En una calle del sur de la Ciudad de Buenos Aires aparece una propiedad que puede pasar inadvertida entre construcciones de distintas épocas, pero que guarda una historia arquitectónica singular. Está en Tacuarí al 700, en el límite entre Monserrat y San Telmo, y conserva buena parte de los elementos originales de un petit hotel construido hace más de un siglo.

El inmueble salió a la venta por US$780.000 y su atractivo no está solamente en los metros cuadrados. La construcción reúne una residencia principal, un local comercial y dos unidades independientes, además de una fachada cargada de ornamentación.

Su arquitectura está vinculada con Virginio Colombo, uno de los grandes nombres del Art Nouveau y del Liberty italiano en la Argentina.

La propiedad suma 528 m2 totales, de los cuales 383 m2 son cubiertos, sobre lote propio. Tiene tres accesos desde la calle y una configuración que abre distintas posibilidades para un nuevo propietario: desde una residencia de características excepcionales hasta un proyecto vinculado con hotelería, renta temporaria, oficinas o recuperación patrimonial.

Quién fue Virginio Colombo, el arquitecto detrás de la obra

Colombo nació en Brera, Milán, en 1884, y llegó a Buenos Aires en 1906, con apenas 21 años. Su desembarco estuvo ligado a un encargo del Ministerio de Obras Públicas para participar en las decoraciones del Palacio de Justicia.

El célebre Virginio Colombo, uno de los padres del estilo Art Nouveau en la Argentina, dejó su sello en varias edificaciones (Foto: TN)
El célebre Virginio Colombo, uno de los padres del estilo Art Nouveau en la Argentina, dejó su sello en varias edificaciones (Foto: TN)

Formado en la Academia de Bellas Artes de Brera y discípulo de Giuseppe Sommaruga, una figura central del Liberty italiano, desarrolló en Buenos Aires un lenguaje propio que se apartó de la arquitectura académica francesa que dominaba buena parte de la ciudad.

Su producción fue intensa. Entre 1911 y 1927 proyectó cerca de 50 edificios, una cifra notable para un arquitecto que murió a los 43 años.

Entre sus obras más conocidas aparecen la Casa Calise, sobre Hipólito Yrigoyen al 2562/78, la Casa de los Pavos Reales, en avenida Rivadavia 3216/3232, y el edificio Grimoldi, sobre avenida Corrientes al 2400.

La Casa de los Pavos Reales sobre la Avenida Rivadavia al 3200, también lleva la inventiva creativa de Colombo (Foto: TN)
La Casa de los Pavos Reales sobre la Avenida Rivadavia al 3200, también lleva la inventiva creativa de Colombo (Foto: TN)

Colombo es considerado uno de los padres del Art Nouveau en la Argentina, aunque su obra también se inscribe dentro del Liberty milanés. Sus fachadas se reconocen por la presencia de relieves, esculturas, molduras, mosaicos, herrería artística y materiales nobles.

En lugar de buscar solo simetría y sobriedad, apostó por una arquitectura mucho más expresiva. Las figuras escultóricas, las formas curvas y los detalles ornamentales pasaron a formar parte integral de sus edificios. Esa búsqueda aparece también en la propiedad de Tacuarí.

Fachada que aún conserva el lenguaje de Colombo

Para Pablo Fernández, investigador urbano y especialista en patrimonio, la atribución de la propiedad a Colombo se relaciona con varios elementos que aparecen en otras obras del arquitecto.

Entre ellos están las molduras con leones de fauces abiertas, la herrería de líneas orgánicas y curvas, los balcones semicirculares y una composición que integra distintos recursos decorativos dentro de un mismo conjunto.

La diferencia con otros exponentes del Art Nouveau europeo también resulta importante. En Colombo existe una fuerte presencia escultórica y tridimensional. Los balcones, rejas, picaportes, molduras y esculturas no funcionan como piezas independientes, sino como partes de una misma concepción estética.

La fachada conserva los balcones semicirculares, la herrería artística y las molduras que remiten al lenguaje arquitectónico de Virginio Colombo (Foto: @pablofe70 IG)
La fachada conserva los balcones semicirculares, la herrería artística y las molduras que remiten al lenguaje arquitectónico de Virginio Colombo (Foto: @pablofe70 IG)

La propiedad de Tacuarí conserva además una escalera principal de mármol, pisos de roble, vitrales, carpinterías de madera y molduras. En algunos sectores, los techos llegan a 3,70 metros, mientras que la planta baja alcanza 4,40 metros de altura.

El estado de conservación es uno de los aspectos que más sorprende a los especialistas. Las remodelaciones de este tipo de edificios suelen eliminar pisos, aberturas y ornamentaciones originales. En este caso, buena parte de esos elementos todavía permanece.

El hall de entrada conserva la escalera de mármol, los vitrales y la ornamentación original que caracteriza a la propiedad (Foto: Di Mitrio Inmobiliaria)
El hall de entrada conserva la escalera de mármol, los vitrales y la ornamentación original que caracteriza a la propiedad (Foto: Di Mitrio Inmobiliaria)

La casa cuenta, además, con protección cautelar, una condición que busca preservar sus características arquitectónicas.

