Carmen de Burgos fue la primera redactora de un periódico generalista en España y la primera corresponsal de la Guerra de Melilla en 1909.

Carmen de Burgos, primera periodista profesional de España, publicó en 1917 una novela corta que describía el acoso a una mujer libre con una precisión que incomodó a sus contemporáneos y que hoy resulta difícil de ignorar. El perseguidor —34 páginas aparecidas en la colección La Novela Corta— es la historia de Matilde, una joven andaluza que enviuda, rechaza regresar a la casa familiar y decide viajar sola por Europa. Lo que la espera en cada ciudad no es la libertad prometida, sino la sombra de un hombre que reaparece una y otra vez, hasta que el miedo la dobla.

El seudónimo impuesto como condición para escribir

Para entender El perseguidor hay que saber quién era su autora y bajo qué nombre tuvo que escribir. Carmen de Burgos Seguí nació en Almería, en 1867. Tras un matrimonio fallido y la muerte de tres hijos recién nacidos, abandonó a su marido y se trasladó a Madrid con su única hija sobreviviente. En 1903, Augusto Suárez de Figueroa, director del recién fundado Diario Universal, la contrató para una columna titulada Lecturas para la mujer. La condición: firmar como “Colombine”, un seudónimo sugerido por el propio editor.

El nombre aludía a un personaje del teatro cómico francés e italiano —una criada astuta y coqueta— y tenía el propósito de que las columnas resultaran ligeras, dirigidas a las mujeres, en contraste con el tono sobrio del diario. Burgos aprovechó ese espacio para introducir, de a poco, temática feminista: el sufragio femenino, el divorcio, la educación de la mujer. “Colombine” pasó a ser su firma de por vida, no como ocultamiento, sino como una marca que sus lectoras —de clase media y trabajadora— reconocían y seguían.

La paradoja del seudónimo condensa la situación de Burgos: una mujer que debió adoptar una identidad impuesta para hablar, desde adentro, de la imposibilidad de ser libre. En 1903 se convirtió en la primera redactora de un periódico generalista en España; en 1909, cubrió la Guerra de Melilla como corresponsal, otra primera vez para una mujer en ese país. Publicó más de 300 obras —novelas, ensayos, cuentos, traducciones, libros de viaje— y presidió la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas. Murió en 1932, de un ataque al corazón, durante un discurso sobre educación sexual en el Centro Socialista de Madrid. Siete años después, la dictadura franquista prohibió todos sus libros.

El viaje de Matilde como causa del acoso

La trama de El perseguidor comienza en Nochebuena. Matilde recuerda «escenas patriarcales de su vida española» con una mezcla de nostalgia y alivio por haberlas dejado atrás. Se casó joven, con el primer hombre que le ofreció una salida de la familia y la posibilidad de vivir en Madrid. Enviudó a los tres meses. Con la herencia del marido, tomó una decisión que la novela presenta como escandalosa para su época: no volvió a la casa paterna, no buscó un nuevo marido, y comenzó a viajar.

El perseguidor narra la historia de Matilde, una joven andaluza viuda que rechaza volver a la casa familiar y decide viajar sola por Italia, Suiza, Noruega y Londres.

Matilde recorre Italia, Suiza, Noruega y finalmente llega a Londres. En cada etapa, la figura de un hombre —Daniel, su pretendiente más insistente— reaparece. La presencia de ese personaje oscila entre lo real y lo fantasmal: a veces Matilde lo ve, a veces duda de si lo vio, a veces siente que la persigue sin poder probarlo. La crítica literaria ha señalado que el verbo perseguir en español condensa tres significados que el texto activa simultáneamente: seguir a alguien hasta alcanzarlo, acosar y asediar, y obsesionar como un fantasma. Matilde es objeto de los tres.

El desenlace es el más perturbador de la obra. Tras dos años de viajes y de esa presencia amenazante, Matilde llega a Londres, experimentó un terror que la novela no termina de explicar y decidió volver a España. Ante la necesidad de protección que siente, aceptó la propuesta de matrimonio de Daniel. El fantasma desapareció en el momento exacto en que ella renuncia a viajar sola.

Crítica al patriarcado en clave de relato de terror

El perseguidor ha sido leída por la crítica como un texto que opera en dos registros al mismo tiempo. En la superficie es una novela de atmósfera gótica: viajes por ciudades europeas, una figura que acecha, una protagonista que duda de su propia percepción. En el fondo es un análisis de los mecanismos con que la sociedad patriarcal presiona a las mujeres que intentan vivir de manera autónoma.

Silvia M. Roca-Martínez, en un análisis publicado en la revista Hipertexto, argumenta que la novela explora dos problemas simultáneos: los conflictos que enfrenta la mujer al abrirse paso en la sociedad como sujeto independiente, y el peso de una educación patriarcal que esa misma mujer lleva consigo. Matilde no es vencida por la fuerza; es doblegada por el miedo y por la ausencia de redes que la sostengan. La investigadora Elena Lindholm, por su parte, ha señalado que el «perseguidor» funciona como una figura de los «fantasmas patriarcales» que aparecen ante la mujer moderna que se atreve a moverse sola: voces de prohibición que no necesitan ser físicas para resultar eficaces.

Burgos conocía esa presión desde adentro. Ella misma viajó sola por Europa —sus libros Por Europa, Cartas sin destinatario y Peregrinaciones lo documentan— y sabía lo que significaba ser una mujer sin acompañante en los hoteles, los trenes y las ciudades del continente a principios del siglo XX. Matilde recorre las mismas rutas que su creadora, pero en la ficción el precio de esa libertad es más alto.

Censura franquista, olvido y recuperación digital

La trayectoria editorial de El perseguidor siguió el destino de toda la obra de Burgos: el olvido impuesto por la censura franquista. Prohibida junto con el resto de sus libros tras la Guerra Civil, la novela permaneció durante décadas fuera del alcance del público general. Su recuperación fue gradual y en gran medida impulsada por instituciones académicas y bibliotecas digitales.

Hoy el texto se consigue de manera gratuita en plataformas como Bajalibros en formato digital. Dado que la obra es de dominio público —Burgos murió en 1932—, su circulación en línea es amplia y legítima.

La novela se lee en una tarde. Y plantea preguntas sobre el acoso, la autonomía femenina y el precio social de la independencia que no han perdido vigencia desde que «Colombine» las escribió hace más de un siglo.