Sofia, Roma, Amapola y Trinidad no recuerdan con precisión cuando empezó su pasión por el rock: sólo saben que es parte de sus vidas desde que tienen uso de razón. Tras crecer rodeadas de los éxitos de artistas como Los Redondos, el Indio Solari y Andrés Calamaro, decidieron empezar a tomar clases de música a los seis años, sin saber que así empezaría el proyecto que pronto las haría virales en redes sociales.
Mientras comenzaban a formarse en Jardín de Rock, un taller musical en la capital de San Juan para estudiantes de primaria, las cuatro amigas decidieron crear su propio grupo musical, al que bautizaron “Gatas Vampiras” en honor a la imagen de un gato negro de comillos alargados que adornaba su salón de clase. Desde 2024, la banda lleva su energía a escenarios regionales con un repertorio que va desde Cris Morena a Queen y The Clash.

El repentino salto a las redes sociales llegó después de una de sus presentaciones en un concierto organizado por su escuelita. Un video de las cuatro chicas tocando se viralizó en X y empezó a circular entre usuarios que quedaron sorprendidos por su corta edad y su presencia sobre el escenario. “Nos pusimos todas muy contentas con ese video. Después de que se hizo viral, enseguida se quisieron sumar más amigas a tocar”, cuenta Sofía, la joven guitarrista, en un diálogo con TN.
“Nuestra profesora nos dijo de estar en una banda, pero no me animé. Cuando me enteré que iban a ir mis amigas dije ‘mejor me prendo’”, comparte Roma, la baterista. La niña recuerda con emoción haber recibido una batería como regalo de navidad a sus seis años y, desde entonces, haber quedado cautivada por el ritmo, las letras y la adrenalina del rock.

Para el conjunto, lo mejor de ser parte de un grupo musical es divertirse y siempre hacerse compañía entre sí. “Lo que más me gusta es jugar con mis compañeras cuando tocamos y ensayamos”, comparte Amapola, quien canta. Aunque sólo presenten covers, las amigas sueñan con escribir diferentes canciones “que nos representen a todas”. “Me encantaría escribir temas sobre la magia, porque nos la pasamos imaginando entre todas”, destaca la vocalista.
Durante sus conciertos, el grupo de amigas combina la adrenalina caótica del rock con las risas y la espontaneidad propias de su edad. A veces, incluso, cambian las letras de las canciones para incorporar los chistes que se les ocurren durante los ensayos. “Cuando estamos en el escenario me siento muy emocionada. Aunque nos equivoquemos, sabemos que no pasa nada y que lo podemos ir mejorando. Hay que animarse, nadie te va a señalar por hacer las cosas mal”, afirma Roma.
Su corta edad no les impide soñar en grande con el futuro de su banda: las jóvenes aspiran a recorrer el país con sus canciones y nunca dejar de aprender y mejorar. También imaginan encontrar el sonido que las identifique. Por ahora, disfrutan de aprender canciones nuevas, compartir escenarios y descubrir qué instrumento o estilo quieren explorar después. “Siempre lo más importante es pasarla bien, porque si la pasas mal no disfrutas la música”, afirma Sofía, a quien le gustaría combinar el sonido de sus ídolos del rock, entre ellos Luis Alberto Spinetta, con el ritmo y la diversión de la música pop.

Sin embargo, detrás de Gatas Vampiras hay un proyecto que comenzó mucho antes de que las cuatro niñas se hicieran conocidas en Internet. El Jardín de Rock funciona como un espacio de exploración musical para chicos desde la pandemia. Allí, además de aprender a tocar instrumentos, los alumnos forman bandas y descubren cómo trabajar en equipo.
“Primero ellos exploran. Algunos tienen más tendencia para la percusión, otros para las cuerdas, otros para cantar y, a partir de ahí, trabajamos el ensamble con un enfoque roquero”, explica Florencia Tommasini, directora del espacio destinado a niños de hasta 12 años. Gatas Vampiras es una de las 13 formaciones que actualmente integran este taller, y debido a la alta demanda de niños y familias interesados en incursionar en la música, la docente tuvo que abrir los eventos y presentaciones al público en más de una ocasión. “Hay chicos que no tienen siquiera dimensión de lo que pueden llegar a hacer”, subraya.
Asimismo, la profesora considera que los instrumentos son una alternativa agradable frente a la inmediatez de la digitalidad. “Hoy la tecnología nos estupidiza, no sabemos ni pensar, no sabemos lo que pasa: no podemos siquiera resolver un problema. Los niños hoy tienen errores de ortografía insostenibles, no saben crear”, señala con preocupación.

“Acá trabajan en sus capacidades para la conversación, la paciencia y la concentración. Mis alumnos saben que ser un rockstar no es sólo subirse al escenario: hay que estudiar, saber usar las manos y tener memoria”, agrega. Las horas de clase se combinan con las risas y el alboroto del juego: mientras aprenden la técnica detrás de la música, los pequeños artistas también conocen el trabajo grupal y el respeto a las ideas del otro. Son dos las reglas de este espacio: no romper nada y siempre trabajar con un metrónomo para entender de raíz los sonidos que interpretan.
Tanto la maestra como sus estudiantes coinciden en que el rock es el sonido habitual en las calles de la provincia de San Juan. “Los niños me transmiten algo limpio. Los traumas y los miedos siempre pasan por la infancia, es una etapa fundamental”, afirma la intérprete y docente.
Por ahora, Gatas Vampiras no parece tener un techo más allá del que ellas mismas quieran imaginar. Entre juegos y escenarios, las cuatro amigas encuentran en la música un espacio para crecer juntas y animarse a probar cosas nuevas. Quizás todavía no sepan hasta dónde puede llegar su banda, pero tampoco parecen tener apuro por descubrirlo. Para ellas, el verdadero objetivo está en seguir tocando, acompañándose y, sobre todo, disfrutando del rock que las une desde que tienen memoria.




