El presidente Donald Trump anunció la creación de una “AI Force” —un organismo gubernamental sin precedentes, modelado sobre la Fuerza Espacial que él mismo estableció en su primer mandato— y prometió designar próximamente un “zar de la IA”.
El anuncio llegó en forma de dos publicaciones en Truth Social, acompañadas de una encuesta abierta para elegir un nuevo nombre de la tecnología: “Inteligencia Superior”, “Inteligencia Extrema” o “Inteligencia Suprema”. Con el gesto, Trump se posicionó como el principal escudo político de la industria de IA en el momento de mayor debate público sobre sus riesgos, y calificó las preocupaciones de la comunidad científica de “engaño demócrata”.
El anuncio y la encuesta
El mandatario cuestionó la propia denominación de la tecnología —“las palabras ‘Inteligencia Artificial’ son imprecisas e inelegantes”— y abrió un sondeo entre sus seguidores para elegir su reemplazo.
Las tres opciones son “Superior Intelligence (SI)”, “Extreme Intelligence (EI)” y “Supreme Intelligence (SI)”, aunque dos de los tres nombres comparten las mismas iniciales, lo que generó cierta confusión entre los votantes. El resultado no estaba definido al cierre de esta nota.
Horas después llegó el segundo texto, de mayor peso institucional. Trump incluyó las preocupaciones sobre los riesgos de la IA en una enumeración de lo que llamó “engaños generados por la izquierda radical demócrata”, junto a sus dos juicios políticos, el cambio climático, los debates sobre género y la cuestión rusa. En ese marco, prometió “no quedarse de brazos cruzados” ante un intento de “destruir” la inteligencia artificial y anunció la creación de la AI Force más la próxima designación de un “AI Czar” de “alto coeficiente intelectual”.
La arquitectura de un organismo sin forma
La AI Force, según la descripción de Trump, no será un organismo regulatorio. “No vamos a frenar ni sofocar el crecimiento de esta increíble industria. La atesoraremos, la ayudaremos y velaremos por ella mientras crece”, escribió. Sin embargo, el gobierno “también buscará el MAL”, y para eso, insistió, alcanza con el sistema de justicia criminal y civil ya existente.
La Casa Blanca no ha aclarado si la AI Force sería una nueva rama de las Fuerzas Armadas, un grupo de tarea interagencial o una comisión asesora. Ninguno de los tres escenarios cuenta todavía con respaldo legislativo ni financiación aprobada.
El modelo de referencia explícito es la Space Force, primera nueva fuerza armada estadounidense desde la creación de la Fuerza Aérea en 1947, que Trump estableció en su primer mandato con aprobación del Congreso y financiación federal.
La AI Force carece por ahora de ambos elementos. El cargo de “zar de la IA” tiene su propio antecedente: Trump designó al capitalista de riesgo David Sacks en ese puesto en diciembre de 2024. Sacks abandonó el cargo en marzo de 2026, dejando la posición vacante durante meses.
El debate que impulsó el anuncio
El anuncio de Trump llega en el pico del debate sobre seguridad de IA en EE.UU. En las semanas previas, los CEOs de OpenAI, Anthropic y Google confirmaron conversaciones secretas sobre límites al desarrollo; el CEO de Anthropic, Dario Amodei, publicó un plan para “frenar la frontera” que recibió respaldo público del CEO de OpenAI, Sam Altman, y del CEO de SpaceX, Elon Musk.
El CEO de Nvidia, Jensen Huang, adoptó la posición opuesta: habló en directo con Trump desde el escenario del evento All-In Summit para asegurarle que no permitirían ningún freno al desarrollo de la IA.
Trump ya había calificado esas preocupaciones de “conspiración enferma” antes del anuncio del sábado. Este fin de semana formalizó esa posición en términos institucionales: predijo que la IA podría representar “hasta el 25% del PIB” estadounidense y declaró que EE.UU. lidera a China y al resto del mundo en la materia.
La descripción de la AI Force como vigilante del “MAL” —sin precisar qué entiende por ello— refleja la ambigüedad deliberada del anuncio, que combina retórica expansiva con escasos detalles operativos. Tanto republicanos como demócratas han cuestionado en los últimos meses la proliferación de centros de datos: el estado de Nueva York fue el primero en suspender permisos para nuevos proyectos de gran escala.


