Un estudio científico publicado en Insect Systematics and Evolution bautizó un nuevo género de insectos y cuatro especies con referencias a Taylor Swift.

Un nuevo género de insectos y cuatro especies fueron bautizados con referencias a Taylor Swift y a distintos títulos asociados a su obra musical, según un estudio científico publicado este mes sobre chinches fitófagas de Australia que hasta ahora no habían sido formalmente descritas.

El trabajo, firmado por Sarah Schroeder, investigadora doctoral de la Universidad de California en Riverside, identifica en total 12 nuevas especies y sitúa el hallazgo dentro de una línea de investigación más amplia sobre diversidad, evolución y conservación de insectos.

El nuevo género fue denominado Swiftiephylus, en alusión al apodo con el que se conoce a los seguidores de la artista. Dentro de ese grupo quedaron incluidas cuatro especies con nombres derivados de referencias vinculadas a la cantante: Swiftiephylus taylorae, Swiftiephylus amator, Swiftiephylus intrepidus y Swiftiephylus poetorum. El estudio fue publicado en la revista científica Insect Systematics and Evolution.

El estudio describe 12 especies nuevas y reorganiza su relación evolutiva

La investigadora Sarah Schroeder describió 12 nuevas especies de chinches fitófagas de Australia y reorganizó su relación evolutiva. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación se centra en insectos de la familia Miridae, considerada la mayor familia de chinches verdaderas, con más de 11.000 especies descritas en el mundo. Dentro de ese conjunto hay especies fitófagas, depredadoras y otras que presentan relaciones muy específicas con determinadas plantas hospedadoras.

En este caso, los ejemplares analizados están asociados a casuarinas australianas, un grupo de árboles y arbustos adaptados a ambientes diversos, entre ellos bosques tropicales, dunas costeras y zonas de calor extremo.

De acuerdo con la descripción científica, varios de estos insectos pasan su ciclo de vida completo en una planta específica, desde la eclosión hasta la reproducción.

La autora principal del trabajo, Sarah Schroeder, explicó que el homenaje a Taylor Swift tuvo una motivación personal, aunque también buscó atraer atención hacia el valor científico de estos organismos.

“Para mí, como fan de Taylor Swift de toda la vida, fue auténtico homenajearla de esta manera, además de llamar la atención sobre la diversidad de insectos que aún están por descubrir”, señaló.

Los ejemplares llevaban décadas en colecciones de museo antes de su descripción formal

El nuevo género Swiftiephylus incluye las especies Swiftiephylus taylorae, Swiftiephylus amator, Swiftiephylus intrepidus y Swiftiephylus poetorum. (REUTERS/Jennifer Gauthier)

Aunque las especies son nuevas para la ciencia en términos formales, los ejemplares no fueron recolectados recientemente.

Formaban parte de un conjunto de insectos reunidos entre 1995 y 2004 durante un amplio proyecto de biodiversidad en Australia realizado por investigadores del Museo Americano de Historia Natural y colaboradores australianos.

Ese esfuerzo reunió más de 50.000 ejemplares, muchos de los cuales quedaron pendientes de análisis taxonómico durante años. La identificación, comparación y descripción de nuevas especies requiere revisar caracteres morfológicos, establecer diferencias con grupos ya conocidos y ordenar las relaciones entre linajes cercanos.

La coautora del estudio, Christiane Weirauch, profesora de entomología de la Universidad de California en Riverside, había participado en aquellas campañas durante una etapa previa de su carrera académica. Más tarde propuso a Schroeder revisar parte de ese material como eje de su tesis doctoral, ante la posibilidad de que todavía hubiera numerosas especies sin describir.

La investigación examinó 593 ejemplares procedentes de dos grandes museos

El nuevo género Swiftiephylus incluye las especies Swiftiephylus taylorae, Swiftiephylus amator, Swiftiephylus intrepidus y Swiftiephylus poetorum. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para el estudio, las investigadoras revisaron 593 ejemplares prestados por el Museo Americano de Historia Natural y el Museo Australiano. Ese análisis permitió comprobar que varios insectos con apariencia semejante y asociados a las mismas plantas hospedadoras no pertenecían a un único linaje, sino a grupos evolutivos distintos.

Ese punto resulta relevante para la taxonomía porque una coloración parecida no siempre implica parentesco cercano. El trabajo sostiene que estas especies comparten tonos claros con marcas rojizas, un rasgo que también aparece en insectos lejanamente emparentados que viven sobre las mismas plantas. Esa coincidencia abre la posibilidad de una evolución independiente de rasgos semejantes.

Schroeder vinculó esa característica con la elección de los nombres. Según indicó, las casuarinas presentan estructuras florales delgadas de tonos rojizos o anaranjados, y los insectos podrían usar esa combinación de colores como camuflaje.

“El look icónico de Taylor Swift es su cabello rubio y sus labios rojos. Estos insectos son de color amarillo pálido con toques rojos”, afirmó. En el propio trabajo, agregó, los describió como “rubios”.

Las especies no son consideradas plagas

La descripción científica indicó que estos insectos no son plagas y que su valor radica en el estudio de la biodiversidad y de la relación entre insectos y plantas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

De acuerdo con la descripción científica, los insectos recién nombrados no son considerados plagas para humanos ni animales. Tampoco se sabe que provoquen daños a las casuarinas sobre las que viven y se alimentan. Su interés, por ahora, radica en lo que pueden aportar al conocimiento de la biodiversidad y de las relaciones entre insectos y plantas.

Las casuarinas constituyen un sistema útil para estudiar especialización ecológica. En muchos casos, los chinches fitófagos desarrollan una asociación estrecha con una sola planta hospedadora, lo que permite observar cómo esas relaciones pueden influir en la diversificación de especies a lo largo del tiempo.

Ese enfoque también forma parte de la agenda de investigación de Schroeder, quien estudia la evolución de esta subfamilia mediante herramientas de taxonomía clásica y datos genómicos. El objetivo es reconstruir sus relaciones evolutivas, entender cómo se dispersaron por distintas regiones y examinar de qué manera surgieron sus vínculos especializados con determinadas plantas.

La descripción científica indicó que estos insectos no son plagas y que su valor radica en el estudio de la biodiversidad y de la relación entre insectos y plantas. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Uno de los argumentos centrales planteados por la investigadora es que la descripción formal de especies sigue siendo una tarea básica para cualquier estrategia de conservación. La taxonomía, disciplina dedicada a identificar, clasificar y nombrar organismos, continúa enfrentando una brecha importante entre la diversidad conocida y la realmente existente.

Según estimaciones citadas en el contexto del estudio, podrían existir hasta 30 millones de insectos sin documentar. Esa cifra da una idea de la magnitud del trabajo pendiente en colecciones, expediciones y laboratorios, incluso después de siglos de exploración biológica.

La elección de nombres inspirados en una figura de alcance global también se inscribe en ese marco. Dentro de la entomología existe debate sobre la conveniencia de nombrar especies en honor a personas, pero Schroeder defendió esa posibilidad como una herramienta para ampliar el interés público en campos científicos que suelen quedar fuera de la conversación masiva.

“La taxonomía es la piedra angular de la conservación”, sostuvo la investigadora. “Si no describimos las especies, no sabemos que existen y no podemos conservarlas”. En ese sentido, el estudio combina una descripción técnica de nuevos insectos con un intento de proyectar esa discusión hacia una audiencia más amplia.