Durante más de setenta años, la familia de Jeff Melin se negó a vender su campo en Georgia, Estados Unidos, pese a las insistentes propuestas de desarrolladores inmobiliarios. Sin embargo, la llegada de un nuevo aeropuerto regional cambió la historia: el Gobierno local expropió la mitad de la propiedad, que la familia trabaja desde 1951.

La decisión se tomó a través del mecanismo de dominio eminente, que permite a las autoridades adquirir tierras privadas para obras públicas a cambio de una compensación. Así, unas 225 acres —equivalentes a 91 hectáreas— de la granja pasaron a manos del condado de Spalding, donde se construirá parte del Aeropuerto Regional Griffin-Spalding.

Una historia familiar que quedó partida por la mitad

El abuelo de Melin, John Bennett Melin, se instaló en Griffin, al sur de Atlanta, en 1951 y fundó la explotación ganadera que la familia mantuvo unida durante tres generaciones. A lo largo de los años, rechazaron ofertas para urbanizar el terreno y optaron por preservar las 450 acres originales.

La expropiación no solo redujo la superficie: la franja tomada atraviesa el centro de la propiedad, dejando las dos mitades separadas por la futura pista de aterrizaje. “Han matado mi granja. Este será mi final”, lamentó Melin, de 57 años, al describir el impacto del proyecto.

Jeff Melin, el granjero que se negaba a vender (Foto: Melin Farms).
Jeff Melin, el granjero que se negaba a vender (Foto: Melin Farms).

La continuidad entre los sectores del campo era clave para el traslado de ganado, maquinaria y recursos. Ahora, esa conexión se perderá para siempre.

El aeropuerto que transformará la región y la vida de los Melin

El nuevo aeropuerto ocupará 730 acres (295 hectáreas) y reemplazará a las actuales instalaciones del área. El plan incluye una pista de 1.830 metros y 124 hangares, con capacidad para aviones privados y corporativos de gran porte.

Las autoridades aseguran que la obra impulsará la economía local: el Departamento de Transporte de Georgia estimó un impacto anual de 24 millones de dólares para el condado. El proyecto, con un costo de 95,6 millones de dólares financiados por fondos estatales, federales y locales, prevé finalizarse entre 2026 y 2031.

Melin, sin embargo, cuestionó el beneficio real para la comunidad: “Me obligan a vender, me quitan mis tierras y traen a los multimillonarios y a las grandes empresas”, denunció.

Árboles centenarios talados y una mudanza forzada en 90 días

El avance de la obra ya se hizo sentir en la granja. Según Melin, talaron árboles de pecán de más de cien años y comenzaron a instalar postes de hormigón para las futuras líneas eléctricas. Además, recibió una orden para desalojar uno de los talleres en solo 90 días, donde la familia acumuló décadas de maquinaria y herramientas.

La reducción del terreno lo obligó a desprenderse rápidamente de parte del ganado: debió buscar destino para 65 vacas y 30 terneros. “Tengo 90 días para trasladar 75 años de maquinaria agrícola”, explicó.

La pelea por el valor de la tierra y el futuro de la granja

El conflicto también se trasladó al plano económico. Melin denunció que la compensación ofrecida está muy por debajo del valor real de propiedades similares en la zona. “Me obligan a vender contra mi voluntad y después me pagan una fracción del valor”, reclamó.

En el pasado, la familia aceptó ceder tierras para la ampliación de rutas por motivos de seguridad pública, pero considera que el aeropuerto responde a otros intereses.

Mientras las autoridades defienden la obra como una inversión para el desarrollo regional, Melin enfrenta la realidad de ver su campo —que durante 75 años permaneció intacto— partido en dos por una pista de aterrizaje. La granja familiar no desaparecerá, pero nunca volverá a ser la misma.