Tras gastar cientos de miles de euros, Francia se rinde con el urogallo. El problema para España es que no puede permitirse hacer lo mismo

A mediados de junio de 2026 nacieron cuatro pollos en el macizo de los Vosgos, al noreste de Francia. La madre era una urogallo llegada de Noruega un par de años antes y, sinceramente, podría parecer una historia de éxito: eran las primeras crías en esa zona desde 2019. 

Sin embargo, dos meses después, París cerraba el grifo al ambicioso proyecto del urogallo en el noreste. ¿Por qué? Porque eso, ese nacimiento, era lo único que había salido mal. 

Y mientras Francia se rinde, España mantiene un proyecto parecido. Tiene que hacerlo. No le queda otra opción.

Francia y el urogallo. El 25 de agosto, el Ministerio de Transición Ecológica de Francia defendió que la mortalidad de las aves, por un lado y "la evolución de la habitabilidad del macizo de los Vosgos a medio y largo plazo frente al cambio climático", por el otro, hacían inviable el programa de reintroducción del urogallo en la difusa frontera entre Alsacia y Lorena. 

 Ya no habrá más translocaciones, explicaron al día siguiente. Lo único que se hará es monitorizar a las aves que quedan en los bosques. 

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