un paño colocado detrás ayudará a proteger la pared de las salpicaduras y de la suciedad que se desprenda durante el proceso. A continuación, hay que recorrer toda la parte accesible, sin olvidar la cara posterior, que también puede acumular polvo y grasa, aunque sea menos visible.

Para la suciedad habitual basta con agua tibia y unas gotas de jabón neutro o lavavajillas. Se humedece ligeramente una esponja, un paño o un estropajo y se pasa por la cinta de arriba abajo, sin empaparla. Si quedan manchas más resistentes, un cepillo pequeño de cerdas suaves, como un cepillo de dientes viejo, permite insistir sobre esas zonas de forma más precisa, sin ejercer demasiada presión.

Una vez eliminada la suciedad, hay que retirar los restos de jabón con una bayeta limpia ligeramente húmeda y secar después la correa con un paño. Es importante no dejarla empapada antes de volver a utilizar la persiana, especialmente para evitar que el exceso de humedad llegue al mecanismo del recogedor.

Un escritorio moderno con un portátil y un cuaderno recibe la luz natural que entra por un ventanal con persiana sucia, proyectando franjas de sombra. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si está muy sucia, cuidado con los productos

Cuando la grasa y la suciedad llevan mucho tiempo acumuladas, puede ser necesario recurrir a un producto desengrasante. Algunos métodos recomiendan aplicarlo sobre la correa, dejarlo actuar durante unos minutos y después frotar hasta que las manchas se desprendan. Sin embargo, no todas las cintas admiten los mismos productos y utilizarlos sin comprobar antes su compatibilidad puede acabar dañando el tejido.

El material de fabricación es importante. Algunos fabricantes aconsejan limpiar determinados modelos únicamente con un paño seco y evitar detergentes, disolventes, alcoholes y productos abrasivos o corrosivos. Por eso, si se conoce la marca o el modelo de la persiana, lo recomendable es consultar las indicaciones del fabricante antes de utilizar un quitagrasas.

Si no se dispone de esa información, lo más prudente es empezar por el método más suave, con agua y jabón neutro, y probar primero en una zona poco visible. Así se puede comprobar que no se altera el color ni se dañan las fibras. Tampoco es necesario recurrir a mezclas caseras de distintos productos para intentar recuperar una correa ennegrecida: además de poder debilitar el tejido o modificar su color, combinar productos de limpieza puede provocar reacciones peligrosas.

La frecuencia de limpieza dependerá de las condiciones de cada vivienda. Una correa situada cerca de la cocina o en una zona especialmente expuesta al polvo necesitará más atención que otra instalada en un entorno menos sucio. En cualquier caso, revisarla de vez en cuando y actuar cuando aparezcan las primeras manchas ayudará a mantenerla limpia y evitará tener que recurrir más adelante a una limpieza agresiva.