El Mazda CX-6e me ha hecho preguntarme algo que nunca hubiera pensado: ¿y si a Mazda le conviene traicionarse?
Es posible que hayas escuchado esta historia pero, por si todavía no lo sabías, te la cuento porque es importante para entender por qué una empresa japonesa con algunas de las señas de identidad más arraigadas de la industria del motor está vendiendo un coche chino en Europa que originalmente no esp
Es posible que hayas escuchado esta historia pero, por si todavía no lo sabías, te la cuento porque es importante para entender por qué una empresa japonesa con algunas de las señas de identidad más arraigadas de la industria del motor está vendiendo un coche chino en Europa que originalmente no esperaba tener en su catálogo.
Cuando China decidió que el coche eléctrico era el futuro (o su futuro, al menos) activó una serie de resortes para desarrollar una industria desde cero y posicionarse como los mejores en su tecnología. Sí, a los fabricantes nacionales les dieron terrenos, créditos blandos y, directamente el Estado se asentó con su propio dinero en la cuenta corriente de las compañías.
Pero también tomaron una decisión estratégica clave: atraer a empresas de occidente y aprender de ellas. Por eso ofrecieron sus terrenos y su mano de obra baratísima a las compañías extranjeras. A cambio, eso sí, de que montaran una empresa conjunta con una de las empresas de casa. Por eso Volkswagen tiene estrechos lazos con SAIC (y su MG4 Electric es calcado en tamaño al Volkswagen ID.3)Toyota con GAC y Mazda con Changan, uno de los fabricantes con más historia del país, porque el pacto se firmó cuando todavía era propiedad de Ford.
Con ese conocimiento, China ha conseguido desarrollar una industria a la que ha dotado de las herramientas necesarias para marcar diferencias. Primero con una cadena de suministro que le ha permitido controlar la producción de baterías y los minerales clave para quienes quieran producirlas por su cuenta. Y ha fomentado la colaboración entre compañías automotrices y de desarrollo de software.
De armas del siglo XIX a un Mazda 6e: así nació Changan, la empresa que fabricó el primer coche chino de la historia
El resultado es obvio. Renault se ha ido a China para desarrollar el Twingo y ponerlo en el mercado en tiempo récord. Volkswagen tiene ya un acuerdo con Xpeng para desarrollar plataformas para sus coches eléctricos. Y Mazda se está trayendo coches chinos a Europa para rebajar emisiones. Y es que mientras aprendían a mejorar lo ya conocido, en China han fomentado el consumo del producto local. El cliente se ha decantado mayoritariamente por el producto nacional y la caída en ventas de coches europeos que se vendían allí con márgenes de beneficio enormes se han desplomado, comprometiendo sus cuentas de resultados.
Los fabricantes occidentales se han encontrado, además, con una Unión Europea que les aprieta las tuercas en materia de emisiones y que les ha obligado a invertir miles y miles de millones de euros para vender coches eléctricos que no han encontrado el abrazo esperado. Al mismo tiempo, ha levantado aranceles a los coches que llegan con esta tecnología desde China aunque en ellos esté inmerso un fabricante europeo. Vamos, lo de la espada y la pared.
La solución, como no, pasa por invertir dinero. Muchísimo dinero. Todo para fabricar en Europa y saltarse los aranceles. Eso sí, lidiando con enormes planes de ajuste y reestructuración en algunos casos.
¿A qué viene toda esta introducción?
A que Mazda es diferente.
En parte porque no le queda otra.
Ficha técnica del Mazda CX-6e
Mazda CX-6e
Tipo de carrocería
SUV de cinco plazas
Medidas y peso
4,850 metros de largo, 1,935 de ancho y 1,620 metros de alto. Distancia entre ejes de 2,902 metros.
Peso por confirmar
Maletero
468 litros.
Maletero delantero de 80 litros.
Potencia máxima
190 kW (258 CV) y 290 Nm.
Consumo WLTP
18,9 kWh/100 km
Distintivo ambiental DGT
Cero emisiones.
Ayudas a la conducción (ADAS)
Obligatorias por la Unión Europea.
Otros
Pantalla de 26 pulgadas
Head-Up Display.
Compatibilidad con Android Auto y Apple CarPlay.
Híbrido eléctrico.
No.
Híbrido enchufable.
No.
Eléctrico
Sí.
Batería LFP de 78 kWh (484 kilómetros de autonomía) con motor de 190 kW (258 CV).
