Las enfermedades de la retina pueden alterar la visión central o periférica y avanzar sin dolor, por eso el fondo de ojo anual permite detectarlas temprano. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el fondo del ojo se encuentra la retina, una capa muy delgada y sensible a la luz que capta las imágenes y las transforma en impulsos eléctricos. El nervio óptico transporta esa información al cerebro, donde se produce la interpretación visual. Cuando este tejido se altera, pueden aparecer visión borrosa, manchas, deformación de las líneas rectas, pérdida de visión lateral o dificultad para ver en ambientes oscuros.

En el Día Mundial de la Retina, que se conmemora cada 27 de septiembre, especialistas remarcan la importancia de los controles oftalmológicos para identificar señales tempranas y evitar pérdidas visuales que, en algunos casos, resultan irreversibles.

Enfermedades de la retina: cuáles son y qué factores elevan el riesgo

Para explicar la función de la retina, la doctora Ana Laura Domínguez Yates, médica del Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Austral, recurre a una comparación que ayuda a comprender por qué un problema retiniano puede comprometer la visión aun cuando otras estructuras del ojo no presenten alteraciones. “Básicamente, funciona como si fuera el rollo de una cámara analógica de fotos”, grafica.

Las enfermedades de la retina abarcan diagnósticos muy diferentes entre sí. Algunas se relacionan con la edad; otras aparecen como consecuencia de enfermedades generales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las enfermedades de la retina abarcan diagnósticos muy diferentes entre sí. Algunas se relacionan con la edad; otras aparecen como consecuencia de enfermedades generales, entre ellas la diabetes y la hipertensión arterial. También existen cuadros hereditarios, traumatismos que lesionan el ojo y cambios propios del humor vítreo, el gel transparente que ocupa gran parte del globo ocular.

El tabaquismo, la obesidad, el mal control de la glucosa y de la presión arterial, los antecedentes familiares y las lesiones oculares elevan el riesgo de varios de estos trastornos. La prevención no elimina todos los peligros, sobre todo cuando existe una causa genética o se asocia al envejecimiento, pero los chequeos regulares permiten hallar alteraciones antes de que afecten de forma marcada la calidad de vida.

El área que concentra varias de las enfermedades que reducen la visión central

La degeneración macular asociada a la edad figura entre las patologías más frecuentes de la retina en adultos mayores. Afecta la mácula, una pequeña área central que permite leer, distinguir rasgos faciales, percibir colores y realizar tareas que exigen precisión. Suele aparecer después de los 60 años y puede presentarse en una forma seca o en una húmeda.

La degeneración macular asociada a la edad afecta la zona que permite leer y reconocer rostros, sus primeros signos suelen aparecer después de los 60 años. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En este trastorno se acumulan depósitos bajo la retina, conocidos como drusas, y surgen cambios en las capas que sostienen a las células visuales. Con el avance del daño, pueden aparecer zonas de atrofia o vasos sanguíneos anormales que sangran o pierden líquido. La visión central pierde nitidez y, en algunas personas, las palabras, los bordes de los objetos o las líneas de una cuadrícula comienzan a verse deformados.

Otra causa habitual de deterioro visual central es la retinopatía diabética. La diabetes puede afectar los vasos sanguíneos más pequeños de la retina y provocar pérdidas de líquido, hemorragias, falta de oxígeno en los tejidos o crecimiento de vasos anormales. Una de sus complicaciones es el edema macular diabético, que implica la acumulación de fluido en la mácula y altera la visión de detalle.

La hipertensión arterial también puede lesionar los vasos del fondo del ojo. Las alteraciones vinculadas con la presión elevada incluyen la retinopatía hipertensiva y algunas obstrucciones vasculares. En estos cuadros, el edema macular puede reducir la agudeza visual. “En estos casos, es importante un diagnóstico oportuno y un eventual tratamiento para aquellos casos que lo requieran, y así evitar complicaciones”, advierte Domínguez Yates.

Una ilustración médica detallada muestra un ojo humano transparente con la retina y conos de la fóvea, donde rutas de luz de colores vibrantes viajan hacia el nervio óptico, simbolizando la transmisión visual precisa. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los problemas de la mácula también incluyen la membrana epirretiniana, un tejido similar a una cicatriz que se forma sobre esa zona. Al contraerse, puede arrugar la superficie retiniana y generar metamorfopsias, el nombre médico para la percepción ondulada de líneas que deberían verse rectas. Una puerta, una persiana o el renglón de un texto pueden funcionar como una primera señal cotidiana de esa distorsión.

El agujero macular constituye otra enfermedad que compromete la parte central de la retina. Ocurre cuando las fuerzas de tracción del vítreo y de membranas superficiales abren un defecto en la mácula. Según estimaciones epidemiológicas internacionales aplicadas a la población argentina, la afección alcanzaría a más de 20.000 personas mayores de 60 años, una proporción cercana a 3 de cada 1.000 adultos de ese grupo etario.

La diabetes puede dañar los vasos pequeños de la retina y acumular líquido en la mácula, un control adecuado reduce el riesgo de pérdida visual. (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Imaginemos el ojo como si fuera una cámara de fotos. En la parte anterior están los lentes y, en la parte posterior, la retina funciona como la película fotográfica. La mácula es la zona central de esa película y se encarga de la visión de alta definición: leer, ver colores y reconocer las caras de las personas. El resto de la retina da la visión periférica y nocturna”, explica el doctor Mauricio Asulay, médico especialista en Oftalmología y codirector de la Sección Retina y Vítreo del Hospital Universitario Austral.

