Moscú amplía su vigilancia digital con cámaras, datos biométricos y aplicaciones estatales que facilitan pagos, traslados y trámites, mientras las autoridades disponen de nuevas herramientas para identificar a opositores y controlar a personas convocadas al servicio militar.
Según una nota de The New York Times, la capital rusa combina servicios automatizados con una red de vigilancia que alcanza cerca de 300.000 cámaras. El sistema permite pagar el transporte con el rostro, recibir compras a domicilio mediante robots y usar plataformas oficiales para trámites, aunque también vincula los datos personales con mecanismos policiales.
Moscú ha extendido una infraestructura digital que agiliza pagos, transporte y gestiones públicas mediante reconocimiento facial y bases biométricas. Ese mismo sistema permite a las autoridades localizar personas, seguir actividades de disidencia y aplicar restricciones a quienes reciben citaciones militares, en medio de la guerra de Rusia contra Ucrania.
Las cámaras y los datos biométricos
Las cámaras de circuito cerrado están conectadas con bases de datos biométricas y pueden identificar a personas en espacios públicos. La entrega de esos datos es voluntaria en Rusia, pero la población encuentra límites para acceder a todos los servicios digitales si decide no registrarlos.
En abril, un músico de rock ruso fue detenido en una terminal ferroviaria de San Petersburgo luego de que cámaras de vigilancia lo confundieran con una figura pública ucraniana buscada por el Estado. La policía verificó su rostro y tiró de su cabello para comprobar que no llevara una peluca antes de dejarlo en libertad.
La red también puede utilizarse contra críticos del Gobierno después de reuniones o manifestaciones, según el artículo. Para julio, unos 10 millones de rusos usaban aplicaciones impulsadas por datos biométricos, y el Kremlin busca ampliar su empleo en estaciones ferroviarias, aeropuertos, autobuses y tranvías.
El sistema moscovita se diferencia de las redes de vigilancia de otras ciudades europeas por su centralización y por el menor número de restricciones para utilizar biometría en la identificación de personas detectadas por las cámaras.
Citaciones militares y disputa dentro del Estado
La digitalización estatal también elevó las dificultades para eludir una convocatoria militar. Tras la salida de miles de rusos del país durante la movilización de 2022, las autoridades introdujeron citaciones electrónicas con la misma validez legal que las notificaciones en papel.
Vlad, fotógrafo de arte y moda de 28 años, recibió en marzo una citación para un examen médico obligatorio a través de la aplicación Servicios Estatales. La plataforma le notificó que no podía salir de Rusia hasta cumplir con la orden. El fotógrafo, cuyo apellido fue reservado por temor a represalias, afirmó: “Hay un control total”.
El joven dejó de utilizar el metro por miedo a las cámaras y sostuvo que la citación podría anticipar su envío a la guerra. “Das tantos datos que se puede rastrear cada uno de tus pasos”, dijo Vlad, según el periódico estadounidense.
La expansión tecnológica convive con tensiones entre organismos estatales. Un funcionario ruso vinculado al desarrollo de infraestructura digital dijo a The New York Times que el Ministerio de Desarrollo Digital choca con el Servicio Federal de Seguridad, conocido como FSB, que prioriza métodos de control tradicionales incluso si afectan servicios tecnológicos construidos durante años.
En marzo, los servicios de internet móvil fueron suspendidos durante más de dos semanas en buena parte del centro de Moscú, incluido el metro. La interrupción dejó sin funcionamiento temporal a varios de los servicios digitales de la ciudad y, según analistas citados en la nota, ocurrió tras un aumento de la preocupación estatal por la seguridad.
El presidente Vladimir Putin ha pedido desarrollar inteligencia artificial sin dependencia de Occidente. En abril, durante una reunión en el Kremlin, declaró: “La soberanía del Estado ruso” depende de su desempeño en inteligencia artificial, plataformas digitales y sistemas autónomos.
Las sanciones occidentales por la invasión de Ucrania restringieron el acceso ruso a chips avanzados, mientras parte del personal técnico abandonó el país desde 2022. Los dos principales modelos rusos de inteligencia artificial se basan o se inspiran en arquitecturas abiertas desarrolladas en China.

