El aprendizaje de nuevos idiomas estimula la mente y contribuye a mantener el cerebro activo durante el envejecimiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aprender palabras nuevas, distinguir sonidos desconocidos y ordenar frases con reglas diferentes a las habituales es una exigencia mental sostenida. El aprendizaje de idiomas puede contribuir a mantener el cerebro activo durante el envejecimiento.

El interés por las actividades que acompañan la salud cognitiva creció entre quienes buscan preservar la memoria, la atención y la capacidad de adaptarse a nuevos desafíos con el paso del tiempo. En ese contexto, el estudio de una lengua suma una particularidad: convoca al mismo tiempo memoria, concentración, comprensión auditiva, razonamiento y capacidad de respuesta. De acuerdo con investigaciones citadas por por The Conversation, esa combinación convierte al aprendizaje lingüístico en una actividad mental especialmente amplia.

El posible beneficio no depende únicamente de dominar un idioma ni de alcanzar una pronunciación perfecta. La práctica regular, el desafío de incorporar vocabulario y estructuras nuevas, y el uso del lenguaje en situaciones reales forman parte de una experiencia que puede sostener la curiosidad y ampliar las oportunidades de interacción social.

Aprender idiomas activa varias funciones cognitivas a la vez

La neuroplasticidad es la capacidad del cerebro de modificarse en respuesta a las experiencias. Según explicó Karen Stollznow, investigadora de la Universidad de Colorado a The Conversation, esta propiedad se mantiene a lo largo de la vida y permite formar o reforzar conexiones a partir de actividades nuevas y exigentes.

La neuroplasticidad permite al cerebro adulto formar y reforzar conexiones mediante la incorporación de una lengua extranjera (Imagen Ilustrativa Infobae)

El aprendizaje de una lengua involucra procesos que ocurren de manera simultánea. Para comprender una expresión, hace falta identificar sonidos, recordar vocabulario, reconocer el orden de una oración y seleccionar una respuesta adecuada. A la vez, el cerebro debe detectar errores y ajustar la interpretación cuando una palabra o una regla gramatical no encajan en el contexto.

Una revisión sistemática publicada en Frontiers in Aging Neuroscience analizó nueve estudios de intervención sobre aprendizaje de segundas lenguas en personas mayores. Sus autores, Caitlin Ware, Sophie Dautricourt, Julie Gonneaud y Gaël Chételat, encontraron resultados heterogéneos, pero identificaron indicios de mejoras en el cambio de atención, la inhibición cognitiva, la memoria de trabajo y la conectividad funcional.

Una revisión científica en personas mayores mostró mejoras en la memoria de trabajo, la atención y la conectividad funcional al estudiar un idioma (Imagen Ilustrativa Infobae)

La reserva cognitiva es otro de los conceptos vinculados con esta discusión. Se refiere a la capacidad de sostener el funcionamiento mental frente a cambios asociados a la edad o a alteraciones cerebrales. El estudio indicó que el bilingüismo se ha asociado con una reserva mayor, aunque aclaró que aprender una lengua en la adultez tardía no equivale a haber usado dos idiomas durante toda la vida.

Esa diferencia resulta relevante para evitar conclusiones absolutas. La evidencia disponible sugiere posibles aportes del aprendizaje lingüístico, en especial sobre algunas funciones ejecutivas, pero no confirma que estudiar un idioma prevenga la enfermedad de Alzheimer o cualquier otra forma de demencia. Los autores de la revisión señalaron que los estudios aún son escasos, presentan metodologías diferentes y requieren muestras más amplias y seguimientos prolongados.

La constancia y el vínculo social forman parte del proceso

El aprendizaje de una lengua también puede incorporar una dimensión social. Las clases, los intercambios de conversación, los contenidos culturales y el contacto con personas de otros orígenes ofrecen espacios de participación que exceden la memorización de listas de palabras.

Las clases de idiomas y el intercambio cultural ofrecen espacios de participación social que reducen el aislamiento en la adultez (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según el artículo de The Conversation, aprender otro idioma puede favorecer la comunicación y acercar a personas de comunidades lingüísticas y culturales distintas. Esa posibilidad adquiere relevancia durante el envejecimiento, cuando los vínculos sociales pueden reducirse y la participación en actividades compartidas pasa a ser un componente importante del bienestar cotidiano.

Una investigación reseñada por National Geographic analizó datos de más de 86.000 personas de entre 51 y 91 años en 27 países europeos. El artículo indicó que el uso habitual de más de una lengua se asoció con menor probabilidad de mostrar signos de envejecimiento biológico acelerado. Sin embargo, Lucía Amoruso, psicóloga del Centro Vasco de Cognición, Cerebro y Lenguaje y autora del estudio, destacó ante la revista que el efecto se vincula con utilizar las lenguas en contextos cotidianos.

La frecuencia de práctica puede tener más peso que la cantidad de horas acumuladas en un período breve. La revisión de Frontiers in Aging Neuroscience abarcó intervenciones que fueron desde una semana hasta ocho meses, con intensidades y modalidades distintas. Esa diversidad impide establecer una fórmula única sobre cuánto tiempo de estudio hace falta para obtener cambios cognitivos.

El proceso puede adaptarse a distintas preferencias: cursos presenciales, recursos digitales, lectura, películas, música o grupos de conversación. Lo central, de acuerdo con las fuentes consultadas, es sostener una actividad que exija incorporar información, recuperarla y aplicarla en situaciones cambiantes.

Empezar en la adultez sigue siendo posible

La edad modifica la manera de aprender, pero no elimina la posibilidad de adquirir una lengua. Según la investigadora de The Conversation, los niños suelen tener ventajas en aspectos como la pronunciación y algunas reglas gramaticales, mientras que los adultos pueden apoyarse en un vocabulario más amplio y en estrategias de estudio desarrolladas a lo largo de su experiencia educativa y laboral.

La memoria de trabajo constituye un indicador del desempeño al aprender un nuevo idioma más preciso que la edad cronológica (Imagen Ilustrativa Infobae)

La revisión de Frontiers in Aging Neuroscience señaló que aprender un nuevo idioma puede ser más difícil después de la adolescencia, aunque sigue siendo viable para las personas mayores. Sus autores remarcaron que la memoria de trabajo puede ser un mejor indicador del desempeño en esta tarea que la edad cronológica por sí sola.

El aprendizaje lingüístico, por lo tanto, puede incorporarse como una actividad de estimulación intelectual y social, sin convertirlo en una promesa de protección definitiva frente al deterioro cognitivo. La evidencia disponible respalda la necesidad de seguir investigando sus efectos, mientras muestra que el cerebro conserva capacidad de adaptación y aprendizaje a lo largo de toda la vida.