El microshifting divide la jornada laboral en distintas franjas horarias y es aplicado por el 53 % de los trabajadores según una encuesta de Monster (Imagen Ilustrativa Infobae)

La jornada laboral dividida en franjas breves gana terreno entre quienes buscan compatibilizar sus responsabilidades profesionales con la vida personal. La práctica, conocida como microshifting, propone distribuir las tareas del empleo en distintos momentos del día, de acuerdo con los períodos de mayor concentración y las necesidades cotidianas de cada persona.

En lugar de cumplir de manera ininterrumpida un horario de oficina tradicional, este modelo permite, por ejemplo, responder correos temprano, asistir al gimnasio a media mañana, realizar gestiones familiares por la tarde y retomar una tarea pendiente por la noche. La condición central es mantener el cumplimiento de objetivos, plazos y espacios de coordinación con los equipos.

Según una encuesta de Monster citada por Real Simple, el 53% de los trabajadores ya aplica esta modalidad de forma habitual u ocasional. Sin embargo, el mismo relevamiento indica que buena parte de quienes la utilizan prefiere no comunicarlo a sus empleadores.

La productividad se organiza según los picos de energía

La propuesta parte de una idea sencilla: las personas no mantienen el mismo nivel de atención durante ocho o nueve horas seguidas. Loren Margolis, coach ejecutiva y autora especializada en liderazgo, definió el microshifting como una planificación flexible que divide las obligaciones laborales en períodos cortos de productividad.

Este esquema reorganiza las tareas según los picos de atención de cada persona y amplía la lógica de la técnica Pomodoro (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este esquema busca que cada trabajador reserve las tareas que requieren mayor foco para las horas en que se siente más lúcido. Quienes rinden mejor por la mañana pueden adelantar informes, análisis o reuniones decisivas; las personas más activas por la tarde o la noche pueden reorganizar su agenda dentro de los márgenes acordados con su organización.

La lógica tiene antecedentes en métodos de administración del tiempo, como la técnica Pomodoro. Esa práctica propone trabajar durante 25 minutos sin interrupciones y descansar cinco minutos antes de iniciar una nueva ronda. El microshifting amplía esa idea: no se limita a pausas breves, sino que incorpora bloques personales más extensos entre las etapas de trabajo.

Para Alexis Haselberger, asesora en gestión del tiempo y productividad, el modelo puede contribuir al equilibrio entre trabajo y vida personal porque permite atender compromisos durante la jornada, en vez de concentrarlos todos antes o después del horario laboral.

Padres, cuidadores y trabajadores remotos encuentran más margen

La flexibilidad puede resultar especialmente útil para madres, padres y personas a cargo de familiares. Un trabajador puede adelantar parte de sus actividades antes de que sus hijos se levanten y recuperar otra franja luego de que se duerman. De ese modo, dispone de tiempo para los traslados escolares, las comidas o el acompañamiento cotidiano.

También ofrece una alternativa para quienes tienen tratamientos médicos, controles frecuentes o condiciones de salud que limitan la capacidad de sostener jornadas continuas. Haselberger señaló a Real Simple que una persona con fatiga crónica podría trabajar durante un par de horas, descansar y volver a conectarse más tarde.

El trabajo remoto facilita la coordinación de proyectos con colegas ubicados en diferentes zonas horarias sin ocupar todo el día local (Imagen Ilustrativa Infobae)

El teletrabajo facilita parte de esa reorganización. Entre reuniones, algunas personas aprovechan para lavar ropa, preparar una comida o resolver gestiones domésticas. A la vez, el esquema puede ayudar a coordinar tareas con colegas que viven en otras zonas horarias: una conexión temprano o al final del día permite coincidir con equipos internacionales sin ocupar toda la jornada local.

La posibilidad de trabajar en los momentos de mayor energía y atender asuntos personales cuando el ritmo baja es uno de los principales atractivos del microshifting. Para sus defensores, esta distribución también reduce la presión de tener que pedir un día libre completo para una consulta médica o un trámite puntual.

Las empresas pueden ampliar su acceso a talento

Para las organizaciones, una mayor autonomía horaria puede convertirse en una herramienta de contratación y retención. Margolis sostuvo que los esquemas flexibles facilitan la incorporación de personas que combinan empleo, cuidado de hijos, asistencia a adultos mayores u otras responsabilidades.

La consultora también planteó que, si una persona puede preparar un informe o participar de una reunión relevante durante su mejor momento del día, la calidad y la eficiencia de ese trabajo pueden mejorar. El microshifting permite adaptar los horarios, pero no elimina la obligación de cumplir resultados y compromisos colectivos.

La especialista Loren Margolis planteó que ofrecer autonomía horaria permite a las empresas atraer y retener talento con responsabilidades familiares (Imagen Ilustrativa Infobae)

Algunas empresas ya conviven con prácticas similares, aunque no siempre estén formalizadas. Entre ellas aparece el llamado “coffee badging”, una conducta que consiste en asistir a la oficina para mantener presencia, participar de encuentros importantes y luego continuar la jornada desde otro lugar.

Para implementar un sistema transparente, las especialistas recomiendan comenzar con una prueba en un área determinada. La evaluación debería contemplar indicadores de productividad, cumplimiento de plazos, satisfacción laboral y coordinación interna antes de extender la modalidad a toda la organización.

Los límites y la comunicación evitan que el trabajo invada el día

La principal dificultad del microshifting es que la flexibilidad puede diluir la separación entre empleo y descanso. Si una persona se conecta a distintas horas sin reglas claras, la jornada puede extenderse hasta la noche y generar la sensación de que el trabajo nunca termina.

Haselberger aconseja establecer horarios definidos de inicio y cierre para cada bloque de trabajo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Haselberger aconseja establecer horas definidas de inicio y cierre para cada bloque, además de desactivar las notificaciones de correo electrónico y mensajería cuando no se está disponible. Margolis sugiere crear un ritual que marque el final del día, como revisar las tareas cumplidas, cerrar el ordenador o salir a caminar.

La coordinación con colegas es otro punto central. Comunicar la disponibilidad en el calendario y acordar franjas para reuniones y respuestas permite evitar ausencias en momentos que requieren colaboración en tiempo real. Esa información debe alcanzar a jefes, clientes y compañeros.

Para quienes recién ingresan a una empresa, la recomendación es observar primero las políticas formales e informales antes de plantear cambios. Si existe apertura, una conversación concreta (por ejemplo, proponer recuperar por la noche el tiempo destinado a un trámite) puede ayudar a construir confianza a partir del cumplimiento de las tareas acordadas.