Andrea Manrique todavía intenta procesar lo que vivió el viernes pasado, cuando fue atacada por dos dogos que estaban sueltos en una calle de Trelew, Chubut. Había dejado a sus hijos en la escuela y estaba a una cuadra de llegar a su casa cuando los animales se abalanzaron sobre ella.
En diálogo con medios locales, la mujer reconstruyó los segundos que precedieron al ataque. Según contó, vio a los perros y decidió no correr para evitar provocar una reacción. “Yo venía caminando, los vi que estaban parados ahí, pero atiné a caminar lentamente, obviamente sin molestarlos. Les tengo respeto, no atiné a correr ni nada, pero me atacaron igual”, relató.
Uno de los animales se lanzó sobre ella y el otro la empujó hasta tirarla al piso. “Me puse el brazo sobre la cara y el otro me empujó y me tiró al piso. En ese momento, me empezó a morder y me destrozó el brazo”, contó a ADNSUR.
La mujer quedó gravemente herida y comenzó a perder mucha sangre. Sus gritos fueron escuchados por una vecina que estaba durmiendo y que salió en su ayuda junto con otro vecino. Entre ambos lograron apartar a los perros y pidieron asistencia: “Solo rogaba que no me maten”, expresó.

La gravedad de las heridas obligó a los médicos a intervenirla de urgencia. El ataque le comprometió un músculo del brazo izquierdo y pasó por Terapia Intensiva antes de comenzar con la recuperación. Actualmente continúa con controles y medicación, pero todavía no sabe cómo quedará la zona afectada.
“Sí, el brazo izquierdo que me rompió el músculo y después me tuvieron que operar cuando me llevaron al hospital. Después tengo control y no sé cómo irá a quedar, esperemos que sí, pero bueno, es todo un proceso”, explicó.
Un ataque que cambió su rutina
Las consecuencias del ataque no quedaron solamente en la herida. Andrea estudia para ser acompañante terapéutica y realiza prácticas. Además, trabaja como masajista y pedicura, actividades que hoy no sabe cuándo podrá retomar.
“No es que yo salí del hospital, me operaron y ya está. Esto me duele, estoy con medicación, pero es todo un procedimiento nuevo que tengo que seguir debido a esto”, explicó.

Según relató Andrea, los dos dogos ya habían sido vistos varias veces circulando sin sus responsables por el barrio. Incluso, vecinos de la zona habían advertido a los dueños sobre la necesidad de mantenerlos controlados. “Dos por tres andaban sueltos y varios vecinos les advirtieron a los dueños que por lo menos le pongan un bozal o los dejen con una soga, porque no podían andar sueltos”, contó.
Tras el ataque, Andrea realizó las denuncias correspondientes ante la Fiscalía y aguarda ahora los próximos pasos del procedimiento. Los animales ya no estarían en el lugar donde ocurrió la agresión y, según su relato, la responsable habría concurrido a reclamar que se los devolvieran.




