Una profesora universitaria lo admite: "no hay ningún motivo para creer que los jóvenes Gen Z vayan a tener seguridad económica"

Si escuchas a Suzy Welch, la cosa parece clara: el contrato moral que unía estudios, trabajo y estabilidad ya no se sostiene. La profesora (que pertenece a los famosos boomers) recuerda sus años de juventud: por aquel entonces sabía que, casi por inercia, tendría más dinero que sus padres y que, si trabajaba duro, podría comprarse una casa. 

Hoy, insiste, esas promesas "ya no están garantizadas". Ese cambio alimenta una actitud más prudente, casi defensiva, en unos estudiantes que comparan sus tristes vidas de hoy con los relatos deslumbrantes de ayer.

Realismo, no pasotismo. En sus clases, continúa la profesora, el escepticismo de los jóvenes no es sinónimo de despreocupación, sino de un realismo endurecido por una crisis tras otra. La Generación Z, pendiente de nuevos retos, se pregunta qué definición darle a la peculiar idea de "progreso". ¿Qué sentido tiene el trabajo? ¿Para qué dejarse la piel si es para destruir el planeta y no conseguir nunca garantías de estabilidad? Esa lucidez, que puede confundirse con apatía, es para Welch una forma de vulnerabilidad y de tristeza.

El ascensor social, atascado. El retrato que hace Welch es bastante claro: el mundo laboral ha cambiado. El esquema clásico de buenos estudios, buen puesto y ascenso dentro de la empresa ya "no es una realidad" en la actualidad, según ella.

Los millennials usaban el término "TL;DR". La generación Z lo está sustituyendo por algo más radical: "AI;DR"
Los millennials usaban el término "TL;DR". La generación Z lo está sustituyendo por algo más radical: "AI;DR"