
Un equipo de investigadores de la Universidad de Sunshine Coast (UniSC) determinó que los viajes de ocio frecuentes aumentan la felicidad, fortalecen la resiliencia psicológica y mejoran la calidad de vida, incluso cuando se trata de escapadas cortas cerca del lugar de residencia.
El hallazgo, publicado en el Journal of Travel Research, destaca que las personas más vulnerables o con menor capacidad para gestionar el estrés son quienes obtienen mayores beneficios.

Los viajes cortos y frecuentes tienen efectos positivos duraderos en el bienestar
El estudio, liderado por el profesor asociado Rory Mulcahy, analizó datos de más de 1.200 turistas australianos en tres instancias distintas entre 2020 y 2023. Los investigadores examinaron cómo la frecuencia de los viajes de ocio impacta sobre la satisfacción vital, y encontraron que ese efecto positivo se sostiene en el tiempo más allá del momento del viaje en sí.
“Viajar ofrece oportunidades para visitar nuevos destinos, aprender sobre diversas culturas y disfrutar de actividades que fomentan la felicidad, lo que ayuda a desarrollar la resiliencia psicológica y, a su vez, a mejorar la satisfacción con la vida”, explicó Mulcahy en declaraciones difundidas por la UniSC.
El equipo aplicó como marco teórico la denominada broaden-and-build theory (BBT), una teoría de la psicología positiva que sostiene que las emociones positivas amplían las capacidades cognitivas y conductuales de las personas y contribuyen a construir recursos personales duraderos, como la resiliencia.

Las personas con mayor vulnerabilidad son las que más se benefician de viajar
Uno de los hallazgos centrales del trabajo es que los beneficios del turismo de ocio no son iguales para todos. “Nuestra investigación revela que las personas que se sienten más vulnerables o que tienen menos habilidades para afrontar las dificultades son las que más se benefician de viajar con frecuencia”, señaló Mulcahy.
“Son capaces de canalizar sus emociones positivas para sobrellevar las dificultades y crecer a partir de sus experiencias de viaje”, agregó.
En contraste, quienes ya cuentan con niveles moderados o altos de habilidades de afrontamiento, o que presentan niveles bajos de vulnerabilidad, obtienen beneficios menos significativos. Esto sugiere que el impacto del viaje sobre el bienestar está condicionado por el estado psicológico previo de cada persona.

La calidad de vida mejora sin necesidad de viajes largos ni costosos
Un punto que el equipo de investigación subraya con énfasis es que no es necesario realizar viajes extensos o costosos para obtener estos beneficios. “Nuestros hallazgos demuestran que las escapadas cortas y frecuentes pueden aportar beneficios potenciales a largo plazo para la salud y el bienestar, que podrían transformar la calidad de vida de las personas”, sostuvo Mulcahy.
Esta conclusión tiene implicaciones directas para distintos actores. Los operadores turísticos, según los investigadores, podrían diseñar servicios y experiencias orientadas específicamente a personas vulnerables o con menor capacidad de afrontamiento, para potenciar las emociones positivas que mejoran su resiliencia.
Entre las propuestas concretas figuran recorridos guiados, traslados desde aeropuertos y hoteles, y actividades al aire libre accesibles para principiantes, como senderismo, kayak o escalada en niveles básicos.

Los hallazgos abren la puerta a políticas públicas en salud mental y turismo
Los resultados también tienen proyección en el ámbito de las políticas públicas y la salud mental. De acuerdo con los investigadores, los gobiernos podrían tomar estos datos como fundamento para promover inversiones en infraestructura que faciliten los desplazamientos frecuentes y accesibles para la ciudadanía.
Por su parte, los profesionales de la salud mental podrían incorporar la recomendación de viajes regulares como parte de sus programas de bienestar, dado que viajar con frecuencia puede contribuir a reducir el estrés y a mejorar la satisfacción general con la vida.
Los propios investigadores señalan que el estudio tiene limitaciones: la muestra se compone exclusivamente de turistas australianos, cuya experiencia durante la pandemia de COVID-19 fue particular debido al régimen de restricciones y la posterior demanda acumulada de viajes. Por eso, advierten que los resultados deben replicarse en otros contextos nacionales y culturales antes de generalizar las conclusiones.
Quedan pendientes, además, preguntas sobre si la duración del viaje o su propósito —visitar familiares, aventura, descanso— también inciden en la mejora de la calidad de vida, lo que abre una agenda de investigación para futuros estudios.