Precio y lanzamiento
Ya disponible:
Desde 46.200 euros en versión Takumi (acceso)
PVP con descuentos y ayudas: 37.615 euros
Desde 49.200 euros en versión Takumi Plus
PVP con descuentos y ayudas: 41.065 euros
Jugando sus cartas
En todo este lío, Mazda tiene un problema. BMW puede apalancar 10.000 millones de euros para desarrollar coches eléctricos porque es enorme. Volkswagen puede echar a decenas de miles de personas y apostar al mismo tiempo por desarrollar nuevas plataformas para coches eléctricos porque su músculo es gigante. Toyota, que no es un gran ejemplo en el salto a esta tecnología, puede permitirse hacer una enorme inversión para el desarrollo de baterías estado sólido.
Pero Mazda no tiene ese músculo financiero ni ese tamaño. Mazda vendió en 2025 1,26 millones de coches, por los más de 10,5 millones de unidades que vendió Toyota (junto a Lexus), los más de 8,94 millones del grupo Volkswagen e, incluso, sigue alejada de los 2,46 millones de coches que puso en la calle el grupo BMW. Para que Mazda haga una inversión estructural de este tipo necesita estar muy segura de lo que hace.
La solución se ha encontrado de manera inesperada. En China, donde la mayoría de fabricantes occidentales están en caída libre, gustaron sus propuestas junto a Changan. Y viendo el buen resultado y que el desarrollo ya estaba hecho, decidieron que traerían sus Mazda 6e y Mazda CX-6e a Europa. El movimiento tiene su lógica porque en Mazda ya contaban con tener que pagar un buen dinero por multas en materia de emisiones o en la alianza con un fabricante como Tesla. Pero todo coche eléctrico que vendan les acerca al límite y les rebaja la partida dedicada a este cometido.
Hace unos meses ya nos pusimos a los mandos del Mazda 6e, un coche que nos gustó en líneas generales pero al que penaliza unos consumos un poco altos y una potencia de carga insuficiente en su batería grande. Ahora esto último lo han solucionado con una última actualización.
Pero aquel coche, sobre todo, tenía un problema: no era un Mazda. Y se notaba. Como se nota en este Mazda CX-6e. No es un Mazda, al menos, como se ha venido entendiendo durante décadas. Y es que los nipones han conseguido hacerse un hueco en el mercado con vehículos que claramente apostaban por una dinámica un poco más deportiva que los rivales, aunque eso les penalizara en confort general de marcha. A cambio, la pequeña marca de Hiroshima solía tener uno de los mejores tactos de dirección y cambio de marcha del mercado
Un día, por algún motivo, Mazda diseñó un coche que podía llevarse en una maleta. No hay mucho más que decir
Abrirse nuevas puertas
Contaré un detalle personal para explicar el lugar que creo que debe ocupar este nuevo Mazda CX-6e en la gama de los nipones. Soy feliz dueño de un Mazda 3 y esta misma semana le tocó la revisión. Al día siguiente nos tocaba coger el vuelo camino Dusseldorf, donde hemos probado este Mazda CX-6e. Mientras esperaba, uno de los comerciales hacía entrega a una pareja que no alcanzaba los 40 años de su nuevo y flamante SUV eléctrico.
Preguntado sobre esto en la presentación, la compañía nos ha confirmado que ha registrado 300 pedidos de coches comprados a ciegas. Para hacernos una idea, es la mitad de todo lo que ha vendido el Mazda 6e en lo que llevamos de año. Esta berlina es muy bonita y tiene un interior cuidado con una alta percepción de calidad. Pero es una berlina y el público pide SUV.
Pide, también, pantallas gigantes. Cuando en Mazda nos comentaron esto para justificar la enorme pantalla de 14,6 pulgadas que tiene su berlina eléctrica pensé que era el típico juego estadístico para defender esta posición pero que Mazda haya optado por esta misma solución en el CX-5 (que incluso llega a las 15,6 pulgadas), un coche que sí han desarrollado ellos desde cero, da una idea de que me equivocaba y que la marca sí parece tener datos reales de que eso mismo están pidiendo sus clientes.
Así que la compañía ha jugado bien estas dos cartas. Estéticamente el nuevo SUV eléctrico de Mazda es bonito y diferencial, tiene personalidad propia. El juego de curvas y aristas afiladas en la parrilla delantera es un ejercicio de diseño digno de alabar. La toma delantera para facilitar le paso del aire y las situadas en el pilar C le aportan un toque distintivo y deportivo. Agresivo sin abandonar las líneas orgánicas tradicionales de la compañía.
Por dentro, repite fórmula. Los materiales escogidos dan buena sensación y son agradables al tacto. Es de agradecer justo cuando parece que la empresa ha levantado la mano en este sentido con el Mazda CX-5. Han mantenido, además, la gigantesca pantalla de 26 pulgadas que ocupa el espacio para la pantalla central y que deja al alcance del pasajero algunas funciones especialmente pensadas para él, como el control del sistema multimedia.
