Pilar Quevedo, jefa de Nutrición del Hospital de Clínicas de la UBA, explicó durante una entrevista en Infobae al Mediodía cómo actúan los fármacos destinados al tratamiento sostenido de la obesidad. La médica clínica especialista en nutrición fue invitada a la columna semanal de la directora editorial de Infobae, Daniela Blanco, quien ubicó el debate en la magnitud de una enfermedad que afecta a millones de personas y suele ser reducida a una supuesta falta de esfuerzo individual.
“Pareciera ser que la obesidad, que es una enfermedad multifactorial, no es una cuestión de voluntad”, planteó Blanco al inicio de la conversación. Luego señaló que la condición se asocia con diabetes e hipertensión y que suele mencionarse como “la epidemia del siglo veintiuno”.
Durante una charla con el equipo de Infobae al Mediodía, integrado por Maru Duffard, Andrei Serbin Pont, Fede Mayol y Facundo Kablan, Quevedo se refirió a las moléculas que surgieron para el abordaje de la obesidad: la semaglutida y la tirzepatida.
“Empezamos a conocer estas moléculas o estos tratamientos porque replican lo que nuestro intestino produce”, explicó Quevedo. La especialista describió que la industria farmacéutica logró reproducir mecanismos que el organismo activa de forma natural, pero con una duración y un alcance terapéutico diferentes.
Cómo actúan la tirzepatida
Quevedo detalló que las sustancias actúan sobre señales que llegan a distintos órganos. “Se está informando al cerebro, al estómago o al páncreas de que hay algo muy similar a lo que produce nuestro organismo, que la industria farmacéutica logró replicarlo para potenciar los efectos”, afirmó.
La diferencia entre ambas moléculas se vincula con los receptores sobre los que actúan. “La semaglutida actúa sobre un solo receptor, y la tirzepatida actúa como si fueran dos caminos complementarios”, indicó la médica, quien relacionó esa acción con la disminución del apetito, el control de la diabetes y el tratamiento de patologías asociadas.
Blanco remarcó operan sobre uno de los síntomas que con más frecuencia describen las personas con obesidad: la dificultad para alcanzar la saciedad. La entrevistada retomó ese punto a partir de su experiencia clínica. “Cuando una persona tiene obesidad o que nos consulta con obesidad, lo que más frecuentemente suele referir es que tiene mucho hambre, que tiene menos posibilidad de saciarse o que entre comidas picotea”, enumeró Quevedo.
La médica señaló que esos patrones alimentarios no pueden interpretarse como una falla individual. “Ahí, operando en el cerebro, vos podés controlar eso que históricamente se le achacó a la falta de voluntad, que ya sabemos que a las personas con obesidad les sobra voluntad para empezar tratamientos”, sostuvo. “La biología es muy compleja”, agregó Quevedo, después de que Blanco subrayara que la enfermedad no se resuelve con una única intervención ni con un cambio aislado de conducta.

Maru Duffard consultó por las dificultades que aparecen después de una pérdida de peso, cuando una persona consigue bajar varios kilos pero luego recupera parte o la totalidad. Quevedo explicó que el mantenimiento constituye uno de los puntos sobre los que actúan las nuevas herramientas farmacológicas.
“El cerebro defiende superbien la grasa nuestra, porque es lo que nos permitió sobrevivir como especie”, dijo. Según describió, los descensos bruscos pueden activar mecanismos biológicos que favorecen la recuperación del peso perdido. “Perdés peso, no tenés el hambre desmedido después de la pérdida, que es lo que nuestro cerebro pide de recuperar lo perdido, y lográs sostenerlo o mantenerlo mientras utilices el fármaco a lo largo del plazo indicado por profesionales”, expresó.
Los fármacos requieren seguimiento médico y cambios de hábitos
Ante la consulta sobre si estos tratamientos pueden utilizarse como un impulso inicial, Quevedo propuso que la primera instancia sea una consulta médica. “Si solo no pudiste, no es porque vos no tenés ganas o te falta voluntad”, sostuvo. La especialista planteó que los objetivos no se limitan al peso corporal. “Querés perder grasa, querés ganar salud, querés rendir más deportivamente, querés tratar tus enfermedades que se relacionan: es el gran primer paso”, explicó.
Sobre la duración del tratamiento, Quevedo señaló que los fármacos están aprobados para el largo plazo porque la obesidad puede asumir un curso crónico. La médica distinguió entre el término “efecto rebote”, usado de forma habitual, y el concepto de recurrencia. “Hoy le llamamos recurrencia”, precisó al responder qué puede suceder si una persona interrumpe la medicación antes del plazo definido.