La enfermedad puede pasar inadvertida cuando el otro ojo conserva una buena capacidad visual. El cerebro compensa esa diferencia y la persona mantiene sus actividades sin identificar el problema. “Muchos pacientes no se dan cuenta de que tienen la patología hasta que, por algún motivo accidental, como al renovar el registro de conducir, o durante un examen médico para los anteojos, se tapan el ojo sano. El cerebro tiende a adaptarse y a compensar la visión con el ojo que ve bien. Por eso, una recomendación práctica y preventiva es taparse un ojo y luego el otro periódicamente para comprobar que vemos de manera pareja”, señala Asulay.

El desprendimiento de retina puede sentirse como una sombra o un telón que avanza en el campo visual, su tratamiento rápido puede preservar la visión

La pérdida de visión central y de la percepción de profundidad puede traducirse en tropiezos al bajar una escalera, dificultades para calcular distancias, inseguridad al conducir y obstáculos para leer.

La intervención más frecuente es la vitrectomía, una cirugía que retira el vítreo y las membranas que traccionan la retina. Luego, el especialista coloca gas dentro del ojo para favorecer el cierre del agujero. “Aunque no siempre se recupera el 100% de la visión previa, la cirugía permite una mejoría muy significativa en la mayoría de los pacientes y casi siempre vale la pena realizarla. El pronóstico dependerá principalmente de la antigüedad y del tamaño del agujero: cuanto antes se intervenga, mejores serán los resultados”, aclara el oftalmólogo.

Destellos, sombras y pérdida de visión nocturna requieren una consulta sin demora

El desprendimiento de retina representa una urgencia oftalmológica. Sucede cuando esa capa se separa de la pared posterior del ojo y deja de recibir el soporte necesario para funcionar. Puede aparecer después de un traumatismo, en personas con miopía elevada o tras cambios del vítreo que ejercen tracción sobre la retina periférica.

El agujero macular afecta la visión de detalle y puede dificultar la lectura o el reconocimiento de caras, la cirugía ofrece mejoría en muchos casos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una sombra que avanza como un telón, una neblina en parte del campo visual, destellos repentinos o un aumento abrupto de puntos móviles pueden anticipar un desgarro o un desprendimiento. Los llamados cuerpos flotantes suelen adoptar la forma de manchas, hilos o telarañas. Son frecuentes con el paso de los años, pero una modificación brusca exige evaluación inmediata.

“No todas las moscas volantes, o flotadores vítreos, son peligrosas: la mayoría aparecen con la edad por cambios normales en el vítreo. Pero cuando surgen por primera vez, o bien, aumentan de golpe, cambian de aspecto o se acompañan de destellos, hay que consultar en el momento. Puede marcar la diferencia entre resolver el problema con un láser en consultorio o necesitar una cirugía compleja”, subraya Domínguez Yates.

Más de 20 mil adultos mayores podrían padecer agujero macular en la Argentina, la detección temprana mejora las posibilidades de recuperación visual. (CGCOO)

Cuando el vítreo se separa de la retina puede provocar una ruptura retiniana, es decir, un desgarro u orificio. El láser permite sellar algunas lesiones antes de que evolucionen hacia un desprendimiento. En otros casos, el abordaje requiere cirugía. La rapidez de la consulta resulta decisiva, sobre todo si el desprendimiento amenaza o compromete la mácula.

La retinosis pigmentaria responde a otro mecanismo. Se trata de un conjunto de enfermedades hereditarias que dañan de manera gradual los fotorreceptores de la retina. Afecta a entre 1 de cada 4.000 y 1 de cada 7.000 personas y constituye la principal causa genética de pérdida visual en adultos jóvenes.

El deterioro suele comenzar en los bastones, células que permiten orientarse con poca luz y percibir los bordes del campo visual. “Los síntomas iniciales incluyen dificultad para ver de noche o con poca luz, y molestia o encandilamiento ante la luz brillante. Con la progresión de la enfermedad, se presenta una pérdida progresiva de la visión de los costados, generando una ‘visión en túnel’, dificultad para distinguir colores y, en etapas avanzadas, el compromiso de la visión central”, explica el doctor Aníbal Francone, subjefe del equipo de retina en Charles Centro Oftalmológico.

Un monitor de computadora muestra una imagen clínica de campo amplio de la retina del ojo derecho, que indica un desgarro retiniano y una zona de lesión. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio genético puede identificar la variante asociada a la enfermedad y orientar el asesoramiento familiar. Aunque la retinosis pigmentaria no cuenta con una cura de aplicación general, las investigaciones sobre terapia génica abren posibilidades para determinados subtipos. La detección temprana también facilita la rehabilitación visual y el seguimiento de complicaciones que pueden acompañar el cuadro.

La evaluación oftalmológica incluye el fondo de ojo con dilatación de pupilas. Las gotas amplían temporalmente la pupila y permiten examinar con mayor detalle la retina, los vasos sanguíneos, el nervio óptico y el vítreo.

La tomografía de coherencia óptica, la angiografía con fluoresceína y los estudios de campo visual aportan información sobre el grosor de las capas retinianas, el estado de los vasos y la visión periférica.

La retinosis pigmentaria es una enfermedad genética que suele comenzar con dificultades para ver de noche, luego puede reducir la visión periférica. (FREEPIK)

Las alternativas terapéuticas dependen de cada enfermedad y de su gravedad. Incluyen control de la diabetes y la presión arterial, tratamientos con láser, inyecciones dentro del ojo para reducir edema o frenar el crecimiento de vasos anormales, y procedimientos quirúrgicos.

“En diabéticos e hipertensos, el control metabólico siempre debe incluir fondo de ojo. Y en la población general, al menos una vez por año conviene hacerlo, aunque sea solo para descartar hallazgos”, recomienda Domínguez Yates.