La cara negativa es que, efectivamente, se eliminan botones que seguimos considerando básicos como los del control de la climatización o el de los retrovisores. Por suerte no han llegado tan lejos como Tesla y hay palancas satélites para el control de los limpiaparabrisas. Quién no se consuela es porque no quiere, supongo.
Pero sobre todo, el principal problema que tiene Mazda en este coche es que buena parte de la pantalla está desperdiciada y el diseño de los botones debería estar mejor implementado. Para el copiloto hay muchísima superficie libre a la que no se le saca partido porque solo en la zona inferior hay algunos widgets para el control de funciones básicas. Para el conductor, llegar hasta allí es hacer un ejercicio de contorsionismo.
Esto último se facilita con un desplegable en la parte izquierda que nos trae las funciones más utilizadas y el control de la música. Pero con la activación de cada función, perdemos el Apple CarPlay o la implementación de Android Auto que sólo se muestra en una ventana flotante sobre el lado izquierdo. De nuevo, queda mucho espacio liberado arriba y abajo que no es rellenado. Y, además para activar de nuevo la interfaz que nos llega desde el móvil, hay que estirarse para tocar un botón demasiado pequeño para el enorme panel disponible.
Todo en movimiento.
Todas las decisiones son más que cuestionables.
En marcha, el Mazda CX-6e es un coche muy sencillo de llevar. La compañía tiene un reto porque el coche le viene dado y tiene que tratar de afinarlo a los gustos europeos y, sobre todo, lo máximo posible a sus propias señas de identidad. Eso nos deja un coche con una dirección y suspensiones más blandas que de costumbre pero que, incluso con ello, la dirección es más directa y la suspensión es más dura que en el Deepal S07, su hermano chino.
Aunque el coche lo hemos probado casi todo por carreteras secundarias entre pueblos y no hemos tenido ocasión de sacarlo a una vía revirada, sí podemos adelantar que no estamos ante un coche deportivo. Al contrario, es un coche cómodo y muy fácil de llevar que circulando a buen ritmo en Autobahn nos ha dado buenas sensaciones en lo que a estabilidad se refiere. Incluso hemos echado de menos algo más de brío que deje notar sus 258 CV.
Este aburguesamiento no sólo es cosa de sus dos últimos coches. El Mazda CX-5 también ha perdido ciertas señas de identidad con una dirección que siendo buena ya no es tan reactiva como antaño. Tres nuevos coches que se alejan de lo que entendíamos por un Mazda pero que por confort son muy fáciles de recomendar.
Con estas cartas que le ha tocado jugar, Mazda tiene la oportunidad como decimos de ganar nuevo mercado. Hay un tipo de cliente más o menos joven (que no llega a mediana edad) que tiene la clara intención de apostar por el coche eléctrico y al que le llena los ojos la estética de una compañía como Mazda pero que no tiene por qué estar alineado con lo que es conducir, o era hasta ahora, un coche de la compañía. Un cliente que se enfoca más en tener un coche bonito, que pueda cargar en casa y al que le gusta el interior del nuevo CX-6e.
Si a ese clientes le das una batería de 78 capacidad que puede cargar a 195 kW de potencia y un precio atractivo, puedes atraerlo desde luego a tu terreno. Porque ahora mismo, el Tesla Model Y sigue siendo, por relación precio/tamaño/autonomía, la opción más lógica. Pero con la llegada de nuevos rivales al mercado se abren las puertas a quienes prefieren pagar unos 40.000 euros por este Mazda CX-6e (se queda en 37.615 euros con todas las ayudas del Plan Auto 2030 y el CAES y 41.065 euros su versión tope de gama) sencillamente porque les gusta más estéticamente y no les importa renunciar a un poco de autonomía derivado de un mayor consumo.
El reto de Mazda es conseguir conjugar ambos mundos. Mantener al cliente de toda la vida con vehículos bonitos y de tacto muy cuidado con una nueva hornada de compradores que pueden valorar mucho el diseño atractivo pero también quieren dar el salto a una nueva tecnología y no prestan tanta atención a las cualidades dinámicas. O, incluso, prefieren una mayor comodidad al volante.
La llave para abrir esa puerta de par en par la tienen en su bolsillo.
Fotos | Xataka
En Xataka | Mazda tiene un estupendo coche eléctrico barato de rango extendido listo para exportar. Europa tiene sus reservas
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El Mazda CX-6e me ha hecho preguntarme algo que nunca hubiera pensado: ¿y si a Mazda le conviene traicionarse?
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Xataka
por
Alberto de la Torre
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