“El retiro de la farmacoterapia puede causarla, si vos no tenés toda la estrategia que acompaña la maquinaria, nutricionista, deporte, ejercicio, cambio de estilo de vida”, afirmó. La frase quedó ligada a una advertencia sobre la necesidad de sostener una estrategia integral. La especialista describió que las consultas también incluyen pedidos para preservar fuerza y masa muscular durante la reducción de peso.
La médica enumeró los componentes que deben acompañar el uso de fármacos: descanso, alimentación, hidratación, actividad física y seguimiento profesional. “No es magia, es la intervención de moléculas o fármacos superpotentes con un estilo de vida saludable”, afirmó.
Al ser consultada por la edad de uso, Quevedo indicó que la tirzepatida está aprobada para mayores de 18 años. También mencionó que existen otros tratamientos aprobados para adolescentes y que hay resultados pendientes de publicación sobre tirzepatida en esa población. “Así como están creciendo los números de obesidad en el mundo, en adolescentes se nos están yendo de las manos también las estadísticas. Se está cortando cada vez más la edad de prescripción”, agregó.
Quevedo también puso el foco en los determinantes sociales de la salud. “Vos sos vos y tu familia de origen, más tu familia actual, tu entorno laboral”, enumeró al explicar que los hábitos se forman y se sostienen en el entorno cotidiano. “Tu entorno es todo”, resumió la médica. Luego mencionó factores como el descanso, el entrenamiento, el consumo de alcohol, la dinámica familiar y la alimentación de los hijos.

Frente a una consulta sobre el alcohol, Quevedo vinculó su consumo con una enfermedad metabólica del hígado asociada a la obesidad. “Vos ya tenés una agresión, que es la obesidad, y no querés una segunda agresión, que es el alcohol”, dijo. En el caso de las personas con obesidad, la recomendación que mencionó fue directa: “El no consumo de alcohol”.
Advertencias sobre la automedicación y las barreras de cobertura
La entrevistada insistió en que la indicación de semaglutida o tirzepatida debe realizarse en un consultorio médico, al igual que su seguimiento. Explicó que la titulación consiste en escalar las dosis de acuerdo con la respuesta de cada persona. “No es lo mismo para todas las personas”, sostuvo, antes de referirse a la necesidad de supervisar los resultados, los posibles efectos y la composición corporal.
“Estas moléculas son potentes, pierden casi un 15, 20% de peso corporal los pacientes”, dijo sobre los resultados observados en tratamientos. La médica aclaró que los ensayos clínicos que respaldaron las aprobaciones evaluaron períodos de 68 y 72 semanas. El descenso debe adaptarse a las condiciones de cada paciente, según explicó Quevedo. “Vas viendo el ritmo de descenso, si esa persona incorpora o no ejercicio, si son ejercicios de fuerza, si son ejercicios cardiovasculares, porque cambian las curvas. Vos querés que la persona pierda grasa y preserve el músculo”, señaló.
Quevedo confirmó que la aplicación de estos tratamientos es semanal y que se realiza mediante inyecciones en el abdomen. En relación con las alternativas disponibles en el país, la médica señaló: “En Argentina no tenemos para obesidad aprobados fármacos orales. Todavía no han llegado”.

“Hoy sí se sabe de la ciencia que la obesidad es una enfermedad y que debiera tener este aporte o acompañamiento para la sostenibilidad”, sostuvo. También vinculó esa discusión con la posibilidad de que una persona no tenga que interrumpir el tratamiento luego de pocos meses por restricciones económicas.
La experta recordó que existe un proyecto de ley que busca reconocer a la obesidad como una enfermedad crónica no transmisible. “La obesidad quedó en un gris, es una condición predisponente, factor de riesgo para otras enfermedades”, dijo. La médica mencionó que la obesidad severa quedó incluida en el Programa Médico Obligatorio para la cobertura de cirugía bariátrica, aunque advirtió que el resto de los abordajes continúa sin una definición equivalente. “Hay que considerarlo una enfermedad crónica, no transmisible”, concluyó.
La entrevista completa a Pilar Quevedo
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