Tres accesos y varias posibilidades de uso

El interior explica por qué el inmueble puede interesar a perfiles muy diferentes. En los pisos superiores se encuentra el petit hotel propiamente dicho, con ocho ambientes, cuatro dormitorios, cocina, dependencias y dos terrazas con parrilla.

En planta baja funciona un local comercial con una altura libre de 4,40 metros. A esto se suma un pasillo lateral que conduce hacia dos unidades independientes de tres ambientes, cada una con patio.

Uno de los salones principales, con pisos en damero, molduras doradas, arañas y una chimenea de gran presencia (Foto: Di Mitrio Inmobiliaria)
Uno de los salones principales, con pisos en damero, molduras doradas, arañas y una chimenea de gran presencia (Foto: Di Mitrio Inmobiliaria)

En total, el conjunto reúne 12 ambientes y cinco baños. La distribución permite pensar la propiedad como algo más que una vivienda tradicional. Su superficie, sus accesos y la combinación de usos existentes pueden resultar atractivos para un inversor que busque reconvertir un inmueble histórico sin perder su identidad.

Desde el mercado inmobiliario, la propiedad aparece como un activo de características poco frecuentes. Marcelo Langone, arquitecto de Di Mitrio Inmobiliaria, la ubica en una categoría distinta de la vivienda convencional: “se trata de un inmueble con identidad patrimonial, arquitectura propia y una configuración difícil de reproducir”, dijo.

Las consultas que recibió el inmueble también reflejan esa diversidad. Hubo interés de operadores hoteleros, inversores vinculados con la renta temporaria, empresas que buscan una sede corporativa y perfiles relacionados con la recuperación de edificios patrimoniales.

Un ambiente de grandes dimensiones conserva el piso de roble en espina de pez, las carpinterías originales y los detalles decorativos (Foto: Di Mitrio Inmobiliaria)
Un ambiente de grandes dimensiones conserva el piso de roble en espina de pez, las carpinterías originales y los detalles decorativos (Foto: Di Mitrio Inmobiliaria)

La ubicación agrega otro elemento. Tacuarí está en un sector donde Monserrat y San Telmo se encuentran con el área histórica y comercial del centro porteño. Langone acotó: “La propiedad forma parte de una zona que atravesó una profunda transformación urbana desde fines del siglo XIX y comienzos del XX”.

En ese período Buenos Aires comenzó a crecer con nuevas tipologías, mientras las antiguas casas dieron paso a edificios de renta, locales y viviendas de mayor escala.

La construcción representa justamente esa transición. Fernández dijo: “No es solamente una casa antigua: reúne vivienda, actividad comercial y unidades independientes bajo una misma estructura”.

Pieza patrimonial que busca un nuevo destino

El precio de US$780.000 coloca a la propiedad dentro de un segmento muy particular del mercado. Su valor no depende únicamente de la superficie. También intervienen la arquitectura, los materiales originales, la historia del edificio y la posibilidad de darle un nuevo uso.

El primer piso mantiene la estética original, con boiseries, vitrales, puertas de madera y pisos de roble (Foto: Di Mitrio Inmobiliaria)
El primer piso mantiene la estética original, con boiseries, vitrales, puertas de madera y pisos de roble (Foto: Di Mitrio Inmobiliaria)

Para Fernández, este tipo de inmuebles permite comprender cómo se construía y cómo se concebía la belleza urbana hace más de un siglo. Señaló: “Los pisos de roble colocados en espina de pez, las boiseries, las molduras, las puertas vidriadas y los cielorrasos ornamentados representan una calidad artesanal difícil de encontrar en una construcción contemporánea”.

El desafío, entonces, pasa por encontrar un destino que permita conservar esa identidad y, al mismo tiempo, incorporar el inmueble a la dinámica actual de la ciudad.

Una residencia de alta gama, un proyecto hotelero de escala reducida, una sede corporativa, un espacio para renta temporaria o una propuesta vinculada con el patrimonio son algunas de las alternativas que aparecen sobre la mesa.

Los detalles de la escalera muestran el trabajo artesanal en la herrería y la ornamentación que recorre cada nivel del inmueble (Foto: @pablofe70 IG)
Los detalles de la escalera muestran el trabajo artesanal en la herrería y la ornamentación que recorre cada nivel del inmueble (Foto: @pablofe70 IG)

La Casa Calise, la Casa de los Pavos Reales y otras obras de Colombo ya forman parte del mapa arquitectónico porteño. Esta propiedad de Tacuarí, mucho menos conocida, suma ahora una nueva oportunidad para recuperar la mirada sobre un arquitecto que dejó una huella singular en Buenos Aires.

La venta abre así una pregunta que va más allá del precio: qué nuevo uso puede encontrar una construcción centenaria sin perder aquello que la convierte en una pieza única.

El PH es luminoso y buena altura de piso a techo (Foto: @pablofe70 IG)
El PH es luminoso y buena altura de piso a techo (Foto: @pablofe70 IG)

Como resumió Langone, el verdadero desafío consiste en que estos edificios no queden convertidos en simples piezas de museo, sino que encuentren una función que les permita seguir formando parte de la ciudad. “La mejor manera de preservar el patrimonio es mantenerlo vivo”, concluyó.