España, en cuestión de fiestas, no te la acabas. Que si enanos danzantes, saltar sobre bebés, que si barcos vikingos, que si tiznar a uno que quiere recuperar a una virgen o ese pueblo andaluz que celebra la navidad en agosto. ¿Por qué? Porque pueden. Pero una de las imágenes más locas que se pueden encontrar enfrenta Arnedo, pueblo de La Rioja, y Andosilla, otro de Navarra. Uno le quiere robar los santos al otro.
Hay tres carreras, tres muros humanos. Las imágenes de San Cosme y San Damián a hombros de unos, y los rivales cerrando el paso. Ya podrán: en Arnedo tiene más de 15.000 habitantes frente a los menos de 3.000 de Andosilla. El día que los navarros no vuelvan a casa con las manos vacías será un evento canónico.
El guion. La jornada empieza de madrugada. A partir de las cinco, los arnedanos esperan a los auroros navarros junto a la Puerta del Cinto, con un refrigerio de fardelejos, barquillos y moscatel. Juntos cantan y rezan el Rosario de la Aurora (no es un decir, es literal). A las once sale la procesión y, en tres puntos del recorrido, un pregonero navarro defiende con argumentos, bromas y alguna amenaza de mentira que los santos les pertenecen.
Cuando la cosa se calienta, empieza el “¡A Navarra con ellos!” y los porteadores echan a correr. Los vecinos de Arnedo los frenan y la respuesta es siempre “¡Autraño!”, es decir, hasta otro año. Este año, el fuego dialéctico lo inauguró Carlos Fuertes, farmeador de aura máximo. Los santos, aseguró, “estaban en Resa, en Navarra”. Bromeó con que el supuesto préstamo llevaba tanto tiempo en Arnedo que ya era una hipoteca, y vio una señal en el eclipse del 12 de agosto, que en Andosilla se observó mejor desde Santa Cruz, junto a Resa. Imaginación no falta. Puro invent, sí, pero creativo.




