Los tomates frescos y en conserva ofrecen perfiles nutricionales distintos, pero ambos pueden integrar una alimentación equilibrada (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los tomates frescos y en conserva ofrecen perfiles nutricionales distintos, pero ambos pueden formar parte de una alimentación equilibrada. La cocción y el envasado aumentan la disponibilidad del licopeno, mientras que el producto fresco conserva mejor algunas vitaminas sensibles al calor, según explicó la nutricionista Amy Brownstein a Verywell Health.

La elección depende de la receta, la temporada, el presupuesto y las necesidades individuales. Para ampliar la variedad de nutrientes en la dieta, una alternativa es combinar ambas presentaciones durante la semana.

El calor facilita la absorción del licopeno

El licopeno es un carotenoide presente en los tomates y responsable de su color rojo. Durante el proceso de cocción y enlatado, las paredes celulares del fruto se rompen, por lo que el organismo puede absorber este compuesto con mayor facilidad.

Los tomates en conserva suelen concentrar una cantidad mayor de licopeno por porción, ya que pierden parte de su contenido de agua durante el procesamiento. Esta diferencia los vuelve una opción útil para preparaciones calientes, como salsas, guisos, sopas o estofados.

El licopeno ha sido asociado con una menor producción de moléculas inflamatorias y con mecanismos que podrían proteger las células frente al daño oxidativo. También podría favorecer la función de los vasos sanguíneos y evitar la oxidación del colesterol LDL, un factor vinculado al riesgo cardiovascular.

Los tomates frescos aportan más vitamina C y vitamina A

Los tomates frescos conservan más vitamina C y vitamina A, y además suelen tener menos sodio y menos calorías que los de lata (Imagen Ilustrativa Infobae)

El tratamiento térmico tiene una contrapartida nutricional. Las vitaminas sensibles al calor, entre ellas la vitamina C, pueden reducirse durante el proceso de envasado. Los tomates frescos también suelen aportar más vitamina A, menos sodio y menos calorías que sus equivalentes en lata.

Por ello, son una opción adecuada para ensaladas, sándwiches, bruschettas o cualquier receta que requiera el fruto crudo. También resultan convenientes para quienes necesitan moderar el consumo de sal, aunque existen variedades en conserva sin sal agregada o con bajo contenido de sodio.

La temporada influye en el sabor, el precio y la disponibilidad. Cuando están maduros y se consiguen localmente, los tomates frescos pueden incorporarse con facilidad a comidas cotidianas sin necesidad de cocción.

El consumo regular se vincula con beneficios para la salud

Además del licopeno, los tomates contienen vitaminas, minerales y otros compuestos vegetales. La experta señala que estos nutrientes podrían contribuir a la salud metabólica, al metabolismo de la glucosa y de las grasas, y a la reducción del daño celular asociado con la diabetes tipo 2.

Algunas investigaciones también han estudiado su posible relación con un menor riesgo de ciertos cánceres, debido a la acción del licopeno y otros compuestos del tomate. Sin embargo, todavía se requieren más estudios en personas para determinar el alcance de ese efecto.

Los tomates en conserva suelen aportar más licopeno por porción y resultan útiles para salsas, guisos, sopas y estofados (Imagen Ilustrativa Infobae)

El consumo habitual de tomate podría fortalecer de forma moderada las defensas de la piel frente al enrojecimiento y al daño relacionado con la radiación ultravioleta. Ese posible beneficio no reemplaza el uso de protector solar ni otras medidas de protección.

La receta y el sodio pueden definir la compra

Los tomates enlatados ofrecen practicidad, duran más tiempo y pueden reducir el desperdicio de alimentos. A menudo son más económicos que los frescos, sobre todo fuera de temporada, y permiten disponer de un ingrediente listo para cocinar.

Para elegir una lata conviene revisar la etiqueta y comparar el sodio. Las versiones sin sal añadida permiten controlar mejor el condimento final de la receta. Los tomates frescos, en cambio, son preferibles para platos crudos o cuando se busca conservar el mayor aporte de vitamina C.

Alternar tomates frescos y en conserva permite aprovechar las fortalezas nutricionales de cada formato y adaptar su uso a las comidas diarias.